El código de Jesús / Mons. Felipe Arizmendi Esquivel. 2 de junio.
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Algunos comentaristas me han atacado por afirmaciones que hice sobre los hechos ignominiosos de pederastia clerical, y han tergiversado lo que he dicho. He sostenido que no hay excusa ni tolerancia por estos delitos. El Papa y los obispos estamos asumiendo lo que tengamos de responsabilidad, si en algunos casos no hubiéramos dado el tratamiento adecuado a estos crímenes. No pretendemos culpar a otros ni a la sociedad. Lo que es perverso y abominable, lo es de por sí, y no tiene justificación. El perdón no elimina la justicia.
Sin embargo, no se quiere reconocer que el ambiente erotizado que nos rodea, tiene también su responsabilidad en el decaimiento de los valores morales sobre la sexualidad. No nos toleran que les recordemos los mandamientos fundamentales, sobre todo el sexto y el noveno, y quisieran que viéramos como “normal” y como un derecho el pansexualismo que nos invade, sobre todo en la televisión y en los videos.
JUZGAR
Nosotros no inventamos códigos de conducta. Es Jesús de Nazaret quien nos propone un código de vida, que no es una cadena, una imposición, una esclavitud, sino un proceso, una ascesis, un camino para ser verdaderamente libres. Si todos lo apreciáramos y pusiéramos en práctica, no habría ni pederastia, ni violaciones, ni infidelidades, ni abortos, ni nada de esta degradación moral que lamentamos. Sin embargo, este código no es fácil, y algunos ni siquiera lo llegan a comprender y hasta lo consideran inhumano y antinatural.
Jesús busca la perfección, y no sólo las apariencias exteriores: “Se dijo a los antepasados: No cometerás adulterio. Ahora yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio en su corazón. (Lo mismo hay que decir de la mujer hacia el hombre). Por eso, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, sácatelo y tíralo lejos… Y si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtatela; porque es mejor perder una parte de tu cuerpo y no que vayas entero a parar al infierno” (Mt 5,27-30). ¿Es esto lo que enseña la televisión, o lo que inculcan los llamados artistas, los comediantes, los videos, las revistas, las películas, las obras de teatro, los anuncios comerciales? ¿Están dispuestos a sacar del aire un programa libidinoso, a cortar y tirar lejos escenas pornográficas?
En otro momento, Jesús declara: “Si alguien hace tropezar y caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más hondo del mar. ¡Ay del mundo que es causa de tantas caídas! Es necesario que se presenten estos escándalos, pero, ¡ay del que hace caer a los demás!” (Mt 18,6-7). Esto vale para todos, para sacerdotes y para todo ser humano que quiera proceder rectamente. No tiene disculpa un clérigo pederasta, pero también debiera revisar su conducta quien es ocasión de que otros caigan, hombre o mujer.
Sin embargo, no cualquiera comprende ese mensaje exigente de Jesús; por ello, advierte con dureza: “No den a los perros lo que es santo, ni echen sus perlas a los cerdos. Ellos podrían pisotearlas con sus patas y, después, se lanzarían contra ustedes para despedazarlos” (Mt 7,6). Cuando alguien no comprende el Evangelio de Jesús, se lanza contra quienes lo proponemos como camino de vida en plenitud.
ACTUAR
Es tiempo de definirse: por el código de Jesús, o por el código de este mundo pecaminoso. La decisión es de cada quien, pero los padres de familia, los educadores, los catequistas, los sacerdotes y religiosas, los comunicadores, los artistas, deberíamos proponer un camino más elevado, y no dejarnos llevar por la corriente ambiental, pues toda corriente siempre va hacia abajo, nunca hacia arriba. Subir cuesta, pero es lo que hace disfrutar lo bello no sólo de un panorama, sino de la misma vida.
Seguir a Jesús cuesta la cruz, implica una renuncia, nos expone a incomprensiones y burlas, pero es el camino de la verdad y la vida. Quien quiera cosechar aplausos y quedar bien con quienes sólo anhelan satisfacer sus pasiones, no ha comprendido el Evangelio. Nuestra norma de conducta, nuestros criterios y decisiones, han de estar inspirados en Jesús.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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Sinceramente creo que el obispo olvida que la sociedad es plural y códigos éticos existen como colores, nos gusten o no. En los foros públicos es preciso argumentar desde una ética secular, pues no todo el mundo comparte la fe ni la moral cristiana. Resaltar también que entre la ética de Jesús en su predicación y la moral que propone la Iglesia hay saltos y discontinuidades. Las cosas no son tan simples, me temo.
Sobre la ética sexual ya va siendo hora que no sean exclusivamente los célibes quienes reflexionen sobre esta cuestión. Resulta sorprendente que quienes ,se supone, no conocen la vida matrimonial opinen continuamente sobre ella.
Sábado, 2 de junio
Francisco Baena Calvo
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Asoc. Humanismo sin Credos
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