Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

¿Virgen, sicarios y santa muerte? Respuesta del Consejo de Analistas Católicos a Roberto Blancarte

15.12.10 | 21:45. Archivado en Consejo Analistas Católicos, Análisis y Opinión
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Consejo de Analistas Católicos de México / 15 de diciembre.

Señor Roberto Blancarte Pimentel,

Sobre su última opinion en publicada en Milenio Diario, el 14 de diciembre, el Consejo de Analistas Católicos de México, presenta las siguientes consideraciones a fin de abundar en este debate necesario, sobre un tema delicado que nos concierne a todos en este país.

Virgen, sicarios y santa muerte parecerían términos análogos que implican devociones practicadas por creyentes, santos y pecadores. Ab intra ecclesiae, como bien sabe, existe una gama de devociones y prácticas de la piedad popular que son comunes en las comunidades católicas de México. Desafortunadamente, la devoción popular se ha confundido en supersticiones que no forman parte del patrimonio católico.

En su opinion, narcos, sicarios y esoterismo parecerían asociados al catolicismo; sin embargo, en esencia, están en contradicción con los principios del Evangelio que salvaguarda la Iglesia católica. No pasa desapercibido que muchos son creyentes y se inclinan, idolátricamente, ante san Judas, la Divina Providencia, Malverde o la mal llamada santa muerte y no queremos hacer creer que las convicciones católicas de “muchos criminales y narcotraficantes son falsas”, sencillamente los criminales viven alejados de la fe que deberían profesar, rompiendo con el cuerpo y la comunidad eclesial. La publicación del Consejo de Analistas Católicos de México, el cual de manera errónea afirma que está bajo el amparo de la Arquidiócesis Primada de México, analiza el grado de violencia extrema, bárbara y cruel, que caracteriza a los profesionales del sufrimiento que, si bien “manifiestan creencias católicas”, no viven conforme a la verdad que lleva a la salvación.

No debe desestimarse que los preceptos evangélicos tienen por fundamento el respeto a la vida y el mandamiento de “No matarás”. Ser católico, de manera nominal, no garantiza la comunión plena aun cuando no haya decreto de las autoridades eclesiásticas. Toda forma de pecado social y de homicidio claman ante los ojos de Dios porque se ha tomado, ilícitamente, la vida del prójimo.

Por otro lado, usted quiere hacer parecer a los católicos como una masa informe que sigue rituales y que el sicario sale de “lo estándar” cuando practica supersticiones que justifiquen los actos de barbarie. No son ovejitas descarriadas, han entrado en pleno enfrentamiento contra Dios, el Evangelio, los mandamientos y la sociedad civil organizada vulnerando el mandato esencial del cristianismo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El papa Benedicto XVI lo afirma en la reciente publicación “Luz del Mundo” que ha causado polémica: hay católicos que están dentro y han pecado, que han manchado la cara de la Iglesia. Y los sicarios, aún bautizados, viven en una “religion” nominal que apunta a una segunda que está en pecado con la fe: la de la idolatría y el homicidio. Esto, señor Blancarte, es una evidencia que no necesita demostración y olvídese que los sicarios y profesionales del sufrimiento sean “herejes, cismáticos o sectarios”, quizá ni conozcan cuál es el significado de los términos como parece que usted tampoco lo sabe.

Tampoco coincidimos con la siguiente aseveración: “Son católicos a su manera. Como lo son muchos de los que llegan a darle mañanitas a la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre o a otros tantos lugares donde la tradición en la creencia del milagro se reproduce”, esto, sin lugar a dudas, es muy grave. La consecuencia de llevar un catolicismo a gusto deriva, irremediablemente, al relativismo que da origen al culto sentimentalista, acomodaticio, idolátrico, ficticio e irracional que nada tiene que ver con la fe de 5.5 millones de personas que, independientemente de sus motivos, se inclinan ante la Virgen de Guadalupe. Su dicho, temerario y sofista, equipara la fe en Dios con rituales y prácticas de sicarios y narcos que, como describe la nota del diario La Jornada “Ritos, cofraternidades y barbarie, constante del crimen en AL” del 14 de diciembre, se practican con salvajismo y crueldad que impacta a propios y extraños: "Los sicarios son cada vez más jóvenes y despiadados, y actúan muchas veces respondiendo a rituales como la decapitación o desmembración de sus víctimas relacionados con cultos esotéricos", resume Facundo Rosas, comisionado de policía de México". Es claro que esto no es la práctica del catolicismo, y como señalan los obispos mexicanos, “Con la malicia se ve al otro con desconfianza, porque presume que el mal es quien lo gobierna. Surge también una imagen distorsionada de sí mismo; el malicioso ya no se ve como «persona», es decir, como identidad en comu¬nidad, sino que se ve como «ego», como un individuo aislado y en perma¬nente oposición a su entorno, al que considera amenazante y del que debe defenderse. El otro ya no es «hermano», parte imprescindible de mi propio ser, sino un competidor y enemigo. De hecho, la violencia crece cuando ol¬vidamos que somos responsables de nuestros hermanos (Cf. Gn 4,1-16). (No. 123. CEM. “Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Eterna”)

La idolatría y las prácticas esotéricas que son motivo de esta réplica y que expone la publicación del Consejo de Analistas Católicos, cuyo autor es Carlos Montiel González, no forman parte del patrimonio católico. Esto sería una contradicción. No todo el que diga “Señor, Señor” herederá el Reino de los Cielos. Coincidimos en un punto con usted, señor Blancarte: Si no se señala cuál es esta falsa adhesión a la fe católica vamos por el camino peligroso de la destrucción de la sociedad civil y de la persona humana en sí misma. Es falso que la jerarquía católica no se haya pronunciado al respecto y, señor Blancarte, no todo debe examinarse bajo libelos de excomunión, entredichos y reservas. Suponemos que, al ser analista de la realidad religiosa nacional, conoce de sobra el magisterio de los obispos mexicanos, particularmente sobre la violencia que azota al país. Basta leer el documento de la CEM “Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Eterna” que hace denuncia del flagelo del narcotráfico: “Hacemos un llamado vehemente a quienes producen la droga y la transportan, a los que se prestan al comercio del narcomenudeo, a los que la consumen, a los sicarios y a todos los implicados en este nefasto negocio: ¡arrepiéntanse y cambien de vida!. Busquen la vida y no la muer¬te. Dios está siempre dispuesto a perdonarles; sólo les pide que reconozcan sus errores; que se arrepientan de ellos y no lo ofendan más agraviando a sus hijos; que reparen los daños y se retiren de esta actividad de muerte. (No. 256)”.

No pretendemos, ni deseamos, ni buscamos ser la moderna inquisición o sustituir a la “Congregación para la Doctrina de la Fe y señalar a los que se salen del camino como herejes o disidentes religiosos”; es la urgencia social que nos compele a analizar, desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, que la fe de los sicarios no tiene nada en común con el anuncio de la Buena Noticia. No se trata de poner el sambenito ni colgar el delito por el que se condena; no estamos ante errores teológicos ni de disidencias religiosas, nos encontramos ante la deshumanización de “los sicarios (que) trasgreden el orden social y moral, debido a que son personas faltas de sentimientos de compasión, hombres sin Dios, aunque algunos creyentes de Él. Apoyados del poderío económico, político y militar de sus jefes (los capos), destruyen al contrario sin mirar el perjuicio que ocasionan a la célula familiar y al componente social. Motivados por el pecado y el imaginario personal, buscan el poder absoluto y la libertad incontrolable, desafiando de esta forma a Dios al intentar forzar su límite como criatura para ¡ser como dioses!” (La Fe de los sicarios. p.5)

Coincidimos en su afirmación sobre la complejidad de las creencias; sin embargo, y por esa misma complejidad de la que se vale, no podemos justificar la supuesta fe católica de los que atentan contra la vida y el orden social; la Iglesia no niega que el pecado existe en Ella a causa de sus fieles e hijos; nuestro análisis, que no está subsidiado ni patrocinado por la jerarquía, tampoco justifica la “limpieza” renegando de los “seguidores” que usted dice. En muchas cosas, la Iglesia ha fallado y lo ha reconocido a través del examen de conciencia y que no pretendemos agotar en estas líneas. Pero es más justo decir que, como sociedad, debemos “encontrar lo que hemos hecho mal o no hemos sabido hacer”, que hemos de reconocer que la corrupción, la violencia contra las mujeres, la envidia, los crímenes contra la vida, la mentira, la devastación y robo de los bienes que son comunes o la aniquilación y cancelación del futuro de los jóvenes son pecados que se elevan a Dios y que claman por la justicia. No es la culpa de la Iglesia. Desde mucho tiempo atrás, todos, hemos dejado lo que nos corresponde hacer y, como afirmó el papa Benedicto XVI: en México “Sigue siendo motivo de gran preocupación que en algunos ambientes, por el afán de poder, se hayan deteriorado las sanas formas de convivencia y la gestión de la cosa pública, y se hayan incrementado además los fenómenos de la corrupción, impunidad, infiltración del narcotráfico y del crimen organizado. Todo esto lleva a diversas formas de violencia, indiferencia y desprecio del valor inviolable de la vida“. (Discurso a los obispos mexicanos en visita Ad limina. Jueves 15 de septiembre de 2005)

Y, finalmente, recomendamos que lea usted la publicación entera del Consejo de Analistas Católicos, organización de la sociedad civil, que se basó en investigaciones periodísticas de diversos medios.

POR EL CONSEJO DE ANALISTAS CATÓLICOS DE MÉXICO

Carlos Montiel González, Presidente.
Guillermo Gazanini Espinoza, Secretario.
Alberto Patiño Reyes, responsable de la comisión Relación Iglesia-Estado


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