Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Soledad sacerdotal

08.11.09 | 18:28. Archivado en Sacerdocio

Semanario Koinonía / Arquidiócesis de Puebla. 8 de noviembre.- En la vida de los presbíteros hay una circunstancia que llama fuertemente la atención: la soledad. Ésta es uno de los aspectos de la vocación sacerdotal que puede tener dos polos de expresión, uno positivo y el otro negativo.

La soledad sacerdotal positiva puede ser vivida como reencuentro consigo mismo, como cultivo de la vida interior, apertura al mundo externo en la profundización y fundamentación de la misión encomendada al sacerdote. Esta soledad tiende a ser sana, gratificante, fecunda, pone al sacerdote de frente a sí mismo y lo abre a la vida como un momento necesario para la toma de conciencia de sí y del otro, como momento para el descubrimiento o profundización de la verdad. Es una soledad que le permite al sacerdote apartarse para orar, para reflexionar, para estudiar, para contemplar, para descansar, para internalizar e integrar sus valores, ideales y estilo de vida. Puede ser una soledad constructiva en la que el sacerdote entra en contacto consigo mismo y esto lo impulsa y le da fuerza para entrar en contacto profundo y cualificado con los demás, como fruto de la integración de su “yo” consistente, de su identidad clara y definida que le permite entrar en contacto con su realidad personal más profunda y entrar en contacto maduro y constructivo con los demás.

La soledad sacerdotal negativa puede ser vivida como ausencia, rechazo o exclusión de los otros, puede ser el reflejo del orgullo o del miedo, puede ser el resultado de la anulación, un lugar para la negación de la verdad. Se puede convertir en patológica, frustrante, llena de odio, desmoralizante, estéril, impulsando al sacerdote a rechazar el mundo externo y el propio Yo. Puede ser un aislamiento en el que no hay espacio para el encuentro, donde el sacerdote se siente excluido y se excluye, se siente alejado y se aleja. Puede ser una soledad por orgullo, por vergüenza, por impotencia o a la fuerza.

Sentir la soledad como carga insoportable puede llevar consigo la tendencia a distorsionarla en aislamiento, como expresión falseada de defensa ante un conflicto entre una imagen de sí devaluada y la imagen de un mundo demasiado exigente y amenazante. El sacerdote percibe como legítimas las exigencias del ambiente y se siente culpable por no poder responder a ellas. Entonces podría defenderse con la vivencia de la soledad como carga pesada y amenazante, transformándola en aislamiento, con la expresión de un estado de vida negativo, destructivo y de desesperación, evitando de esta manera las relaciones interpersonales.

En este año sacerdotal miremos al interno de nuestros sacerdotes, que nuestra cercanía no sólo sea física sino un verdadero camino de luz que les lleve a sentir que en la dulce carga del ministerio, que en la noche de su Jueves Santo, siempre habrá un ángel del Señor que les consuele y conforte.


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Comments
  • Comentario por Mary 09.11.09 | 18:56

    ¡Saludos! Todos los seres humanos podemos vivir dos tipos de soledades una positiva y una negativa, en éste caso se hace referencia a los sacerdotes, probablemente cuando esa soledad va por buen camino los acerca más a Dios a la gente, y cuando es negativa los tal vez lleve a buscar esa compañía en alguién específicamente para no sentirse "solos". Aquí es donde el papel de la comunida pudiera jugar un papel importante, el de aceptar a nuestros sacerdotes y brindarles un afecto y fraternidad sincera.

Viernes, 19 de enero

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