Mons. Carlos Quintero Arce / CEM. 18 de diciembre.- Hemos leído con verdadero asombro que en México la corrupción se encuentra en todas partes: en el gobierno, en los sindicatos, en las escuelas, en las Iglesias (de diversas denominación) y la encontramos en las calles, etc.
1.- Me impresionó oír que el Gobierno de Estados Unidos después de felicitar al gobierno mexicano por el combate al narcotráfico advierte que “la corrupción a través de las instituciones públicas de México siguen siendo el principal impedimento para reducir exitosamente el poder de los Carteles de la droga”.
Y hemos leído también en varios periódicos locales que los servidores públicos en los diferentes niveles de gobierno se aprovechan de sus funciones para enriquecerse de manera ilícita, para actuar de manera prepotente y que venden plazas, contratos o favores obteniendo dinero de manera corrupta. No solo hemos leído sobre nuestros servidores públicos sino también también que algunos empresarios se corrompen para conseguir contratos millonarios.
Hemos leído con verdadero asombro que en México la corrupción se encuentra en todas partes: en el gobierno, en los sindicatos, en las escuelas, en las Iglesias (de diversas denominación) y la encontramos en las calles.etc.
Sin duda, como leemos en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (cf.447), que entre las causas que determinan el subdesarrollo y la pobreza está la CORRUPCIÓN. Sin duda la corrupción “priva a los pueblos de un bien común fundamental, el de la legalidad: respeto de las reglas, funcionamiento correcto de la sin instituciones económicas y políticas, y de toda trasparencia” (estas son palabras del consejo de Justicia y Paz).
2.- Luchemos por tanto para disipar la corrupción. Yo estoy seguro que no estamos condenados fatalmente a tener entre nosotros la corrupción, pero tampoco nos enfrentamos a un nuevo fenómeno. Ya en el Evangelio leemos un hecho antiguo de corrupción cuando los Sumos Sacerdotes Judíos dieron una buena suma de dinero a los soldados para falsear su testimonio y en lugar de reconocer que dormían cuando Jesús Resucitó, afirmaran que sus Discípulos habrían robado su cuerpo (cf. San Mateo 28,11-15). Es interesante leer cómo San Agustín se burla, siglos después, de tales testigos dormidos y escribe: “si nada vieron, ¿cómo pueden ser testigos?.
Luchemos pues contra la corrupción para tener un país de Leyes, un Estado de Derecho, una nación en la que todas las personas actuemos honradamente. Busquemos que nuestras instituciones funcionen bien. No nos opongamos a que se castiguen los actos de corrupción, sea donde sea o en quien se dieren. Sin duda no se corrige la corrupción con nuestras buenas intenciones.
Porque estamos seguros que en nuestro querido México la corrupción es la causa no pocas veces de injusticias e incluso muertes. Sobre todo entre los más pobres de nuestro alrededor.
Yo creo que para erradicar la CORRUPCION debemos de erradicar la impunidad entre los Políticos, Senadores, Diputados, Empresarios, Líderes y Sindicatos. Debemos de privilegiar la Educación y la formación moral de todos los ciudadanos. Apoyemos todos los Movimientos y Organizaciones que van contra la corrupción. También es necesario denunciar cualquier campaña para que se castigue conforme al Derecho vigente.
Como Cristianos debemos de hacer un gran esfuerzo personal, además pedirla ayuda Divina. Nuestros obispos renovaron la Consagración de México al Espíritu Santo y le pidieron que nos ayude a seguir adelante, mediante la conversión, el cambio de estructuras y una actitud cada vez más justa y solidaria.
Afectísimo en Jesucristo; Les Bendigo de todo corazón.
+ Mons. Carlos Quintero Arce
Arzobispo Emérito de Hermosillo
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