
Mons. Enrique Díaz Díaz / CEM. 13 de marzo.- En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si Tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios»”.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si Tú eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: «Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna»”. Jesús le contestó: “También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios»”.
Sábado, 2 de junio
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