Mons. José G. Martín Rábago / CEM. 11 de febrero.- En días pasados se aprobó un dictamen en la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados para agregar al artículo 40 de la Constitución la característica de “República Mexicana LAICA”. Pasando por alto los tintes partidistas que esta reforma pueda tener, considero que es importante señalar que la Iglesia católica no teme la laicidad del Estado; más aún, si bien se entiende, la Iglesia promueve el carácter laico del Estado como el recto camino jurídico para el reconocimiento en plenitud del derecho humano a la libertad religiosa.
En uno de los documentos más amplios y sólidos de los últimos años, la Conferencia del Episcopado Mexicano afirmó: “Entendemos y aceptamos la ‘laicidad del Estado’ como la aconfesionalidad basada en el respeto y promoción de la dignidad humana y por tanto el reconocimiento explícito de los derechos humanos, particularmente el derecho a la libertad religiosa (Carta Pastoral del Año 2000 – No. 279
Sábado, 2 de junio
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