
Guillermo Gazanini Espinoza / 21 de abril.- Los sistemas políticos e ideologías han usado la ley para justificar y lograr sus propósitos los que, en no pocas ocasiones, fueron contra la dignidad de la persona humana. En 1933, los Estados totalitarios imponían el ideal de la arianización legalizando las técnicas de esterilización de quienes sufrían enfermedades congénitas para impedir la transmisión de taras a las generaciones siguientes. Los débiles mentales congénitos, esquizofrénicos, maniaco depresivos, epilépticos, quienes padecían el mal de Huntington, sordos, ciegos y los malformes, fueron llevados a los servicios médicos del Estado para ser sometidos a los procedimientos de esterilización “voluntaria” cumpliendo la política del régimen como deber sagrado del Estado. En esa década, la justificación política del totalitarismo adecuó el derecho para hacer legal lo impensable. Tribunales formados por un juez, médicos y “especialistas” en cuestiones raciales, se allegaron de las pruebas para fallar sobre la esterilización de las personas “inferiores” que cobró 400, 000 mil víctimas al final de la segunda guerra mundial.
Sábado, 2 de junio
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