La Iglesia, fiel a su misión
Oficina de Prensa de la Conferencia del Episcopado Mexicano / 8 de febrero.- Algunos reconocidos mexicanos en el mundo del periodismo, la política, la ciencia y de otras instancias sociales, han querido ver a la Iglesia como un estorbo en sus fines de traer para México la modernidad del siglo XXI, e incluso piensan en ella como un ente abstracto o formado por los Obispos, sacerdotes, religiosos y algunos laicos fundamentalista.
Lo que no conocen es que la Iglesia la formamos todos los que creemos en Cristo y en la llegada del Reino de Dios a las mujeres y hombres de buena voluntad. Reino que se caracteriza por la justicia y la paz.
Justicia y paz son parte esencial de la persona humana, y especialmente en estos momentos, todos las anhelamos. Sin embargo, sabemos que estos dos aspectos no son del todo presentes como quisiéramos en nuestra dolorida Patria. Por el contrario, las desigualdades entre ricos y pobres son abismales; ¡qué decir de otros males como la añeja corrupción en todos los niveles sociales, de una educación deficiente, la galopante desintegración familiar, el hastío en la participación política y social, la falta de respeto por los derechos humanos, la desigualdad de género, el narcotráfico y la violencia! La lista es interminable a la hora de enumerar los males endémicos que nos aquejan.
Ante esta situación, parece que estamos sumidos en la frustración y la desesperanza, sin ver una salida pronta a las muchas crisis que vivimos. Para colmo de males, los fenómenos naturales nos vienen a golpear con fuerza, afectando sobre todo a aquellos que menos tienen.
Aunque la realidad nos quiere hacer ver como que todo está perdido; para nosotros los cristianos, no es así. Como los discípulos de Emaús que regresaban tristes y frustrados a su pasado en la aldea de Emaús, su lugar de origen, porque no habían entendido lo sucedido en Jerusalén con la crucifixión de Jesús, así nos pasa a nosotros en muchas ocasiones, queremos volver a un pasado que ya nunca será igual pero que tampoco hemos aprendido de él.
Si bien la situación nos sacude y a veces es adversa, en nosotros está la esperanza y el ardor de Jesús, Palabra encarnada que nos anima a echar una mirada retrospectiva a nuestro acontecer y vivir, para mostrarnos que ahí está Él para manifestarnos su voluntad y compañía. Él nos pide una nueva forma de hacer las cosas en la misión que cada uno tiene en esta vida. No teman, nos dice, porque yo estaré con ustedes hasta el final.
Algunos quisieran acallar la voz de la Iglesia cuando denuncia las injusticias y se pone del lado de los pobres y sencillos, la tachan de soberbia y entrometida en asuntos que no son de su incumbencia. Sin embargo, los cristianos seguiremos siendo fieles al mandato de Nuestro Señor, no silenciaremos nuestras conciencias por intereses de unos o de otros.
Como Institución estaremos del lado de quien más nos necesita: los débiles y sencillos. Muchas personas de nuestro mundo contemporáneo, hacen a un lado a Dios porque no quieren reconocer su responsabilidad de tantos males que nos aquejan; por eso, “el ateísmo contemporáneo no es más que el rechazo de la culpabilidad". Aceptar nuestros errores, respetarnos y sentarnos a dialogar, ayudará a hacer de México un gran país donde no quepan tantas desigualdades y donde impere la verdad, la justicia y la paz.
Sábado, 18 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos