Mons. Rogelio Cabrera López / CEM. 1 de febrero.- “Todos los que estaban en la Sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron [a Jesús] de la ciudad y lo llevaron hasta la barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él pasando por en medio de ellos, se alejó de ahí” (Lc 4, 21-30)
La liturgia de este IV domingo ordinario, es continuación de la lectura que escuchamos el domingo pasado. Recordemos, cómo todos alababan y daban su aprobación a Jesús. Pero cuando les ha dicho que no hará prodigios y le has hecho notar su incredulidad; se llenan de ira y lo rechazan.
En nuestra actualidad, no estamos lejos, lamentablemente, de actuar así. Nos gusta que nos alaben y nos favorezcan en todo, peor si alguien, nos hace notar alguna cosa que hemos hecho mal, aun en tono de corrección fraterna, inmediatamente nos justificamos, buscamos otros culpables o simplemente no le hacemos caso, hasta nos enojamos.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya