
Fr. Antonino Peinador / Semanario Koinonía. Arquidiócesis de Puebla. 20 de diciembre.- Hoy se muestra la bondadosa providencia de Dios. Cuando se recita el Rosario, al llegar al segundo misterio de los “gozosos” se proclama diciendo: “La Visitación”. Es directa alusión el pasaje que se lee en el Evangelio este domingo.
Composición de lugar
En el Segundo Domingo de Adviento vimos a Juan Bautista colocando las manos haciendo bocina a su boca para gritar: “Preparad el camino del Señor...”
En el Tercer Domingo le vimos atendiendo a todos los que dóciles al espíritu de conversión, le preguntaban: “¿Qué debemos hacer?” El Bautista da a cada uno el consejo oportuno...
Estamos ya en el Cuarto y último Domingo de Adviento. El Evangelio nos dice cómo la Providencia de Dios dispuso al gran profeta Juan para ser el heraldo del Rey omnipotente y eterno.
La Visitación
Hoy se muestra la bondadosa providencia de Dios. Cuando se recita el Rosario, al llegar al segundo misterio de los “gozosos” se proclama diciendo: “La Visitación”. Es directa alusión el pasaje que se lee en el Evangelio este domingo.
María, cuando la Anunciación, recibe al ángel que le da el mensaje que ha de ser Madre de Dios. Y para dar certeza del anuncio le dice: “Mira, tu parienta Isabel ha concebido un hijo en su vejez. Y ya es el sexto mes de su embarazo” (Lc. 1,36). A estas palabras responde con su “fiat”, que es “plena aceptación” del ruego que le hace Dios de que sea su Madre. Es el momento de la Encarnación de Jesús en el vientre de María.
El ángel tiene prisa para llegar a la presencia a Dios, y decir que el encargo estaba cumplido, que María había aceptado el riesgo de ser la Madre de Dios. También María tiene prisa. Le aguijonea la caridad de Cristo hacia el servicio y ayuda (2 Cor. 5, 14). Por eso “María se levantó con presura y se fue por los montañas a casa de Isabel”.
¿Por qué fue María a ver a Isabel? ¿A qué fue la Madre de Dios? ¿Por qué no vienen los demás a rendirle culto, pues ya tiene al Mesías en su vientre? El sentido vacuo humano hubiese intentado que todos supiesen el embarazo milagroso que había operado Dios en ella. Cualquier otra mujer hubiese buscado la reverencia, y la alabanza de vecinos y parientes...
¿A qué va María a casa de Isabel? No. A María no le impulsa ningún sentido de vanidad ni presunción humanos. Cualquier madre sabe los trabajos de la gestación, sobre todo en la parte final. Sí, María cumple este primer sentimiento de ayuda en la material. No es un sentido lírico o imaginativo pensar, con los mejores autores, que María es llevada del Espíritu Santo, que la había fecundado (Lc. 1, 15).
María quería felicitar a su prima por el feliz acontecimiento de su gestación, que ahora sabía de parte del ángel. También, quería descongestionar su espíritu y corazón que estaba sometidos a emociones demasiado intensas para soportarlas. Necesitaba esa descarga emocional.
María Cristófora
(Es la que lleva a Cristo). También tenía muy claro cómo los hijos de ambas estarían unidos por vínculos de sus respectivas empresas: Preparar e instaurar el “Reino de Dios”. ¿Quería María hablar con Isabel del misterio y ministerio de sus hijos? Lo que primero y más directamente se desprende del Evangélio, es que María quería santificar aquella casa amiga y muy querida; de manera especial quería la “santificación de quien tenía la gran misión de abrir el camino a Dios”.
Con delicada elegancia y respeto a una anciana, es María quien habla primero para saludar; pero -¡Oh grandeza y bondad de Dios!- “en cuanto Isabel oyó la voz de María, quedó llena del Espíritu Santo” y el hijo que llevaba en el vientre, también sintió la fuerza de la gracia de Dios, “y saltó de gozo en el vientre materno”. Esta es la misión de María: Llevar al Salvador al mundo entero.
Este misterio es de gozosa expectativa introductoria a la fiesta que ya se nos mete por las puertas: El Nacimiento de Jesús de María Virgen. Ya podemos felicitar a María porque “ha creído con fe perfecta”.
Aplicación a la vida
Por decirlo de alguna manera, es nuestra última oportunidad para prepararnos al nacimiento del Salvador. Hagamos un último esfuerzo por poner la casa del alma deslumbrarte de limpia para recibir a Jesús. Una confesión oportuna y una muy devota comunión, con propósito firme de vivir como dignos hijos de Dios, serán de efectos de santificación.
–María e Isabel viene a visitarnos. El misterio de la Visitación desborda de alegría. Si en el mesón no encontraron acomodo la Sagrada Familia, la casa de Isabel espera la llegada de María. Es invitación a que cada uno reciba a María que nos da a Jesús: Nos lo da para nuestra santificación.
–¿Será necesario insistir, que ante la inminencia del alumbramiento de María, queramos ver y adorar al recién nacido? ¡Quién lo viera y quién la vio -dice el poeta-, a Cristo cuando nació!
–Ante las palabras de Isabel a María, que la señala como mujer de fe, -dichosa tú que has creído-, cabe peguntarnos ¿Cuál fue el alcance de la fe de María? ¿Cómo es nuestra fe?
–Si la disponibilidad al compromiso y a asumir los heroicos retos que conlleva la maternidad divina la hacen predilecta de Dios, ¿Qué esperamos nosotros para decir a Dios que se haga su voluntad en cada momento? La fe sumerge a María en la oscuridad para ser modelo a todos nosotros. Con ella tenemos que avanzar en nuestra peregrinación, estando seguros, que con los pastores encontraremos a Dios en vuelto en pañales. Y nosotros tenemos que creer...
Sábado, 2 de junio
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