De todo “nos damos permiso” / Palabra del Pastor. El Semanario de Guadalajara. 3 de febrero.
Estimados lectores:
Nuestro Santo Padre Benedicto XVI, antes de ser elevado al solio pontificio, en la homilía de la Misa de apertura del Cónclave en el cual participaríamos los Cardenales Electores, abordó un tema que levantó revuelo en muchos ambientes; se refirió a lo que él llamo “la dictadura del relativismo”. A eso quiero dedicar este mensaje.
Hoy, ese relativismo está ampliamente difundido; más de lo que creemos. Consiste en que cada quien sostiene su propia verdad, de acuerdo a sus personales condiciones y conveniencias, sobre todo tratándose de cuestiones morales, de fe y religión, sin mayores implicaciones ni preocupaciones.
El relativismo, en realidad, es un disfraz del escepticismo; es un no creer en nada, puesto que no puede haber una amplia variedad de “verdades” en torno a una misma cosa, ya que la verdad, para ser tal, tiene que ser única, y eso de hablar de que puede asumirse desde distintos puntos de vista, desde apreciaciones diferentes, según el gusto de cada cual, es negar la verdad y, definitivamente, no creer en nada.
Desde luego, dada la dignidad del hombre y su libertad, cada quien puede escoger y decidir en creer o no creer; eso es un derecho inalienable y una consecuencia del libre albedrío que Dios nos ha concedido al crearnos.
Sin embargo, el futuro Papa, cuando mencionó en aquella homilía “la dictadura del relativismo”, aludía, sin duda, a aquéllos que, habiendo decidido no creer o creer en lo que les conviene, quieren forzar o usar su poder para obligar a que otros acepten su escepticismo o sus “verdades” relativas, y se irritan sobremanera si se topan con quienes confiesan su fe y defienden sus creencias, calificándolos con motes ofensivos, como anticuados, medievales, dogmáticos, cerrados de entendimiento, enemigos del progreso, entre otros, y no sólo arremeten contra las personas, sino incluso contra la propia religión cristiana que sostiene tales verdades, y dentro de ésta, contra la institución eclesiástica, porque es la que predica aquello que se debe de creer, así como los Mandamientos y leyes morales que se deben respetar.
Esas palabras que pronunciara el actual Papa hace más de cinco años, han servido muchas veces de guía a este servidor de ustedes, al tratar con personas que no creen y que, aparte, se molestan porque haya otras que sí lo hacen. Ante éstas, yo digo: Tú no crees; es tu decisión; pero, ¿por qué te molestas si yo creo, cuando tengo el mismo derecho y la misma libertad que tú tienes para no hacerlo?
El creer o no creer, lo reitero, es una decisión íntima de cada ser humano; es ahí, en lo profundo de su corazón, donde Dios se le manifiesta e invita a creer, pero él puede decir sí o no. Recordemos que San Agustín, que peregrinó por todas las teorías y creencias de su tiempo, hasta llegar a la fe, al final reconoció: “Señor, yo te buscaba afuera y Tú estabas dentro”, refiriéndose a que la presencia interna de Dios es la que conduce al hombre a creer, a la verdad única de la fe.
Para ser sincero, yo debo admitir que, en tiempos pasados, quizás la Iglesia, o más bien dicho, quienes la representaban, hombres al fin, sujetos a errores, quisieron en muchos casos imponer forzadamente a otros la fe cristiana; pero, actualmente, ésa ya no es la situación. El Papa Paulo VI, al escribir su primera Encíclica, que se llamó “La Iglesia de Cristo”, asentó claramente que la misión de la Iglesia es, en estos tiempos, proponer de manera amable la verdad sobre Cristo e invitar a los hombres de forma convincente, pero no a obligarlos, a creer; y esa doctrina ha sido seguida hasta el presente, en que no se molesta ni se ataca a los que prefieren seguir la moda del relativismo, a los escépticos que niegan la fe, a los que afirman que no creen en nada, ni a los que se muestran intransigentes, airados o pretendan someter a su relativismo a quienes sí profesan su fe, defienden sus creencias y su acatamiento a las leyes morales.
La fe, en definitiva, es un regalo y un don de Dios. Acaso algunos que dicen no creer en nada quisieran en realidad creer y tener fe. Pues un consejo les doy: Pidan esa gracia de la fe, que el Señor seguramente se la concederá.
Que Dios los bendiga.
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CONT 3
Y con ello concluyo. En el Evangelio de Jesús, percibimos, los católicos, que las palabras y acciones de El, son Verdad, en todos los tiempos y si le seguimos en la cotidianidad de nuestras respectivas vidas, descubriremos en lo íntimo, que lo que allí se ha escrito , no son unicamente reflejo de palabras, profundas y sabias, que brotan naturalmente de su corazón, sino son Acciones, fruto del amor en su proceder y contacto, con los hombres del mundo...
Carmina
CONT 2
Asi, con ello creo, que si aqui en este foro, nos hablaran los líderes espirituales de las diversas religiones o creencias y nos hablaran, de lo que para ellos o ellas significa la verdad, de seguro con sorpresaa, nos encontrariamos que desde sus diversos enfoques, todos ellos llegarían a lo mismo,
Pudiendo concluir entonces que la Verdad es una sola, en el sentido, que no puede ser verdad, o bondad o gentileza, lo que es a medias, o es o no. tampoco la verdad, puede ser manipulada ideológicamente, ni puede ser injusta...
¡SOLO, ESTO PENSABA, GUILLERMO!
Carmina.
Guillermo, percibo que el post, del semanario de Guadalajara, lo ha escrito un Cardenal, por lo que expresa en las primeras líneas, por lo tanto, intuyo, el debe tener muchos años de formación teologal y pastoral , en su haber, sin embargo, yo puedo expresarme desde el sentido común y valga la redundanc de una mujer común.
Pienso, sin embargo, que los seres humanos, tenemos la posibilidad, según nuestra formación personal, de tener enfoques diversos, de las cosas que percibimos o de lo que creemos o no, sin embargo coincido que cuando se habla de la "VERDAD" considero, que es única, lo que tenemos que hacer en todo caso, es sencillamente descubrirla.
Para darme a entender, te diré, lo que pienso, la verdad Guillermo, existe en el interior de las personas, ya que es Dios mismo quien habita, y así como la bondad, la gentileza, la compasión, la comprensión, el servicio, el desinterés o el espíritu de sacrificio, frutos preciosos del amor.
Sábado, 2 de junio
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