
El líder que no defrauda
Semanario Koinónía / Arquidiócesis de Puebla. 06 de diciembre.- Mucho se ha especulado sobre un levantamiento social en el próximo 2010 siguiendo la lógica de cada cien años ocurre una revolución en nuestro país (1810, 1910, 2010). Algunos fantasiosos agoreros hacen alarde y descubren oportunidades para ello, recreando y lanzando críticas a los sistemas establecidos en vez de proponer y dialogar posibles caminos de entendimiento y acción. Pero también se les olvida a todos ellos que un verdadero movimiento que transforme las estructuras y las sociedades debe tener caudillos que los impulsen, y ahí está el problema.
Un cambio verdadero, una transformación radical, sólo la puede lograr un verdadero “Mesías”. Etimológicamente, la palabra “Mesías” procede del término hebreo mashiah, que deriva a su vez de la raíz mâshah, que significa “ungir”. El “mesías” es aquel que ha sido ungido. Dicho de otro modo, ese ser excepcional en el sentido estricto de la palabra, radicalmente diferente al profeta. Pues éste actúa no sólo en lo que dice, sino en su ser. El “mesías” es un enviado, un llamado a restablecer el orden perdido, por eso resulta mucho más difícil proclamarse “mesías” que declarase profeta o jefe de secta. Al contrario de lo que sucede con el simple líder carismático, el “mesías” debe demostrar constantemente su impregnación divina. Por eso proliferan en la actualidad los milagros y abunda el teatro. El falso “mesías” necesita decorado, puesta en escena.
Los católicos creemos, sostenemos y afirmamos que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Cristo, el Mesías enviado por Dios. Jesús es, pues, el Ungido de Dios. Los católicos esperamos la segunda venida de Jesús para la restauración final y por eso nos recomienda estar atentos y no confiar en cualquiera que se diga su emisario. Jesús envía, manda a sus amigos en su nombre y para caracterizar su ministerio, se sirve de la imagen del “Buen pastor” que conoce a sus ovejas por su nombre, esto significa que no las conoce sólo en el exterior y anónimamente, sino desde dentro. Si añade que, además de conocer a sus ovejas, éstas a su vez le conocen, quiere decir que ha entrado en su intimidad no con artimañas, sino dándose a conocer en el decurso del encuentro.
Hay verdaderos y falsos líderes. Puede haber muchas definiciones de lo que es un líder. Podemos definirlo de esta manera sencilla: un líder es aquel que es capaz de llevar a los demás hacia el bien, sin forzarlos, sino respetando totalmente su libertad. Jesucristo llena esta definición perfectamente. Al invitar a los demás a seguirle no les escondió absolutamente nada, no sólo aclaraba las cosas desde el inicio, sino también les dio oportunidades después para echarse para atrás. Él no les forzaba a seguirle, pero ellos sentían una atracción tan grande hacia su persona e ideales que se sintieron incapaces de abandonarle. Las personas sentían mucha seguridad en su presencia. Podemos decir que el liderazgo de Cristo consistió en llenar a las personas con una plenitud misteriosa y profunda.
Jesucristo no defrauda a ninguno de los que pronuncian su nombre con su vida, y es para ellos como un pozo profundo de donde cada uno saca su experiencia dulce y queda saciado, con la única hambre de hacer y decir lo mismo que Él, sin ganas de llenar sus ánforas de otras aguas.
Sábado, 2 de junio
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