
Pbro. Héctor Pérez Villarreal / Semanario Koinonía. Arquidiócesis de Puebla.-
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.
Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre”.
Palabra del Señor.
Reflexión
Leemos al evangelista Marcos que en sus últimos capítulos antes de comenzar la narración de la Pasión, sitúa este texto de carácter apocalíptico. Por lo tanto, para comprenderlo tenemos que saber que el lenguaje apocalíptico utiliza imágenes e ideas que buscan describir algo distinto a lo que dicen literalmente.
Con este presupuesto, reconocemos tres elementos en el evangelio de hoy: primero, el anuncio de la inminente llegada del Mesías, el Salvador; cuando Jesús habla de los eventos cósmicos y la venida del Hijo del hombre, está haciendo alusión a profetas como Isaías y Daniel, que anuncian la llegada del Salvador con esas imágenes. Este anuncio era ya una realidad, que se manifestaría con claridad en la Cruz de Nuestro Señor y su Resurrección. Segundo, otro anuncio sobre la consecuencia de esta venida, “sus elegidos serán congregados”; es decir, que Cristo a venido para unirnos entorno a él y mostrarnos la salvación. Y tercero, una advertencia, “estad preparados” para que ustedes puedan experimentar esta salvación, pues nadie conoce ni el día ni la hora, sino sólo el Padre.
Nótese que no hay un tono de amenaza en las palabras de Jesús, sino un tono de esperanza: “la salvación está por llegar, estad preparados”. Esto por aquellos que han querido llenar de temor a la gente con estos textos, amenazándolos con la condenación si no hacen lo que ellos les están pidiendo. Jesús vino a anunciar la presencia de Dios entre su Pueblo, no a amenazarlo con la condenación.
Actualidad
¿Quién de nosotros puede saber cuándo tendrá un accidente? ¿Quién puede saber con exactitud qué día se enamorará de su futura pareja? ¿Qué pareja puede saber con certeza que ese día engendrarán un hijo? ¿Quién puede saber con exactitud el día y la hora de su muerte? Hay experiencias en la vida para las cuales sólo nos podemos preparar, pero no las podemos “controlar” ni experimentar según nuestro antojo, pues están más allá de nuestras posibilidades. Bueno, pues la salvación no es una de estas realidades gracias a Jesucristo; porque nosotros ya hemos sido salvados y lo único que debemos hacer es vivir de tal manera que no “perdamos” tal salvación. Esta salvación consiste en el hecho de que Dios camina ya, hoy, con nosotros; y en la esperanza que un día viviremos plenamente identificados con Él. Es como si nos hubieran dado el boleto de lotería ganador y lo único que debemos hacer es no perderlo. La salvación es una certeza para el cristiano, pero también es una exigencia que pide correspondencia en el amor, el perdón, la gratitud, la apertura a Dios y al prójimo.
La salvación es nuestra, Jesucristo ha cumplido su palabra, con su cruz y resurrección nos ha salvado; sólo falta que sepamos reconocerla en nuestras vidas. Y esta salvación se hace vida desde ahora, no sólo cuando lleguemos al encuentro definitivo con Dios. Desde hoy podemos hacer nuestra esta salvación, viviendo en paz con Dios, uniéndonos a él en la Eucaristía, amándolo en el hermano, en la familia, en el necesitado. La salvación no es algo abstracto, no es un concepto fuera de la realidad; la salvación es unión con Dios que nos brinda paz, es esperanza que nos alienta a seguir luchando, es fidelidad en el amor a quienes nos rodean, es gozo de saber que el bien vencerá al mal, la solidaridad al egoísmo, la paz a la guerra, la gracia al pecado y la vida a la muerte. Este es el mundo de salvación que los cristianos estamos llamados a instaurar, pero se necesitan manos, pies, corazones que lo quieran vivir con fidelidad y con coraje. Cristo ya nos marcó el camino, nos abrió la puerta, nos sembró la esperanza; ahora nos toca a nosotros andar el camino, cruzar la puerta, cosechar los frutos de esta salvación.
Propósito
Jesús nos pide que sepamos reconocer los signos de los tiempos, tal como reconocemos el otoño o la primavera al mirar los árboles; seamos nosotros esos signos que anuncian la llegada de la salvación. No esperemos pasivamente a que alguien nos venga a mostrar que estamos salvados, seamos nosotros signos concretos de que el amor está vivo, que Jesucristo vive entre nosotros. ¿Cómo? Sirviendo, perdonando, amando a quién más te necesite hoy.
Viernes, 17 de febrero
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