La pureza
04.11.09 @ 05:44:41. Archived Iglesia católica en México

“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” Mc 5, 8
Monseñor Rogelio Cabrera López / CEM. 4 de noviembre.-La pureza es una virtud, que para muchos ha pasado de moda. Pero como toda virtud debe conquistarse día a día. Descubrirla como un valor es difícil, ya que, hoy más que nunca estamos siendo bombardeados de tantas cosas que modifican la integridad del hombre y de la mujer. Sin embargo, las consecuencias que experimentamos de la permisividad están provocando desajustes sociales.
Las aberraciones en la promiscuidad, el acoso sexual, los abusos a los menores de edad y otras realidades, son un claro ejemplo, de cómo está lastimando no sólo la conducta externa sino lo más profundo de la persona.
Paradójicamente hoy exigimos el cuidado del medio ambiente, nos preocupa el calentamiento global y ya no encontramos como frenar la violencia criminal. Pensemos en los asesinatos a mujeres. ¿De dónde viene esa degradación social y por qué hemos llegado a este punto? ¿No será acaso que estamos contaminados espiritualmente? Por supuesto que referirnos a la pureza sólo con las connotaciones sexuales sería muy limitado. La pureza parte del interior y se expresa en la conducta cotidiana. La pureza, debe estar muy unida al concepto de higiene y limpieza, de ahí que lo contrario es suciedad y contaminación. De hecho la misma palabra pornografía ya indica lo sucio, lo feo, es decir la basura. Así como queremos agua pura, no contaminada, también hay que anhelar una sociedad de sentimientos y actitudes puras.
De ahí que purificar significa liberar de todo lo que ensucia, contamina, debilita, impide o cambia la naturaleza de un ser o su actividad. Si el interior está lleno de morbo, venganza, odio, rencor, etc., actuaremos de ese modo; por ello es necesario cuidar y limpiar nuestra intención. Jesús mismo lo decía, que es en el interior del hombre donde nacen las malas acciones que ensucian al hombre (Cfr. Mt 7ss). Hay también un ambiente que puede impedirnos fortalecer el corazón y llevarnos por corrientes tan fuertes que nos arrastren inevitablemente.
Como en todas partes, donde falta la higiene, sea de la casa o de la persona, vienen una serie de enfermedades e infecciones que afectan terriblemente. Esto también lo podemos aplicar a las realidades espirituales, ya que quien vive cotidianamente impuro o sucio de intención, pronto llegará a destruirse.
En el catecismo de la Iglesia católica hay una bella exposición sobre la pureza, explicando que, la causa de esta situación es porque hemos perdido el pudor, o el respeto a nosotros mismos y a lo sagrado que representamos: “La pureza exige el pudor. Este es parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado. Está ordenado a la castidad, cuya delicadeza proclama. Ordena las miradas y los gestos en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entre ellas. El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa; exige que se cumplan las condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer entre sí. El pudor es modestia; inspira la elección de la vestimenta. Mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana; se convierte en discreción”. (2521-2522).
Es necesario sanear el ambiente y nuestro entorno. Estamos siendo víctimas de la pérdida de respeto a la integridad de la persona, el pudor se ha olvidado, la gente se mueve con mayor desvergüenza, en nombre de la libertad. Por supuesto que el pureza no se mide por centímetros de tela sino por la intención que acompaña el modo de ser y de actuar.
La sana libertad y la responsabilidad controlan la permisividad: “Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una concepción errónea de la libertad humana; para llegar a su madurez, ésta necesita dejarse educar previamente por la ley moral”. (2526).
Necesitamos una sociedad más sana, que se autolimite para frenar la falta de respeto a la propia dignidad, porque donde hay amor hay limpieza de corazón. Donde no hay amor falta todo. Pues no ver a Dios, impide mirar limpiamente a los demás. Sin Dios habrá siempre un vacío existencial.
+ Mons. Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez
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Guillermo Gazanini Espinoza
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