Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Pederastia, un comentario

08.03.10 | 17:58. Archivado en Análisis y Opinión
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Jorge Pérez Uribe / 08 de marzo.- Iniciaba el siglo XXI y las voces que hoy flagelan a la Iglesia Católica con la pederastia entonces pedían la renuncia del papa Juan pablo II, por su cada vez más manifiesta enfermedad y lo acusaban de incapaz para gobernar a la Iglesia. El papa, sorprendiendo a todos, encomendó al cardenal Ratzinger investigar a fondo y abrir la caja de Pandora del encubrimiento de delitos de los curas pederastas que ciertos obispos, a fin de no escandalizar, acallaban mediante indemnizaciones pecuniarias. La expresión de Juan Pablo II fue más o menos la siguiente: "la injusticia cometida contra las víctimas clama al cielo".

El anciano y enfermo pontífice estaba consciente del escándalo que esto provocaría y que los detractores de la Iglesia aprovecharían la situación para denigrarla, como efectivamente está ocurriendo. Ahora estos detractores acusan a Juan Pablo II de haber protegido a Marcial Maciel y la ignominia ya está alcanzando al mismo ejecutor del "destape", Benedicto XVI.

Esto no viene sino a testificar que la Iglesia Católica es Santa, por su cabeza y fundador Jesucristo y por la asistencia del Espíritu Santo y es pecadora por la composición de hombres y mujeres heridos por el pecado original.

La enseñanza que podemos sacar es cómo un Papa a quién se consideraba ya incapacitado y que ya no dirigía su Iglesia, tomó una de las decisiones más valientes y necesarias -inspiradas indudablemente por el Espíritu Santo-, lo cuál a pesar de la miseria de esos depravados e hipócritas ministros, nos deja ver la asistencia continua de Jesucristo a su amada Esposa, la Iglesia.

Todos los católicos habremos de expiar las faltas de los deshonestos por largo tiempo y permanecer vigilantes para que no vuelva a ocurrir esta situación.

Jorge Pérez Uribe

3 comments


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Comments
  • Comentario por vox 08.03.10 | 23:27

    Absolutamente de acuerdo con Juambi. Destaca el hecho de que, incluso se proceda salvando los muebles con esa "poética" declaración de que el "anciano" Papa tuvo no sé qué inspiración del E.S., no quita sino que agrava si cabe más la ocultación, el dolo y la flagrante ausencia de actuaciones dentro de la jerarquía. ¿Cómo es eso de que hay detractores que denigran a la Iglesia aprovechándose de estos lamentables sucesos? ¿No hemos quedado en que la luz debe estar encima del celemín? ¿Qué es esta hipocresía -incluso más rastrera que la antaño llamada farisea- que lleva a afirmar tales generalidades como que la iglesia es pecadora, etc., etc., mientras en años todo el mundo se calló y se hizo callar en las más altas instancias de la Iglesias, Papas "súbitos" incluidos? ¡Venga hombre! El mal ya no es la pede.rastia en sí -que lo es en extremo-, sino ese mundo cerrado, hermético, complaciente, ajeno y despreciativo de todo lo que no sea su propia Jerarquía.

  • Comentario por Juambi 08.03.10 | 22:46

    Más serio ha sido B. XVI, quien ha aceptado la dimisión de varios obispos y superiores por no haber actuado como lo exigía la situación. Opino que el último párrafo del artículo es de un espiritualismo supino. Las faltas de los deshonestos habrían debido ser denunciadas con firmeza desde el principio y no cargar sobre el común de los fieles una expiación que apunta tanto a culpables como a encubridores. De acuerdo en que hay que encomendar a la misericordia de Dios a estos culpables, esperar que cumplan sus condenas y que se sanen. Pero la enseñanza que creo que habría que sacar de aquí es que un sistema tan corporativo, cerrado y jerárquico se revela ineficaz y cómplice de cosas como estas de las que estamos hablando.

  • Comentario por Juambi 08.03.10 | 22:30

    ¡"Quien no se consuela es porque no quiere"! Dicho sea con todo el respeto, me parece del todo impresentable la forma de exponerse las cosas en este artículo. Cualquiera que leyera esto probablemente diría que se trata del más burdo oportunismo. Señores, las cosas no se pueden esconder. Por tanto, no se trató de una decisión valiente, sino de aceptar lo que ya no tenía remedio, porque, entre otras cosas, estaba ya aireado el asunto por medio mundo. Creo que se podría "pecar" contra el Espíritu de Dios por usar su nombre en vano, porque el Espíritu de Jesús es un Espíritu de justicia, de la defensa eficaz de quien por sí mismo no puede defenderse, es decir de las víctimas. No hablen de una decisión valiente e inspirada, porque ya mucho antes clamaban al Cielo tales atropeyos y delitos. La decisión fue "tardía" y, quizás, porque no cupiera otra salida. De tal modo están las cosas, que se puede fiar uno más de la justicia civil que de la justicia de la institución eclesiástica.

Sábado, 18 de febrero

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