
Guillermo Gazanini Espinoza / 10 de marzo.- El 23 de septiembre de 1977, Maura Degollado Guízar escribía a su hijo sacerdote: “Mi hijito tan querido, quisiera decirte muchas cositas que llevo en mi corazón, pero mi mano no me ayuda, sólo te digo que te quiero mucho, y que cuando estés solo o cansado y triste, abre tus ojitos y verás que estoy a tu lado con Jesús, yo así lo siento y así te busco y sentirás mucho consuelo”. Para los Legionarios de Cristo, Mamá Maurita ha sido un modelo de santidad, su causa de canonización está vigente, es sierva de Dios y, según su biografía fue “siempre una mujer de bien y se le recuerda porque supo hacerlo a todos. Era inagotable su caridad con el prójimo, en palabras y en obras. Puso su corazón en los pobres y enfermos, leprosos y moribundos. A todos cuidaba y socorría espiritual, moral y materialmente con limosnas y visitas, porque en todos veía a Cristo.
Sábado, 2 de junio
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