La ilegalidad, síntoma de decadencia de la sociedad
Mons. Jósé Luis Chávez Botello / CEM. 19 de abril.- La falta de respeto a la ley parece ser ya una característica de nuestra sociedad; basta ver el incumplimiento de las leyes de tránsito, la evasión a la ley de impuestos, las maniobras para saltarse la ley electoral y las mismas leyes penales; se exige el respeto de los propios derechos pero se ignoran los deberes y los derechos de los demás.
Los mexicanos no damos importancia a las leyes de convivencia social. Somos un pueblo más de costumbres que de leyes, costumbres que con frecuencia no están cimentadas en el bien común ni en la justicia. De allí la mentalidad de que las leyes se hicieron no para cumplirse sino para negociarse; lo demuestra la práctica cotidiana de negociar las leyes como si fuera un mercado donde se consiguen excepciones, influencias y acuerdos según los intereses personales o de grupos.
Con la ilegalidad pronto viene la falta de credibilidad, se deteriora el sentido de las leyes y se desvía su finalidad, se daña la convivencia social y se cae en la corrupción. La ilegalidad siempre propicia y alimenta la violencia y el mismo crimen; es un síntoma que muestra decadencia de la calidad humana de personas y de la sociedad.
En un ambiente de ilegalidad se corre el riesgo de que las leyes se hagan sin la fundamentación y precisión requerida, que se modifiquen según las presiones, intereses políticos o de grupos influyentes. Así abogados, despachos jurídicos y autoridades de procuración de justicia pueden caer fácilmente en la tentación de negociar las leyes procurando ventajas más que defender la verdad y la justicia; a sabiendas se puede llegar a defender a criminales sin importar condenar a inocentes. Así se retarda y se ahuyenta la justicia. En la ilegalidad nunca tendremos paz, ni justicia, ni desarrollo, ni democracia.
La impunidad y la corrupción generalizada es la señal más elocuente de que la ilegalidad está por todas partes; una situación que palpamos y ya sufrimos sus graves consecuencias. Tenemos que reconocer que carecemos de la cultura de la legalidad; tenemos que tener el valor de hacer algo en serio para promoverla todos y pronto. No olvidemos que las bases de la legalidad se ponen en la familia sembrando y cultivando motivos y convicciones sobre la necesidad de normas para el respeto mutuo, el orden y la colaboración como indispensables para convivir en paz.
Promover la cultura de la legalidad es una tarea prioritaria y urgente. Se requiere de los legisladores una mejor fundamentación y precisión de leyes para llenar vacíos que están propiciando variadas interpretaciones que paralizan o evaden la justicia; es un clamor general de la sociedad mayor responsabilidad por parte de las autoridades para cumplir y hacer cumplir las leyes y, en caso de incumplimiento, sancionar de acuerdo a la justicia sin favoritismos ni cálculos políticos.
Urge implementar, desde la educación básica, un programa explícito sobre el sentido y la importancia de las leyes tanto para la superación de las personas como para la convivencia pacífica en la sociedad.
Con mi saludo y bendición para todos.
+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca
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