¿Cuál Estado laico? / SIAME. 04 de octubre.- La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en el artículo 130 el principio de la separación histórica del Estado y las Iglesias. Se refiere, sin duda, a la autonomía de las estructuras e instituciones políticas con respecto a las instituciones religiosas, pero, al mismo tiempo, al respeto que debe tener el Estado a la autonomía de las instituciones religiosas en lo que les corresponde.
Este mismo Estado es el que garantiza, en el artículo 1 de la Constitución, que no se haga ninguna discriminación por motivos religiosos ni de opiniones, entre muchos otros elementos. Señala también, en su artículo 24, una amplia libertad de creencias y de práctica religiosa, sólo limitadas -como lo establece el artículo 130- a que un ministro de culto no haga proselitismo político, ni como tal sea candidato a puesto de gobierno, ni se oponga a las leyes de la República.
Hasta aquí los señalamientos constitucionales que siempre estarán por encima de leyes y reglamentos de cualquier tipo.
Por ello, el Verdadero Estado laico es el que respeta y garantiza las expresiones religiosas, no el que desconoce o persigue a quienes se guían por ellas.
En ningún momento se indica que los ministros religiosos o quienes siguen una determinada creencia estén impedidos a expresar sus convicciones o a vivir de acuerdo a ellas. Ningún ciudadano mexicano está impedido a hablar con libertad y a expresar sus puntos de vista sobre las cuestiones que atañen a todos, mientras no se cometa un delito con ello.
¿Será un delito defender el valor de la vida humana desde su concepción hasta la muerte? ¿Será un hecho negativo expresar las propias convicciones sobre la vida matrimonial, como la alianza del hombre y la mujer en orden a la mutua realización y la formación de una familia? ¿Desde cuándo resulta ser un contrasentido señalar que la familia es la célula de la sociedad y el mejor espacio para el desarrollo de la vida y la dignidad de cada persona?
Hay gente que opina en los medios de comunicación sobre el papel de la Iglesia y la participación de los ministros de culto en la sociedad; muchos otros editorialistas que, valiéndose de la libertad de opinión, no sólo se expresan de manera contraria a los principios religiosos, sino que llegan hasta el insulto de personas e instituciones. Todo esto es parte de la libertad de expresión que debemos entender aún en sus excesos. Pero es muy grave cuando un servidor público, sea quien sea, no sabe distinguir el sentido de la separación Iglesia-Estado, y cree que los ciudadanos no tienen derecho de expresar sus puntos de vista, aún cuando éstos sean motivados por sus convicciones religiosas.
Se equivocan totalmente quienes piensan que un ministro de culto no puede hablar abiertamente de los asuntos públicos o que los ciudadanos en general no pueden defender sus principios religiosos en orden a conformar una sociedad. El pluralismo respetuoso de una sociedad nos debe permitir a todos expresarnos y participar en lo que es propio para construir juntos nuestra realidad social y nacional, en el debate de ideas y en el respeto a las instituciones.
La autoridad civil y política está puesta para garantizar estos derechos, y no para oponerse a ellos. Las autoridades que piensan defender al Estado “laico” negando, con una visión jacobina, la libertad religiosa y amenazando, intimidando y reprimiendo a quienes quieren vivirla plenamente, asumen un papel totalmente equivocado. Más aún, en una república basada en el equilibrio de poderes, la sociedad espera que en el desequilibrio causado por un poder, sea el Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial, los otros poderes auxilien a los ciudadanos en el reconocimiento de sus libertades y derechos contra la intransigencia o arbitrariedad del otro.
En México, el Estado laico hoy en día es una realidad consolidada, y por lo tanto no necesita de pseudo defensores que sólo abanderan de manera demagógica la protección del principio de laicidad -pues representa para ellos una plataforma político-electoral- sin percatarse de que al proclamar la vulnerabilidad del Estado, lo único que logran, paradójicamente, es debilitarlo.
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cont 2.-
Para comenzar, sintomáticamente, la controversia misma, es claro "reflejo" de que existe, disconformidad, entre dos ideologías, opuestas. Abundar en normatividades, de la iglesia, será infructuoso y sin sentido. y continuarán in crecendo, los dimes y diretes, para ambas posturas.
Considero, que el punto focal, es ¿por qué mucha gente, salta las reglas, infringe normatividades, no hace caso a las prescripciones eclesiales y especialmente, en el ámbio moral?
Este es el punto, del cual se debe partir, para pensar, ¿que es lo que verdaderamente, hace falta, o quizás, sobra, para que las conciencias, de todas las ideologías, creencias y culturas, puedan liberarse y que de su interior, hagan brotar, los dones del buen espiritu humano, que como soy creyente, se que se trata ni mas ni menos que del Buen Espíritu de Dios?
Esto, solo pienso Guillermo,
Carmina.
He leido, Guillermo, lo que anotas, hoy en tu post, en la cual se vierten sin lugar a dudas muchas "leyes" que a su vez abundarán en normas y prescripciones, aquí destacaría, como observadora de estos eventos, en los cuales coexistimos, como sociedad, especificamente sabes, ya que te lo he dicho, soy mujer, mexicana y creyente, y en este sentido, te hablaré
Desde mi personal perspectiva, podria decirte, que ya hemos tenido tanto, de estas confrontaciones, .que sencillamente, ya no quisiera saber mas, de pleitos, aqui refieres inclusive coartada ideológica de la "falange de izquierdas"
MIra, Guillermo, creo que si nos volvemos fanáticos extremistas, en uno u otro sentido, pues lo que sigue a continuación es, para los que escuchamos, esas confrontaciones, que percibimos, obsesivas, simplemente nos dan que pensar y como sociedad ¡desconfiamos!
Sábado, 2 de junio
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
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Religión Digital
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Rodrigo del Pozo Fernández