
Guillermo Gazanini Espinoza / 20 de diciembre.- Juan Sandoval Íñiguez, cardenal arzobispo de Guadalajara, ha sido uno de los protagonistas fundamentales del 2010. Al momento, se encuentra en líos judiciales gracias a la patética reacción del gobierno de Marcelo Ebrard quien reclama del prelado una disculpa pública o bien ser sentenciado por los tribunales civiles que se encuentran dilucidando, primeramente, la cuestión de la jurisdicción y luego la del daño moral que reclama el jefe de gobierno del Distrito Federal por supuestos sobornos a ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para favorecer la legalidad de las uniones entre personas del mismo sexo.
Y Juan Sandoval da para más. No pudo ser más certero... El 19 de noviembre, la arquidiócesis que preside presentó una carta Pastoral que se convierte en el colofón para un año horrible, a pesar de las promesas de nuestros gobernantes de que este 2010 sería mejor, en ocasión de las magnas festividades del Centenario y del Bicentenario para algunos huecas y sin impacto histórico y sí carísimas y opacas en el destino de los recursos.
La Pastoral, difundida en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano el 17 de diciembre, realiza un análisis que arroja un diagnóstico que, por lo menos, todos sabemos pero no nos atrevemos a reconocerlo y, mucho menos, afrontarlo. Si los laicistas leen esta carta del cardenal Sandoval, seguro que lanzarán contra él la diatriba de siempre: está violentando la Constitución hablando de política... sin embargo, el arzobispo de Guadalajara denuncia la verdad incómoda que a todos nos afecta: que México vive en una democracia incipiente e imperfecta secuestrada por los partidos políticos que son un negocio formidable en este país.
Que México es una República donde se practica la corrupción generalizada, la mentira, el engaño, el robo y la desviación de las instituciones hacia otros fines que no son los propios.
Que en México el narcotráfico está favorecido a veces por personas en el gobierno y que la violencia y el crimen organizado han provocado la parálisis de la economía nacional; que este país vive empobrecido por la concentración de la riqueza en unas manos y por el capitalismo salvaje, inmoral y obsceno que se olvida de la responsabilidad social.
Que en México existe una sociedad sumida en el sinsentido, el desprecio de los valores y de la familia por el impulso y promoción del amor libre, el divorcio, el antinatalismo, el aborto y los mal llamados matrimonios de personas del mismo sexo y el derecho de adopción, todo ello gracias a la política populista de las ideologías de izquierda representadas en el Partido de la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia.
Que en México hay un avance del secularismo al que se le puede definir como un ateísmo práctico donde se vive como si Dios no existiera, mirando sólo a la tierra y al presente sin la visión trascendente de un Ser Supremo y de la vida futura promoviendo una "religión" de Estado en la ideología del laicismo beligerante que quiere eliminar cualquier manifestación social de las religiones presentes en el país.
Que en México los medios de comunicación social están planteados como negocios y por lo general no informan debidamente al pueblo ni contribuyen a elevar su educación, siendo peones del poder político en turno o futuro, explotando los bienes que son de la nación generando a los dueños ganancias exorbitantes…
Todo parecería dirigirse hacia los que gobiernan; sin embargo, la sinceridad del cardenal Sandoval va a los errores de la Iglesia. De esta forma, el purpurado advierte que “en el ámbito religioso se echa de menos una evangelización nueva en su ardor, métodos y expresiones, a veces se hace énfasis en el ritualismo sin el conveniente itinerario de formación en la fe. Personas y grupos de creyentes que se olvidan de la dimensión social de la fe, una espiritualidad individualista; una mentalidad relativista en lo ético que hace caso omiso de la moral cristiana en el actuar en medio de la sociedad. Con relación a la inseguridad y violencia, se reconoce con tristeza que entre los involucrados en el crimen organizado hay mujeres y hombres bautizados, que con sus acciones contradicen su ser de cristianos y se alejan de Dios y de la Iglesia“.
Y, con el fin de mejorar la situación de este país, el arzobispo apela al testimonio de los cristianos advirtiendo que “en cada católico ha de haber un convencido, por su fe y por su sentido de humanidad, de que las cosas pueden y deben cambiar, que el creyente y toda persona de buena voluntad, debe hacer todo lo que está de su parte para no propiciar ni tolerar el crimen, la impunidad y la corrupción. Cada vez que con sus dichos y con sus actos diga "no" a estas formas de esclavitud, estará colaborando a erradicar los presentes males de México“.
Comments are closed for this post.
El lenguaje de Monseñor Sandoval no es que pueda "parecer groser", sino que, de hecho ES GROSERO.
Guillermo, si este comentario se publicará en un medio masivo de circulación nacional me imagino, los comentarios que se llevaría; porque nada duele tanto al mexicano como la autocrítica. Sin embargo el cardenal Sandoval ha puesto el dedo en la llaga, dentro de su lenguaje "ranchero" franco, populachero y llano-, que a veces puede parecer grosero. Para aplicar un tratamiento primero hay que hacer un diagnóstico, y reconocer el mal que nos aqueja por muy doloroso que ello sea. Por lo que hace a la comunidad homosexual, que no padece ningún tipo de descriminación, hay que decir que esta siendo utilizada como ariete contra la Iglesia Católica por los partidos políticos que mencionas.
Jorge, desde México, D.F.
No voy aquí a opinar de la situación de México, de la cual me siento ajeno (aunque sé de la situación de corrupción política establecida y del alarmento aumento de la inseguridad ciudadana). Tampoco voy a hablar de las opiniones de Monseñor Sandoval respecto a la situación de la Iglesia y de la sociedad de México. Y aunque soy católico homosexual, tampoco voy a criticar la opinión del prelado sobre la homosexualidad y el matrimonio entre personas del mismo sexo (que no es sino la opinión del Magisterio de la Iglesia). Lo que censuro de monseñor es la manera tan repugnante, brutal y antievangélica de hablar de nosotros. Dijo (a propósito de la adopción de niños por parejas homosexuales): "¿Les gustaría que les adoptasen un par de maricones o unas lesbianas?". Jesús nunca hablaría así a nadie. El tono en que lo dijo y en el contexto en el que lo dijo denotan su absoluto desprecio y falta de caridad hacia nosotros. Sus palabras no vienen de Cristo. Proceden de un corazón lleno de odio.
Sábado, 2 de junio
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona