
El arzobispo de México, cardenal Rivera Carrera, emite un pronunciamiento ante la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, permitiendo a estas parejas adoptar de conformidad con la normatividad del Código Civil para el Distrito Federal.
De acuerdo con el arzobispo primado, las reformas a los Códigos Civil y de Procedimientos Civiles dejan ver la "aberración" que implica tolerar matrimonios entre personas del mismo sexo. De acuerdo con el prelado:
1.- La Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha aprobado una ley inmoral que golpea en su estructura más íntima a las familias mexicanas.
2.- Las reformas a los Códigos sustantivo y adjetivo en materia civil abre las puertas a una perversa posibilidad para que estas parejas puedan adoptar a niños inocentes, a quienes no se les respetará el derecho a tener una familia constituida por una madre y un padre, con los consecuentes daños psicológicos y morales que provocará tal injusticia y arbitrariedad.
3.- La propia naturaleza humana ha dictado las bases de la institución del matrimonio heterosexual, para bien de los contrayentes, para la generación y educación de los hijos, y para la formación sana y adecuada de la sociedad.
4.- La Iglesia considera una aberración equiparar las uniones entre personas del mismo sexo con el matrimonio.
5.- Con las uniones entre personas del mismo, la madre y el padre se convierten sólo en palabras y los sexos carecen de sentido.
6.- Los niños y jóvenes corren un gravísimo riesgo al ver como normales este tipo de uniones, y pueden entender equívocamente que las diferencias sexuales son un simple tipo de personalidad.
7.- No existe ningún fundamento racional o ético para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia.
8.- El matrimonio es santo; las relaciones homosexuales contrastan con esta realidad.
9.- Las uniones entre individuos del mismo sexo no tienen futuro.
10.-En la Sagrada Escritura las relaciones homosexuales son reprobadas. (cf. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10)
11.- La aprobación de estas reformas son embates del Maligno que no van dirigidos sólo contra la Iglesia, sino contra los principios y valores de la familia, tan querida y apreciada en nuestra patria.
12.- Los diputados de la Asamblea Legislativa que han aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo, darán cuenta de ello delante de Dios y el juicio constante de su propia conciencia, que les dice que han hecho un gran mal a la familia y a la sociedad.
Ofrecemos el pronunciamiento del cardenal arzobispo primado como fue publicado en SIAME:
Pronunciamiento del Cardenal Norberto Rivera Carrera sobre la ley que aprueba las uniones homosexuales en el DF
En vísperas de las fiestas sagradas de la Navidad, una vez más hemos visto con impotencia, dolor y consternación, cómo la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha aprobado una ley inmoral que golpea en su estructura más íntima a las familias mexicanas, institución sobre la cual nuestro país ha construido su rica historia, sus valores y su espiritualidad.
Esta ley -que equipara la unión entre personas del mismo sexo con el matrimonio entre un hombre y una mujer- ha abierto las puertas a una perversa posibilidad para que estas parejas puedan adoptar a niños inocentes, a quienes no se les respetará el derecho a tener una familia constituida por una madre y un padre, con los consecuentes daños psicológicos y morales que provocará tal injusticia y arbitrariedad. Esto, desde luego, es absolutamente inadmisible y condenable.
Debemos recordarles a nuestros legisladores que la unión conyugal entre un hombre y una mujer es la única capaz de procrear, y que esto no es cuestión de concepciones religiosas sino de una realidad. La propia naturaleza humana ha dictado las bases de la institución del matrimonio heterosexual, para bien de los contrayentes, para la generación y educación de los hijos, y para la formación sana y adecuada de la sociedad. Por ello, la Iglesia considera una aberración equiparar las uniones entre personas del mismo sexo con el matrimonio, pues éstas son incapaces de alcanzar los fines que dieron origen a esta imprescindible institución que, para los cristianos, no obedece sólo a una forma de organización social, sino que es un orden instituido por Dios desde la creación del mundo, y sobre esta voluntad divina que rige la moral conyugal no puede estar ninguna ley humana. Tal pretensión no es más que soberbia, e inevitablemente llevará a la sociedad a la ruina, lo cual nos preocupa hondamente.
Con las uniones entre personas del mismo, la madre y el padre se convierten sólo en palabras y los sexos carecen de sentido. Nuestros niños y jóvenes corren un gravísimo riesgo al ver como normales este tipo de uniones, y pueden entender equívocamente que las diferencias sexuales son un simple tipo de personalidad, dejando así de apreciar la dualidad de la sexualidad humana, que es condición de la procreación y, por tanto, de la conservación y desarrollo de la humanidad.
Por otra parte, queremos dejar en claro que las uniones entre individuos del mismo sexo no tienen futuro, toda vez que son pocas las personas homosexuales que desean unirse bajo este esquema con su pareja, lo cual se puede observar en los países que ya cuentan con esta ley, y en los que se aprecia una tendencia a la baja en el número de uniones de esta índole.
La decisión tomada arbitraria e irresponsablemente por los diputados del Distrito Federal va en contra de la voluntad de la inmensa mayoría de los ciudadanos, según lo demuestran las encuestas, de modo que los legisladores han atentado y, una vez más, como sucedió con la criminal ley del aborto, se han burlado de la sociedad, la familia y los valores del pueblo mexicano, al rechazar la solicitud formulada tanto por instituciones como por personas, quienes exigieron realizar un referéndum entre la población. Al negarse a hacer uso de este recurso de participación ciudadana, que el mismo partido que gobierna en el Distrito Federal promovió en su momento, convierte esta ley en una imposición que contradice la democracia y la libertad que pretenden construir.
Por otra parte, negarle a alguien que pueda casarse con otra persona de su propio sexo no es discriminarle, sino reconocer y defender al matrimonio como institución esencialmente heterosexual. Una unión formal entre personas del mismo sexo será todo, pero jamás un matrimonio, y desde los valores cristianos siempre será inmoral.
La Iglesia sostiene que el matrimonio fue fundado por el Creador, que lo ha dotado de una naturaleza propia, particularidades y finalidades esenciales para colaborar con Él en la creación a través de la generación y educación de los hijos.
De igual forma, la unión matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. El matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Este significado cristiano del matrimonio, confirma y refuerza el valor profundamente espiritual y humano de la unión matrimonial entre el hombre la mujer (cf. Mt 19, 3-12; Mc 10, 6-9).
No existe ningún fundamento racional o ético para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, “cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.
En la Sagrada Escritura las relaciones homosexuales son reprobadas. (cf. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10.) Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta dolorosa, compleja y difícil situación sean condenables, pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. El mismo criterio moral se encuentra en los Padres de la Iglesia y ha sido unánimemente aceptado por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.
Según la enseñanza de la misma Iglesia, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”. Sin embargo, tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad.
Como Pastor de esta amada Arquidiócesis, exhorto a los fieles cristianos a reforzar su fe en Jesucristo ante estos embates del Maligno que no van dirigidos sólo contra la Iglesia, sino contra los principios y valores de la familia, tan querida y apreciada en nuestra patria.
Que la aprobación arbitraria de esta ley inmoral sea el antídoto para que en los demás estados de la República no sigan este perverso ejemplo y se haga lo necesario para defender constitucionalmente a la familia, comprometiéndose los fieles laicos a evitar, por cauces legales, estos atropellos contra la sociedad misma y sus valores más preciados. Así mismo, los exhorto a reforzar sus lazos familiares por la fe y el amor, y a inculcar a las futuras generaciones el valor único de la familia y el matrimonio, fundamentado en la santa unión de un hombre con una mujer en el sacramento del Matrimonio.
Hagamos también oración por la conversión de los diputados que han aprobado esta ley inmoral, pues darán cuenta de ello delante de Dios y el juicio constante de su propia conciencia, que les dice que han hecho un gran mal a la familia y a la sociedad, y puedan arrepentirse de esta conducta que los aleja del seno de la Iglesia y puedan reparar este enorme daño.
Que Nuestro Señor Jesucristo, que vino a Nosotros en la humildad de la carne, reine sobre nuestra atribulada nación, y que la amorosa protección de su Santísima Madre, Nuestra Señora de Guadalupe, se extienda sobre todos ustedes y sus familias.
+ Norberto Card. Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México
Ciudad de México a 21 de diciembre de 2009
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la "ignorancia" es la suya porque hasta la misma palabra.....alteración expresa "enajenación por ser un enfermo dogmatico e intolerante". Vaya al psiquiatra y supere sus trabaderas emocionales
Según sabemos el Jesús historico no instituyo ninguna clase de sacerdocio, en primer lugar porque el era un "laico" y fué precisamente la "casta sacerdotal supersabelotodo" la que lo condeno a muerte. Hasta el Siglo III no se tienen noticias de sacerdotes (que "se creen manipulan a Dios" según sus intereses de Poder, economicos, etc. etc. etc.) ¡ya esta bien de tenerla cogida con los pobres homosexuales! ¿que culpa tienen ellos de haber nacido asi? El mismo Jesús núnca condeno ni discriminó a nadie por su orientación sexual y me imagino que entre tantos discipulos y discipulas muchos(as) lo serian.
"LA HOMOSEXUALIDAD ES UNA ALTERACION EMOCIONAL, en base científica."
Precisamente la ciencia ha demostrado que NO es una alteración emocional.
Cuánta ignorancia...
A mi lo que más me extraña es esa actitud de la Iglesia de creerse siempre en posesión de la verdad. El concepto de "homosexualidad" es muy reciente, San Pablo se refiere a relaciones sexuales con hombres lo mismo que con mujeres pero no sabe lo que es "la homosexualidad" porque en aquel entonces no se disponian de los suficientes conocimientos como tenemos hoy en dia. Pienso que los jerarcas de la iglesia en vez de tanto pontificar, condenar y juzgar por el mismo rasero a los hombres primitivos que a los del siglo 21 (valiendose de la ignorancia del pueblo) deberian de hacer un cursillo para ponerse al dia en ciencia, medicicina, psicologia etc y no tanta escolastica obsoleta que lo unico que servia era para rebatir y estar a la defensiva.
Mire Monseñor: Dejennos en paz.Preocupesen de los pobres, de los necesitados y dejense de soflemas homofobas marginandonos.
Haga examen de conciencia y vea su Vd. vive y precida lo mismo de Jesús.
Monseñor,no insistan por que no les hacemos caso. Sabemos que Dios nos quiere como semos.
Fray Bernardo Cristianos Gays
Mire Monseñor: Dejennos en paz.Preocupesen de los pobres, de los necesitados y dejense de soflemas homofobas marginandonos.
Haga examen de conciencia y vea su Vd. vive y precida lo mismo de Jesús.
Monseñor,no insistan por que no les hacemos caso. Sabemos que Dios nos quiere como semos.
Fray Bernardo Cristianos Gays
La iglesia ha hecho un flaco favor a las familias, aceptando entre sus clérigos a tanto homosexual, estos sacerdotes que nunca debieran haber sido ordenados, y más pronto que tarde habría que preguntarse si al igual que se invalida un matrimonio, por el bien de las familias, no debieran invalidarse centenares de ordenaciones sacerdotales, bien, estos sacerdotes están adoctrinando a nuevas generaciones hacia una cultura homosexual, bien a través del hedonismo o de la imagen de muchos sacerdotes, o en conversaciones de despacho y confesiones.
Abuelos y padres, atención.
Basta de victimismo, es un rasgo muy típico entre otros de las personas con atracción hacia el mismo sexo, especialmente en los hombres.
Una cosa es trataros con cariño y respeto, yo diría como a cualquier persona, faltaría más, pero por supuesto deciros la verdad os duela donde os duela.
LA HOMOSEXUALIDAD ES UNA ALTERACION EMOCIONAL, en base científica.
LA HOMOSEXUALIDAD ES UN NEGOCIO, en base sociológica.
Y no digo nada en base moral que no es lo mío.
¡Cuánto desprecio!, ¡Cuánto asco hacia nosotros, los gais, expresan estas palabras! Reconocer nuestro amor es obra del Maligno. Por lo visto, somos los grandes enemigos de la Iglesia, la familia, la sociedad y la humanidad en conjunto. ¡Qué cinismo y falta de vergüenza hablar despues de acogernos con compasión! Si lo que quisieran es vernos en la cárcel. Estos señores anteponen su ideología, que nada tiene que ver con la Biblia, al mandamiento del amor. En realidad defienden que nuestro amor es diabólico. Ándense con cuidado, pues la blasfemia contra el Espíritu Santo es el único pecado que no se perdonará ni en esta vida ni en la otra.
Sábado, 2 de junio
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