Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Cualquiera que sea electo es responsable ante el pueblo y a los ojos de Dios

06.07.10 | 19:40. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión
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Guillermo Gazanini Espinoza / 6 de julio.- Las recientes elecciones celebradas en quince estados del país tuvieron como marco el temor y el miedo. Después del asesinato del candidato del Partido Revolucionario Institucional al gobierno del estado de Tamaulipas, los analistas y especialistas políticos destacaron que las elecciones se celebrarían bajo temor ante la amenaza de los cárteles de la droga y de los grupos del crimen organizado. Aunque hubo incidentes menores, el verdadero temor se evidenció por los resultados electorales que confirmaron la fortaleza del partido que gobernó este país por más de setenta años, bajo el autoritarismo, los pactos criminales y la repartición del poder; nueve gubernaturas fueron para el Revolucionario Institucional y tres para los candidatos postulados por las extrañas alianzas entre los partidos de derecha e izquierda. Sólo unidos pudieron contra el aparato del PRI que, a pesar de la alternancia del poder del año 2000, continuó gobernando en los estados haciendo de las entidades verdaderos santuarios dignos de señores feudales que desafían al presidente de la República.

Nada para el PAN, para el PRD, Convergencia o el PT y todo a la vez... Muchos coinciden en que el mal de este país radica en el sistema de partidos políticos tocados por la corrupción, el poder desmedido y el crimen. Pues bien, ahora el objetivo se ha cumplido, se ha arrebatado al PRI dos estados considerados como bastiones de ese sistema autoritario en Puebla y Oaxaca, después de ochenta años la oposición de derecha e izquierda entra a ejercer el gobierno y ¿qué sigue? Hace unos días recordamos nostálgicamente el dos de julio, hito en la historia de México. El grito del pueblo en el monumento a la Independencia fue unánime: "No nos falles, no nos falles". Vicente Fox alzaba sus manos haciendo la V de la victoria y juraba consagrar cada minuto y segundo de su vida al pueblo que lo había llevado a la presidencia haciendo que el Partido Acción Nacional, el partido humanista y el de la patria ordenada y generosa, tomara las riendas de un país que veía con esperanza el futuro después del PRI. ¿Cómo estamos ahora? ¿De qué ha servido sacar al PRI de Los Pinos? ¿De qué servirá sacar al Partido de la Revolución de Oaxaca y Puebla? ¿Pagarán sus crímenes los gobernadores salientes? ¿Habrá justicia para aquéllos que han visto la impunidad de los que encarnan la corrupción, el autoritarismo y el cinismo del PRI? ¿Se sentarán los buenos amigos de la izquierda y de la derecha a gobernar como el pueblo debe ser servido o dejarán pasar la oportunidad histórica como fue hace diez años? Cualquiera que sea electo es responsable ante el pueblo y a los ojos de Dios.

Ofrecemos la reflexión del obispo Rogelio Cabrera López como apareció publicada en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

Ser designado

Mons. Rogelio Cabrera López / CEM. 5 de julio.- “Jesús designó a otros setenta y dos discípulos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: ‘La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos’”. (Lc 10, 1-2)

Mucho nos ilumina acercarnos un poco a la palabra que reflexionamos: “designar”. En español, "diseño" viene de "designio" (es aún más obvio en el "design" inglés). Diseñar, dar forma a algo, es aparejar la materia que lo compone con una designación, con un nombre. Dar forma, como dar nombre. Designar significa no delimitar en sentido privativo, sino de ubicación, de identidad. Designar es nombrar a alguien con el sesgo de confianza, para algo que se sabe que puede realizar, que tiene la capacidad necesaria, que posee las virtudes y aptitudes para llevar adelante lo que se le encomienda.

En un ambiente de elecciones que acabamos de pasar, hemos visto patente nuestra capacidad de elegir, y pensar sobre aquellos que hemos designado con nuestro voto.

Ahora, toca a aquellos que hayan sido designados, que asuman su responsabilidad con verdadero sentido de honestidad. Porque hay un proyecto de Dios para la humanidad que debe llevarse a cabo con el trabajo solidario de todos y para todos.

Una vez más se ha motivado a la participación ciudadana. Los que asistieron a las urnas, han puesto su confianza. Les han designado las mayorías, porque queremos, que las cosas sean mejores, queremos ver patente el bien común, queremos creer que somos capaces de salir adelante y de modificar comportamientos mal adquiridos.

Ser designados, no es un privilegio, es una oportunidad de servicio al pueblo. Son enviados también en medio de muchas afrentas, ahora que se ha hecho palpable su elección, vale la pena nuevamente hacer una evaluación de retomar aquello con lo que se cuenta, para responder en este momento concreto, no con métodos partidista, eso ya no debe ser la plataforma, sino que ahora es el pueblo al que hay que atender en sus necesidades.

Ser designados los pone también ante una nueva actitud de ejercicio de la autoridad, haciendo participar a la sociedad civil para que puedan vivir plenamente sus derechos y obligaciones. Les obliga además buscar caminos de desarrollo integral con sensatez y responsabilidad, sabiendo que el futuro de las comunidades depende de la buena toma de decisiones. El pueblo no puede ser conejillo para probar “veremos si sale”.

Han sido designados, pero no significa que deban perder su identidad en los valores humanos, familiares y cristianos. Los obispos cuando nos hemos reunido en Aparecida, Brasil, hemos hecho una serie de propuestas que van en este rubro de asumir responsabilidades de autoridad, entre ellas: “Apoyar la participación de la sociedad civil para la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política. Por ello, son muy importantes los espacios de participación de la sociedad civil para la vigencia de la democracia, una verdadera economía solidaria y un desarrollo integral, solidario y sustentable. Formar en la ética… lograr el bien común, la creación de oportunidades para todos, la lucha contra la corrupción, la vigencia de los derechos laborales y sindicales… hay que trabajar por una cultura de la responsabilidad a todo nivel que involucre a personas, empresas y gobiernos” (DA 406/ a-b).

La designación es ponernos frente a la misión que se nos encomienda. Pastores, papás, mamás, maestros, maestras y gobernantes debemos cumplir las tareas que se nos han designado con prontitud, profesionalismo y cariño a quienes servimos.

+ Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Tuxtla


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