Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

No es fácil ser sacerdote...

14.03.10 | 08:29. Archivado en Sacerdocio

Nada fácil pero posible

Semanario Koinonía / Arquidiócesis de Puebla. 14 de marzo.- La vida sacerdotal no es fácil, todo esto es duro. Pero no tiene precio saber que sin merecerlo, cada sacerdote es amigo de Dios. Que Él pensó en él, que le tiene tanta confianza.

Cuando un fiel entra al confesonario, se encuentra con la debilidad y miseria del ser humano, sin embargo, Jesús está ahí, con sus sentimientos y su verdadera compasión y misericordia, y transmite su gran amor a través del sacerdote. Y las personas se van liberadas, en paz.

Cuando un sacerdote absuelve a un moribundo y después de darle los sacramentos muere en sus brazos, cuando abraza a un joven sin esperanza, o mira a una chica deprimida, es el abrazo de Dios que ama al hombre así como es. Pensemos que el universo comenzó con una gran energía que explotó y de allí se produjeron los astros, la tierra, los animales, el hombre, sí, de una explosión de amor: el amor de Dios se desbordó y creó al ser humano. Al hombre lo amó tanto que lo hizo a su imagen y semejanza: lo hizo libre. Y al hacerlo libre lo respetó y esperó de él que le reconociera como su Creador y le diera una respuesta de amor al Amor con que Él lo había creado.

Los sacerdotes son la prolongación de esa explosión de amor a través de los cuales los hombres pueden encontrar a su creador, a su Dios, a su Padre. Y como un hijo habla con su padre, así habla el hombre con el suyo a través de los sacerdotes tratándolo con ese mismo amor y misericordia con que le ha creado. Y es maravilloso compartir con otros que Dios es Padre y que te ama.

Este año ha sido muy difícil, se nos han juntado muchas cosas: la crisis económica, los graves desastres naturales, etc. Unos oran, otros le reclaman a Dios: “¿Qué está pasando? ¿Cómo permitiste esto?”, otros luchan por salir adelante, otros más esperan y acusan a los demás como si nada pasara. En el proceso interior del sacerdote se desatan estas diversas actitudes. La tormenta en que a veces se ve envuelto no se la imagina el día en que pisa por vez primera el seminario. Cuando se está en medio de la tormenta las cosas no son claras, hasta que puedes tomar un poco de distancia, reflexionas, ves tus errores, comprendes mejor a los demás, vas recobrando fuerza para rehacerte y cumplir con tus responsabilidades sin evadir los problemas. Es tremenda. No sabemos cuánto va a durar.

“La vida no es dejar que pase la tormenta. Es aprender a bailar en la lluvia”, dice Vivian Greene. Por eso vayamos aprendiendo a bailar y cantar en la lluvia con nuestros sacerdotes, con fe, con confianza y con amor que con la gracia de Dios, es posible.

Como en todo momento difícil, debemos ayudarlo, comprenderlo, respetarlo, estar con él como él está con nosotros, los más afectados, cansados, confundidos o heridos. Sobrellevando las cargas del otro porque Jesús está ahí, en él, en su corazón y en sus manos sacerdotales


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Comments
  • Comentario por Magda 22.03.10 | 18:54

    Siempre me ha llamado la atención la gran capacidad que tienen los sacerdotes que he conocido para guardar las confesiones de las personas, no permitir que los mismos afecten su paz interior, pero aún más la paz que con capaces de transmitirnos en el alma, la inyección que nos brindan de renovar para bien nuestra vida, es Cristo mismo que se manifiesta a través de ellos lo cual solo es posible ver no con los ojos físicos si no con los de la fe y el alma. Es importante entender al mismo tiempo que también son humanos y por tanto suelen cometer errores como tu... como yo, como cualquier hombre, por tanto también en muchas ocasiones necesitan de nuestra ayuda, consejo, comprensión, amistad, pero sobre todo de Dios.

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