
El anuncio del evangelio transforma la vida personal y social
Mons. Luis Artemio Flores Calzada / CEM. 23 de febrero.-Muchos se preguntan: ¿Valdrá la pena seguir anunciando el Evangelio? ¿Qué beneficios produce el anuncio del Evangelio para la vida personal y social de los seres humanos?
A través de la historia podemos constatar la labor benéfica de la Evangelización en la promoción de la dignidad humana y sus derechos fundamentales como también en su labor educativa tanto en la ciencia como en la moral, pero sobre todo en crear vínculos de fraternidad entre todos los hombres, por ello me parece muy importante el anuncio del Evangelio, este es el servicio que la Iglesia presta a la humanidad.
Pero ¿qué es evangelizar?
Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: "He aquí que hago nuevas todas las cosas". Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos. (E.N. 18).
En un ambiente de violencia, de crimen organizado, de corrupción, de pérdida de valores, se secularismo, de relativismo moral, urge redoblar esfuerzos y evangelizar. ¡Sí!, nuestra misión de todos los que formamos el pueblo de Dios es evangelizar, llevar la Buena Nueva de Jesucristo a todos los hombres y mujeres y a todos los ambientes.
Anunciar el Evangelio de la vida, desde la fecundación a la muerte natural, porque la vida es el regalo más preciado de todo ser humano, y el derecho fundamental de cada persona y de cada pueblo, la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo humano. (cf. Caritas in veritate No. 28).
Anunciar el Evangelio de la familia, constituida por el matrimonio entre hombre y mujer, que tiene el servicio de la transmisión de la vida y de la educación y formación de los hijos. La familia es el santuario de la vida, donde nace, crece y se desarrolla la vida. La familia es la institución educativa más importante, ahí se aprende a amar, a conocer la verdad, a ser solidarios a ser honrados y pacíficos. Hoy si queremos un México de Paz, necesitamos poner nuestra atención en la familia, más que apostar por las armas, debemos invertir en el mejoramiento de la familia, donde se forman los ciudadanos constructores de paz.
Anunciar la buena nueva de que todos los bienes de la tierra son para todos, y no podemos estar contentos mientras haya hermanos nuestros que no tienen acceso al alimento, al agua, a la educación, a la salud, a un trabajo digno, se necesita una economía humana con dimensión social y principios éticos.
Anunciar la Buena nueva de la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales, Anunciar que todos somos iguales y ninguno puede ser discriminado ni excluido en la sociedad, de los bienes que necesita para su desarrollo humano integral.
Anunciar la buena nueva de la política, como el arte de gobernar y servir al pueblo organizando y buscando el “bien común” de todos y de cada ciudadano, por ello se necesita que todos los ciudadanos participen en la democracia, eligiendo políticos con vocación de servicio, con principios éticos, a los cuales se les pida cuentas de su responsabilidad.
Anunciar la buena nueva de un trabajo decente para todo ser humano, “Pero ¿qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (Caritas in Veritate 63).
La Iglesia tiene un papel público de servicio a la educación, a la promoción del hombre, de la mujer y a promover la fraternidad universal: “toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre. Tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia o educación, sino que manifiesta toda su propia capacidad de servicio a la promoción del hombre y la fraternidad universal cuando puede contar con un régimen de libertad. Dicha libertad se ve impedida en muchos casos por prohibiciones y persecuciones, o también limitada cuando se reduce la presencia pública de la Iglesia solamente a sus actividades caritativas. La segunda verdad es que el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones” (Caritas in Veritate 11).
La evangelización abarca todos los campos antes enumerados, la Doctrina Social de la Iglesia es parte esencial de la Evangelización, hoy necesitamos formar y preparar a nuestros laicos y laicas, a quienes les compete de manera especial transformar la sociedad con los valores del Evangelio, necesitamos Cristianos coherentes con su fe que hagan presente el Reino de Dios en todos los campos de la vida social, educativa, política, económica, cultural y en los medios de comunicación.
Los bendice su amigo y servidor en Cristo:
+ Luis Artemio Flores Calzada
Obispo de Valle de Chalco
Sábado, 2 de junio
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