Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Bicentenario, laicismo y libertad religiosa

14.10.10 | 06:29. Archivado en Iglesia católica en México
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Pbro. Dr. Alberto Anguiano García.- En este mes patrio de septiembre llegan a su culmen los festejos por los doscientos años de la Independencia de México. Entre los eventos organizados por este motivo hay que contar al foro "Laicidad y democracia", llevado a cabo el pasado 18 de febrero. Dicho foro fue convocado por la Comisión Especial del Senado para los dos centenarios. Según la Secretaria de esta Comisión, Patricia Galeana, la conmemoración festiva de dos siglos de independencia no podía dejar al margen el aniversario ciento cincuenta de la Reforma liberal, pues tal reforma habría conducido al país hacia una segunda Independencia.

Por ello, para la Secretaria de la Comisión, la Reforma liberal habría sido, como decía el presidente Juárez, el momento en el que el pueblo mexicano se liberó del triple yugo de la intervención extranjera, de la Iglesia y de las clases privilegiadas. Gracias a esta liberación, México habría podido definirse, entonces, como un estado nacional, republicano, federal y laico. En efecto, esta laicidad conquistada por la reforma habría quedado incluida en los artículos 3ero, 24 y 130 de la Constitución vigente; sin embargo, el proceso reformista de orientación laicista parece prolongarse hasta nuestros días, pues en el mismo mes de febrero, los diputados mexicanos, mediante un agilísimo proceso legislativo que contrasta con la habitual lentitud de la Cámara, lograron aprobar también, casi por unanimidad, la reforma del artículo 40. Dicha reforma propone que este artículo se exprese en los siguientes términos: "Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal […]".

Aunque este nuevo intento de reforma resulte increíble, cabe la advertencia de que el Congreso de la Unión y el Senado de la República no son el escenario de una pieza teatral que retrata un episodio épico de nuestra historia patria. El reclamo de laicidad no se exhibe ahora como una fósil pieza de museo. Para quienes sostienen esta batalla liberal, no se trata de una quijotesca lucha contra un conservadurismo figurado en molinos de viento. No, efectivamente, la cosa es seria y, por ello, grave; al grado de que, por ejemplo, en pleno siglo XXI, el priísta Rodolfo Echeverría encabeza un "Frente ciudadano" en defensa del estado Laico.

El meollo de este pleito radica simplemente en el modo de entender el significado de la laicidad. Así entonces, según algunos, el oportunismo clerical defiende y hasta promueve un "laicismo positivo" que no sólo supone un estado no confesional, sino que, para conveniencia de la jerarquía, exige además, la libertad religiosa. Por eso, para Juventino Castro, presidente de la Comisión de Puntos constitucionales de la Cámara de diputados, más allá de la susodicha laicidad positiva, el auténtico laicismo consistiría en "la capacidad de actuar con independencia de cualquier criterio religioso o filosófico". En este mismo sentido, Patricia Galeana ha sostenido que la laicidad pretendida por la modificación del artículo 40 quedará incompleta si no la reforma de aquellos artículos (4 y 24) que deben tutelar efectivamente los derechos sexuales y reproductivos. Por ello, muchos políticos defienden una laicidad que garantice la autonomía de las discusiones jurídicas en estos rubros, poniendo freno al intervencionismo de las autoridades religiosas. En una perspectiva diversa se colocan quienes consideran que un "laicismo negativo" no es otra cosa que un visceral anticatolicismo que sólo busca restringir la libre expresión del derecho religioso.

Desde luego, no puede negarse que la separación entre la Iglesia y el estado es una efectiva vacuna contra el fundamentalismo de las sociedades teocráticas. No obstante ello, cabe aclarar que la marginación de una opinión moral, bajo el mero prejuicio de que ella se funda en el acto privado y subjetivo de la fe, contradice, de hecho, el principio de una sana democracia. El silenciamiento de un criterio de conducta resulta una posición tan intolerante como la del más rancio integrismo religioso.

El argumento que considera toda creencia como producto del sentimiento irracional tiene su base en el anacrónico supuesto de esa filosofía kantiana que, a su vez, nutrió un positivismo ya superado en nuestro tiempo. En un diccionario del siglo XXI, la religión y la creencia se definen como expresión de una razón que busca responder a la pregunta por el sentido de la existencia. Para quien no entiende la historia como la narración del pasado, sino como la gestión presente del futuro, la cuestión del comportamiento humano no es algo que tiene que ver puramente con el consenso de las mayorías, sino sobretodo, con el sistema de creencias por el que un grupo humano define su identidad y, por tanto, su modo de actuar. Por tanto, quede claro que, al menos en la tradición judeocristiana, el criterio moral no está fundado en un absurdo dogmatismo. Para estas dos religiones, la divinidad no legisla de acuerdo al arbitrio de un poder caprichoso, sino conforme a la autoridad de esa razón por la que la creatura humana no sólo se distancia de la bestia, sino que se asemeja a Dios. Por ello, la fe no contradice la razón, más aún, creer es el acto más divino de la razón.

En síntesis, atrincherarse en las percepciones radicales de la laicidad no servirá de mucho para que la sociedad mexicana transite hacia el siglo XXI. Cambiar la página y darle la vuelta al capítulo de la guerra entre conservadores y liberales, exige darle la vuelta a la época de una democracia electorera.

La auténtica democracia no puede entenderse como el linchamiento político desatado por el voto de una mayoría para la que solo importa la fuerza bruta de mandar. La transformación democrática del país tiene que pasar por el camino de un consenso determinado no por la fuerza de los números, sino por la fuerza de los argumentos. En la verdadera democracia, el acuerdo no resulta de la sola cantidad de votos, sino de la calidad de un voto social y responsablemente razonado. La fe cristiana busca hacer más fuerte el grito de una auténtica independencia; es el grito y el reclamo por una libertad fundada en la verdad, pues sólo "la verdad nos hará libres" (cf. Jn.8,32).


Comments are closed for this post.

Comments

No Comments for this post yet...

    Sábado, 2 de junio

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Mayo 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031   

    Sindicación