
Sé humilde pastor de mis ovejas
Semanario Koinonía / Arquidiócesis de Puebla. 21 de marzo.- Cuando el sacerdote cae en la cuenta de su pequeñez ante la inmensidad del misterio divino, no se trata de no turbarse: María se turbó, Jesús se angustió en Getsemaní. Sino de aprender a vivir con Jesús y a su estilo. En sus manos el sacerdote está seguro y en paz. Jesús le dice: “Ánimo, soy yo. No tengas miedo”.
Las virtudes teologales son gracia en la vida del presbítero, a través de ellas él ve como Jesús ve, siente como su Maestro siente. Si se deja vencer por la desconfianza, se rompe y se hunde. Si tiene confianza sólo humana, no se rompe, pero tampoco crece. Si tiene confianza sobrenatural, se supera. Es difícil seguir la vocación sacerdotal, para caminar en ella es necesario fiarse de Dios.
Hay algunas cosas que pasan en el camino, hay cosas muy desconcertantes, pero la Providencia siempre está ahí. Dios se comporta con el que elige como un Padre, bueno y comprensivo, lo lleva en sus brazos y lo sostiene. Dios lo conoce mejor que nadie, le tiene paciencia y compasión. Él comprende, el sabe. Dios es fiel. Dios le ama y cree en él. Su amor es gratuito así como sus talentos. Toca al elegido cuidarlos y hacerlos crecer, no son para enterrarlos bajo tierra.
Sábado, 2 de junio
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
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Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
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Asoc. Humanismo sin Credos
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