Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Fraternidad sacerdotal

03.11.09 | 06:10. Archivado en Sacerdocio

Semanario Koinonía / Arquidiócesis de Puebla.- La vivencia de la fraternidad sacerdotal, desde la dimensión humana, está fuertemente condicionada por la calidad de las relaciones humanas que el sacerdote establece con los demás presbíteros. Las relaciones fraternas sacerdotales por ser relaciones humanas y por realizarse con un grupo particular de personas, son una expresión profunda y compleja de la personalidad, porque en las relaciones humanas se involucran los pensamientos de una persona con los de otra; los sentimientos de una persona con los de otra; las ideas de una persona con las de otra; las percepciones, las motivaciones, los ideales, las aspiraciones, los intereses, la cultura, la jerarquía y la vivencia de los valores evangélicos y de las promesas sacerdotales, la educación familiar y en general la personalidad y el comportamiento de una persona con los de otra.

Muchos son los factores que entran en juego en las relaciones fraternas sacerdotales, son algo más extenso y complicado de lo que podemos imaginarnos. No se trata sólo de ofrecer frases de cortesía, sino de comprometer la vida con quienes se pretende vivir como hermanos y de esforzarse por comprender el comportamiento y las necesidades propias y el comportamiento de los demás y sus necesidades.

Para lograr unas buenas relaciones con un hermano sacerdote no son suficientes las reglas de cortesía y el buen saludo; conviene saber los móviles del por qué del comportamiento de cada uno, cuáles pueden ser las motivaciones que impulsan a obrar a la persona: madurez e inmadurez, seguridad y timidez, autovaloración y complejos, cualidades y defectos, por lo cual, para mejorar la fraternidad sacerdotal es necesario ir más allá de las reglas de cortesía, aunque esto también es necesario.

Las buenas relaciones humanas como fundamento de la fraternidad sacerdotal, favorecen caminos de encuentro entre los miembros que integran los presbiterios, para que cada sacerdote se santifique y sea, en la medida de lo posible, imagen viva de Jesucristo el buen pastor. La atención privilegiada a la fraternidad sacerdotal, no es sólo un reclamo de moda, es más bien una exigencia que brota de la raíz misma de la naturaleza humana y cristiana.

La teología de comunión que floreció después de la doctrina conciliar sobre la Iglesia como Pueblo de Dios, subraya que sobre la base de la comunión eclesial surge la necesidad de la fraternidad sacerdotal como uno de los modos de experimentar la nueva fraternidad. Un lugar donde cada uno de sus miembros se sienta aceptado, respetado, tomado en consideración, estimado, valorado, perdonado, ayudado, apoyado y amado entrañablemente como Cristo nos amó. Así cada presbiterio está llamado a pasar de ser un lugar donde se da sólo una convivencia funcional entre sus miembros a una comunión de personas que viven la fraternidad.

La fraternidad sacerdotal es uno de los factores humanos que adquieren una creciente importancia para la vida sacerdotal, porque para llegar a ser hermanos es necesario conocerse y para conocerse es necesario comunicarse de manera más amplia y profunda, compartiendo bienes materiales, espirituales, afectivos y prácticos.


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