José G. Martín Rábago / CEM. 19 de abril.- Cada vez que recitamos el Credo, junto con la confesión de fe en cada una de las tres Divinas Personas, confesamos nuestra fe en la Iglesia: “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”.
Vale la pena detenernos a reflexionar lo que implica esa densa fórmula en la que se resume toda nuestra admiración y gratitud por el don inapreciable de haber sido engendrados a la vida cristiana por esa Madre fecunda. El siguiente es un Credo que expresa algunas de nuestras convicciones sobre la Iglesia:
Creo que la Iglesia es obra del amor trinitario del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Que es misterio de fe y no puede ser comprendida con categorías solamente sociológicas. Que es Dios mismo quien ha tomado la iniciativa de convocarnos, y a nosotros nos corresponde una respuesta agradecida y comprometida.
Sábado, 2 de junio
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