¿Iglesia entrometida? Mons. Felipe Arizmendi Esquivel / 8 de diciembre
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Cuando los obispos emitimos un juicio pastoral en torno a leyes sobre aborto, familia, uniones homosexuales, eutanasia, alquiler de vientres, elecciones, educación, etc., es frecuente escuchar, sobre todo a políticos y articulistas, que nos entrometemos en lo que no nos toca. Nos achacan que queremos gobernar al país e imponer una moral y una religión a todos los ciudadanos; dicen que anhelamos volver a siglos pasados.
Al cardenal Juan Sandoval y al sacerdote Hugo Valdemar se les intenta enjuiciar penal o administrativamente, más allá de si el cardenal calumnió al Jefe de Gobierno del Distrito Federal y a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia (más bien de Legalidad, o de Constitucionalidad), o si ambos se sobrepasaron en sus juicios sobre el Partido de la Revolución Democrática, lo cual hay que analizar desapasionada y legalmente, lo que más interesa a quienes los enjuician es “pararle el alto” a la Iglesia para que no se meta en lo que ellos consideran asuntos que no nos competen, sino que les dejemos las manos libres para que legislen y procedan sin nuestra interferencia. En el fondo, el problema es que las leyes actuales del país no reconocen a los ministros de culto la libertad religiosa a que tenemos derecho para opinar sobre asuntos que tienen que ver con la moral y la fe. Nos han puesto candados legales, y quisieran reforzarlos aún más. ¿Esa es la democracia que alardean partidos y legisladores, limitando nuestra libertad? ¿Por qué ese temor a la Iglesia?
JUZGAR
El Papa Benedicto XVI, al recibir al nuevo Embajador de El Salvador ante la Santa Sede, reiteró lo que siempre ha dicho sobre la tarea y misión de la Iglesia, y que vale para cualquier otro país: “La Iglesia, desde su competencia específica, con independencia y libertad, trata de servir a la promoción del bien común en todas sus dimensiones y al fomento de aquellas condiciones que consientan en los hombres y mujeres el desarrollo integral de sus personas, impregnando para ello el contexto social con la luz que dimana de su vocación renovadora en medio del mundo. Evangelizando y dando testimonio de amor a Dios y a todo hombre sin excepción alguna, se convierte en elemento eficaz para la erradicación de la pobreza y en acicate vigoroso para luchar contra la violencia, la impunidad y el narcotráfico, que tantos estragos están causando, sobre todo entre los jóvenes. Al contribuir en la medida de sus posibilidades al cuidado de los enfermos y ancianos, o a la reconstrucción de las regiones devastadas por las catástrofes naturales, quiere seguir el ejemplo de su divino Fundador, que no le permite permanecer ajena a las aspiraciones y dinamismos del ser humano, ni mirar con indiferencia cuando se debilitan exigencias tan primordiales como la equitativa distribución de la riqueza, la honradez en el desempeño de las funciones públicas o la independencia de los tribunales de justicia. Tampoco deja de sentirse interpelada la comunidad eclesial cuando a muchos falta una vivienda digna o no tienen un empleo que les procure su realización personal y el mantenimiento de sus familias, viéndose obligados a emigrar fuera de la patria”(18-X-2010).
Explícitamente defendió “la labor materna de la Iglesia en su afán constante de defender la inviolable dignidad de la vida humana desde su concepción a su ocaso natural, el valor de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y el derecho de los padres a educar a su prole según sus propias convicciones morales y espirituales”.
ACTUAR
Dejemos ya tantas desconfianzas y descalificaciones. No es nuestra vocación el poder político o económico. No pretendemos imponer nuestra religión a todos los ciudadanos. Sólo anhelamos un reconocimiento legal a la libertad religiosa para todos, para todas las religiones, que no se reduzca a la libertad de culto y de creencias, que sí reconoce nuestra legislación. No teman reconocer nuestro derecho a la libertad de expresión, cuando están en juego principios éticos y criterios morales que lesionan las creencias de la mayoría cristiana y católica, o los derechos de minorías.
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Muchas gracias por tus valiosos comentarios Carmina!
cont 4
Gracias, me llamo Carmina Hernández Garcia.
CONT 3
Pienso Monseñor Arizmendi, que el "respeto" nace respetando, unas declaraciones del Cardenal Sandoval Iñiguez, en el Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara, me cuesta creer que en , un hombre de la investidura de un Cardenal puediese haberlas expresado, en las cuales dice lo siguiente,
" EL FEMINISMO Y LA HOMOSEXUALIDAD SON ABERRACIONES SOCIALES QUE NECESITAN ERRADICARSE"
Creo, que si ese es el "temor" al cual usted aludía, que es proyectado desde, la "iglesia" mexicana, yo creo sencillamente, que si habrá , muchos y muchas que teman, otros que confundidos y confundidas se inquieten, y otros que quizas como yo misma , nos ¡PREOCUPEN ! en demasia.
Por último, como mujer, aprecio, mucho, que existan varones y mujeres del mundo,que habiendo "crecido" juntos, nuestras consciencias se complementen, a favor de la búsqueda del bien común, de nuestras sociedades en las cuales coexistimos..
Gr...
cont 2
Me ha impactado sobremanera, lo que se dice desde la iglesia oficial, y especialmente desde la "iglesia" de nuestro pais México.Reconozco, que en este caminar y ser iglesia en conjunto, cada uno ha sido formado, de forma diversa, cierto somos muchos, yo creo Monseñor Arizmendi, que "juntos" estamos. como sociedad y si somos católicos y creyentes, tambien juntos como iglesia.
Debo decirle, francamente, que en los momentos criticos que vivimos en México, esperaria tanto de la iglesia oficial como de los grupos políticos y sus representantes, mas expresiones sensatas y serenas, que lleven a un buen nivel, inclusive en los disentires y oposiciones de ideas.
Pero no, nada de esto vemos, lamentablemente, aunque reconozco que habrá mujeres y varones virtuosos y sabios, que reconduzcan, con mejores formas, el dialogo roto, por lo menos
Sr. Moseñor Arizmendi, he leido con sumo cuidado su articulo, le diré que solo soy una mujer, entre muchas otras que considero, formamos parte de la iglesia, que siempre pienso, acorde viva sustentada en los Evangelios de Jesús, no soy "articulista" de ningun periodico o revista, pero considero, al igual que usted lo declara, me gusta opinar en "libertad", soy mexicana tambien y como tal, intuyo, es bueno dialogar, aunque sea por este medio, con mujeres o varones que escriben y especialmente, me ha atrae, lo que sucede en la "iglesia" de nuestro pais México.
No soy especialista en asuntos eclesiales , de los asuntos politicos, ahora mas que nunca, tengo mis reservas ya ve usted que por "interés" político- económico o social, se compran o se venden "almas", una vez que en esa maraña del poder se involucran y despues sucede entre la satisfacción de intereses, esto muy común "de tí, ni me acuerdo" y los que reciben "favores" creo que, olvidan quien se los di...
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