Teófilo González Vila / Revista Acontecimiento. 10 de noviembre, 2004.- Con frecuencia, entre nosotros, figuras (o figurones) de la Política o de la Cultura, «intelectuales» y famosos «enteradillos» tercian en determinadas polémicas con la inicial y enfática declaración de que el «Estado español es laico». Algunas veces, alguien puntualiza: «El Estado español no es laico, sino aconfesional». Y pocos advertirán que ni el término laico ni el de aconfesional aparecen como calificativos del Estado en la Constitución, aunque el segundo -aconfesional- tiene un claro e inmediato soporte literal en el artículo 16.3 de ésta, donde se establece: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal». Con lo cual, podemos, a la inversa, afirmar que, según la Constitución, «el Estado no tendrá carácter confesional» o, más sencillamente, que es aconfesional. Advertir que el Estado es aconfesional y no laico resultará pertinente frente a quien, como ocurre en la mayoría de los casos a los que aludimos, por «laico» se entiende «laicista», que no es lo mismo. Pero, ¿acaso no hay una recta acepción de laico en la que este término resulte tan aceptable como el de aconfesional? ¿Qué diferencia hay entre laico y laicista, entre laicidad y laicismo? Laicidad, laicismo, laico, laicista se utilizan con sentidos fluctuantes que se intercomunican y oscurecen. Precisar los términos y clarificar los conceptos es en este caso, más que en cualquier otro, la misma tarea. No estamos ante una mera quaestio de terminis, sobre cuáles fueran los más adecuados para expresar conceptos que fueran ya claros, distintos y compartidos por todos los litigantes. Lo que aquí se plantea es una verdadera quaestio de rebus. No podemos, por eso, dejar de hablar de la cosa misma, aunque hayamos de limitamos a establecer algunas afirmaciones sin entrar en su desarrollo.
Sábado, 2 de junio
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández