Hacia una laicidad positiva
Mons. Felipe Arizmendi Esquivel / CEM. 10 de febrero.
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Prospera en el Congreso de la Unión la iniciativa de reforzar el laicismo en nuestro país, al que astutamente llaman laicidad. En el fondo, se nota un temor de que si no se refuerza al Estado laico, éste puede perder su poder ante lo que llaman el embate de la Iglesia Católica. No nos creen cuando les decimos que nosotros también abogamos por un sano y maduro laicismo, bien entendido. Desconfían, como si pretendiéramos un Estado confesional, en que éste se supedite a una religión y se imponga una sola creencia a toda la sociedad. En otros siglos eso aconteció, porque los Estados eran incipientes y débiles, y se apoyaban, para darse seguridad y protección, en la autoridad que siempre ha tenido la Iglesia. Así sucede hoy todavía en pequeñas comunidades indígenas y campesinas, donde toda la población es de una sola religión, y los disensos son vistos como un peligro para la unidad comunitaria. Los tiempos han cambiado. Hoy existe pluralidad de opciones políticas y religiosas, y no se puede ni se debe imponer la uniformidad.
Sábado, 2 de junio
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