Mons. José G. Martín Rábago / CEM. 25 de enero.- Con cuánta frecuencia escuchamos los lamentos de padres de familia, de hermanos o parientes, en general que preguntan angustiados: “¿Qué puedo hacer?, tengo un familiar que se ha vuelto drogadicto” Esta pregunta encierra toda una tragedia que destroza la paz y la serenidad de la convivencia en el hogar, en el trabajo y en los ámbitos de encuentro humano.
Dar una respuesta honesta requiere antes conocer las raíces que producen esta adicción y atender, de manera integral, a la persona que cae en los tentáculos de este vicio que destruye la vida propia y la de las personas que están cercanas.
Sábado, 2 de junio
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