Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Bendiciones nupciales ilícitas (II)

15.05.10 | 04:08. Archivado en Iglesia católica en México
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José de Jesús Parada Tovar. El Semanario / Arquidiócesis de Guadalajara. 15 de mayo.- Catedrático de Teología Moral del Seminario Diocesano de Señor San José, el Padre José Carmen Toriz Rentería comenzó por puntualizar: “Una bendición equivale al ‘bien decir’ de Dios hacia las personas. Desde el Antiguo Testamento encontramos siempre el gran deseo de recibir la bendición de Dios por parte de los Patriarcas a los hijos, y se buscaba ese buen deseo para todos”.

Reconoció que ahora es frecuente esa solicitud de ser bendecidos, por parte de parejas de divorciados vueltos a casar o que no están divorciados pero que en algún momento no concretan su relación en el matrimonio, bien sea por influencias del tiempo o porque, en la práctica, se ha vuelto una “moda” prescindir del matrimonio.

Para el Padre Toriz, también Director Espiritual en la Facultad de Filosofía del Seminario Mayor, “es lógico que una persona que vive en una situación no aceptada por Dios ni por la Iglesia, sienta en su corazón la necesidad de ser bendecida por Dios, a manera de que apruebe la forma en que está viviendo y también para sentirse tranquila; pero eso es caer adrede en la confusión, porque Dios, que no puede ir contra la bondad, tampoco contradice las cosas ordenadas. Y es que la clave está en la conciencia, como afirma el Concilio Vaticano II. La conciencia es la voz de Dios, el sagrario donde se encuentra uno a solas con Él”.

Pretender salvar una situación anómala “consiguiendo” una bendición, “es como tomar una aspirina para curarlo todo. El sentirse bien con Dios no es cuestión de ‘acomodos’ personales, si de antemano se es consciente de que no se actúa correctamente, por más que la bendición provenga de la autoridad de una comunidad, como lo es un sacerdote. Nuestro Señor conoce el corazón de sus criaturas y la historia personal de cada uno. De hecho, cuando la persona siente que no obra bien, eso equivale a la llamada de Dios para que enderece el camino”.

formas de mejorar la disposición

Quienes no han sido casados antes y no tienen impedimento alguno, deben iniciar sus trámites confiadamente, a fin de evitar el alargamiento de una unión anormal. Si son divorciados y pretenden volver a casarse, el caso es más complicado, pues se somete a una escrupulosa revisión de antecedentes para verificar si hubo causales graves que ameriten nulidad.

Tras advertir lo anterior, nuestro entrevistado apuntó: “Aun así, si no pueden regresar con su cónyuge y hay hijos pequeños de por medio, existen otras formas de acercarse a Dios, como son la oración y la meditación. No quiere decir, pues, que el Señor no los escuche. Al mismo tiempo, hay que buscar maneras de ayudarlos, pues no se trata de cerrarles las puertas. Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso, pero también reprueba el pecado y lo que no es correcto”.

un traspiés suele llevar a otro

Requerido su parecer acerca de quienes argumentan que todo ser humano merece “segundas oportunidades” cuando no funcionaron o fracasaron los primeros intentos, el Padre Toriz Rentería precisó: “Se dan muchos de estos casos porque el noviazgo fue a la carrera, porque se produjo un embarazo prematuro, por la presión de terceros o simplemente por permisivismo, que propicia un ambiente favorable a ver el matrimonio como un acontecimiento meramente social y no como un compromiso de por vida.

“Juzgan, erróneamente, que es el momento oportuno, y después de haber compartido una parte de su vida juntos, incluyendo experiencias agradables, caen en cuenta de que se adelantaron o se equivocaron. Esto genera de inmediato conflictos y relaciones insoportables, que apuntan directo a una división o separación, sin haber buscado a conciencia una adecuada solución. Y, al hallar a otra persona con la que se llevan y cohabitan bien, tienden a alargar esa experiencia y a justificarse arguyendo que Dios los quiere así, porque en esta `segunda oportunidad` no tienen desaveniencias”.

Tajante, nuestro entrevistado indicó: “Lo que debe quedar bien claro es que al matrimonio sacramental se accede libremente como una opción de vida. Por tanto, entraña un compromiso que nadie ajeno puede deshacer; ni ellos mismos, aunque experimenten dificultades”.

la gracia, ayuda y sello

Cuando existe aunque sea un poco de buena voluntad -prosiguió el Sacerdote Formador- los conflictos se dirimen con mejor resultado, máxime con ayuda de la Gracia del Sacramento, algo que olvidan muchos esposos. Y abundó con un ejemplo: “A los clérigos, religiosos o religiosas, el común de la gente nos identifica en la calle hasta por la simple apariencia. Pues así deben distinguirse también marido y mujer en virtud del Sacramento recibido, y por su espiritualidad y vida de fe y oración.
“El rito dice que ellos reciben ‘un nuevo Sacramento’, cuya Gracia los eleva y fortalece contra todas las adversidades, a partir de la base de su amor humano, sublimado por el Amor divino de Dios”.

no más confusiones

“Definitivamente -sentenció el Padre José Carmen- ‘Dios no tiene la mente cuadrada’, como bien afirman los sacerdotes que indebidamente, así, pretenden justificar sus ‘bendiciones nupciales’ a parejas de divorciados. Pero debe tenerse cuidado para evitar conflictos de conciencia. La unión matrimonial no concluye con los desacuerdos de ambos, sino con la muerte de alguno de los dos o cuando se compruebe que no fue válida, que se incumplieron las debidas cláusulas del Canon”,

Y agregó: “A quienes atraviesen por una situación de esa índole hay que invitarlos a que no dejen de orar, de ir a Misa, aunque por lo pronto no puedan ser absueltos ni comulgar. Que hagan el acto de contrición y pidan fervientemente a Dios les ayude a resolver su situación a su debido tiempo. Dios no está contra la felicidad, pero pide la fidelidad a la Palabra y al Sacramento”.

Finalmente, el especialista en Moral recomendó recurrir al Capítulo 19 del Evangelio de San Mateo, donde Jesús afirma que el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán uno solo. Luego, citando al Teólogo Aurelio Fernández, asevera que al inicio de la Sagrada Escritura se da origen al matrimonio con la creación del hombre y la mujer, mientras que el final de la propia Escritura concluye con Las Bodas del Cordero; es decir, hace ver elevada la relación hombre-mujer: querida y creada por Dios, y elevada a la glorificación.

Asimismo: “Efesios 5 dice que así como Jesucristo ama fielmente a su Esposa la Iglesia, así el hombre debe amar a su mujer. Lo peor que ocurre con las separaciones repercute en los hijos, pues el dolor, la impotencia, la frustración y el coraje que experimentan los divorciados se transmite con sufrimiento a la descendencia, que luego tiende a tomar el mismo camino. Si sigue de este modo minándose a la Familia como célula de la Sociedad, según es reconocida, sigue destruyéndose al organismo social en su conjunto”.

10 comments


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Comments
  • Comentario por Sota de Bastos 15.05.10 | 20:41

    Creo que no hemos captado por dónde va el problema y no nos damos cuenta de que la Iglesia tiene muy fácil resolver el irresoluble problema de los divorciados: El divorcio es algo contra natura y el matrimonio es indisoluble, igual que la paternidad (¿O es que los padres no son “una carne“ con sus hijos?) o la unión del cuerpo con sus miembros (¿O es que uno no es una carne con sus miembros y órganos?) , PERO la caridad está por encima de todos los mandamientos, o mejor, todos los mandamientos son medios para el fin de la caridad, por lo que todos estamos de acuerdo en que sería una barbaridad no quitar la patria potestad a unos malos padres y dársela a otros o no amputar o transplantar un miembro u órgano, porque lo que Dios ha unido no lo desunan los hombres.

  • Comentario por Sota de Bastos 15.05.10 | 20:39

    Una cosa son los transplantes lícitos y otra el tráfico de órganos o de hijos (que conste que hay de las dos cosas y nadie ha pedido ni la prohibición de los transplantes ni de las adopciones). Con la confesión y las penitencias, la Iglesia tiene instrumentos suficientes para que esto no suponga la banalización de la indisolubilidad del matrimonio. Pero quizá para eso los sacerdotes tendrían que casarse, porque no se puede poner a juzgar sobre matrimonios a personas posiblemente traumatizadas por el celibato.

  • Comentario por Sota de Bastos 15.05.10 | 20:37

    Al leer cualquier texto hay que empezar por preguntarse (aparte de que en uno de los versículos de condena del divorcio dice bien claro “Salvo caso de fornicación”, con lo que Él mismo cerraba el paso a la interpretación farisaica). 1. A cuento de qué viene y 2. Si podía el autor dejar de decir lo que dice. 1. Ya Malaquías, al final del AT dice “No dejes a tu esposa de juventud. No me gusta el repudio” y posiblemente es que había comenzado a entrar la influencia greco-romana que, como no conocía la poligamia, simplemente repudiaba a las esposas no jóvenes. Razón de más para que lo diga Jesús. 2. ¿Cómo va a dejar de decir Jesús que el repudiar a la mujer es una barbaridad contra natura? Es que lo es. Es que el matrimonio es obviamente indisoluble. Si dos personas tienen unos hijos “indisolublemente” (dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí) y se han entregado una a otra lo mejor de sí mismas, como no va a ser una barbaridad despedir una a la otra?

  • Comentario por Sota de Bastos 15.05.10 | 20:35

    Pero algo totalmente distinto es utilizar el texto a capón para montar un número fariseo con él y hacer la vida imposible a millones de personas buenas y sensatas. Podríamos hacer un concurso y coger frases “fariseables” del Evangelio que paralizarían el mundo entero: El no lavarse como hacían los fariseos, luego Jesús es enemigo de la limpieza, el “Si alguien te pide una cantidad, dale el doble” y arruinaríamos la economía, etc. Si hay algo claro en él es que “Se hizo el sábado para el hombre y no el hombre para el sábado”, que “David y sus hombres comieron panes sagrados cuando no tenían otra cosa”. Todo él es un clamor contra los fariseos que utilizan la letra de la ley a capón y con ella “Ponéis unas cargas pesadísimas sobre los demás, que no podríais tocar con un solo dedo”, “Os ponéis delante de la puerta del Reino de los Cielos y ni entráis vosotros ni dejáis entrar a los demás”.

  • Comentario por Sota de Bastos 15.05.10 | 20:33

    Y no hay más que leer la historia de los primeros siglos del Cristianismo para ver que, desde el primer momento se tomó al matrimonio como indisoluble, pero también se admitió el divorcio en los casos de justicia y ello empieza con los Privilegios Paulino y Petrino y sigue en infinidad de casos, hasta el año 1.000. Fue cuando la Iglesia empezó, progresivamente, a ver el sexo como sucio y malo, bajo el influjo estoico, platónico y esenio, lo que llevó a imponer el celibato sacerdotal y terminó montando un número fariseo con el sexo en su totalidad, que culminó con la prohibición del divorcio en casos de elemental justicia. El problema es que la Iglesia tiene que abjurar de su visión estoica del sexo y, desgraciadamente, eso es algo que no va a hacer si no se ve contra las cuerdas.

  • Comentario por Sota de Bastos 15.05.10 | 20:31

    Y peor aún: la Iglesia no se da cuenta de que cuando ya acabe por admitir el divorcio en los casos de justicia, ya habrá llegado Occidente a tal grado de desprecio por el matrimonio y promiscuidad, que no tendrá espacio para que sea, efectivamente, en los casos de justicia, sino que será una especie de trámite, como el que hay ahora para obtener las dispensas por matrimonio entre primos, que debería estar prohibido, como en le Edad Media, salvo casos extremísimos. La Iglesia no se da cuenta de que su sexofobia ha pulverizado la moral sexual y ha llevado a la promiscuidad de todo tipo. En su día hablábamos de que los musulmanes era unos degenerados sexuales y ahora resulta que son estrechísimos….comparados con nosotros. En Occidente se fornica, como diría San Pablo “Como ni entre gentiles”.

  • Comentario por Sota de Bastos 15.05.10 | 20:28

    Resumiendo: las normas del sexo y el matrimonio no van de dogmas (geometría griega) ni de normas jurídicas (derecho romano) sino de caridad. Lo curioso es que la Iglesia ha comprendido a estas alturas que las normas de todo lo demás (libertades personales, relaciones de propiedad, gobierno…) van de caridad, pero en el sexo sigue agarrada a un fariseísmo greco-romano y no se da cuenta del daño que hace a las personas y de cómo se desacredita y pierde fieles…..innecesariamente, porque si proclamase y aplicase que va de caridad y nada más, su prestigio frente a las demás religiones e ideologías sería inmenso. Parece impelida del deseo de autodestruirse.

  • Comentario por Juambi 15.05.10 | 11:45

    Las alusiones que se hacen al matrimonio como sacramento de la creación (cf. Adán y Eva) o como sacramento de la alianza (A.T.) hay que situarlas en su contexto bíblico. Esta realidad no excluyó nunca, sino que más bien incluyó, una concepción polígama y patriarcal del matrimonio, cosa que no se cita en la argumentación del articulista. En la referencia que se hace del N.T. no se cita el inciso mateano, ni los privilegios paulino y petrino en favor de la fe. La actitud de Jesús de llamada al ideal y de protección de la mujer despedida o repudiada por el marido creo que no agota la actitud de Jesús hacia este tema. Creo que hay que repensar y replantear con seriedad y honestidad esta cuestión. Que hay pecado, no lo voy a negar. Pero que puede haber misericordia y compasión, eso es necesario asumirlo pero con realismo y con un compromiso decidido por el que apueste la comunidad cristiana sin traicionar la voluntad del Señor.

  • Comentario por Juambi 15.05.10 | 11:33

    cuanto menos heróica, poco razonable y casi imposible de cumplir. Es como un "castigo" de por vida. No me cuadra a mí esto con el amor misericordioso y compasivo del Dios de Jesucristo. Y no es un pretexto laxo el que aduzco, sino un principio de realidad elemental. Obviamente que la frustación del proyecto de vida matrimonial anterior tiene sus consecuencias en muchos ámbitos, pero si no se produce un tratamiento pastoral del tema con realismo y generosidad, entonces no habrá oportunidad para recomenzar de nuevo en condiciones humanas. Conducir el tema hacia la exclusiva doble solución de iniciar un proceso de nuliad matrimonial o de vivir en continencia con la nueva pareja, me parece trunca otras posibilidades pastorales y teológicas que podrían admitirse sin traicionar la voluntad salvífica del Dios de Jesús. Hay en la Escritura perspectivas que debieran contemplarse y traducirse a las circunstancias concretas del hoy y de las parejas en cuestión.

  • Comentario por Juambi 15.05.10 | 11:21

    Pienso que la concepción del matrimonio católico es muy rigorista, demasiado rigorista. Yo no lo digo esto por moda o por laxismo moral. Una cosa es el ideal y otra cosa es la realidad cruda del hombre en su condición pecadora. Me estoy refiriendo al caso concreto de personas profundamente creyentes en los que el proyecto de vida matrimonial ha devenido frustrado. El tratamiento casi exclusivamente canónico y juridicista de este asunto no aborda del todo la cuestión, pues excluye otras dimensiones teológicas y pastorales que son preciso tenerlas en cuenta. El matrimonio católico no es indestructible, por muy indisoluble que esté llamado a ser. Creo que aquí subyace, amén de un rigorismo de corte juridicista, una antropología sexual demasiado angelical. Exigir a una pareja de divorciados y vueltos a casar (creyentes y comprometidos seriamente con su fe) una continencia sexual y un vivir como "hermanos" para seguir participando plenamente en el organigrama sacramental es una actitud

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