Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Derecho de sangre

19.10.09 | 18:59. Archivado en Análisis y Opinión
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Por Jorge Pérez Uribe

Conozco a Laura desde que ella estudiaba Odontología en la UNAM. Atractiva como es común en las egresadas de esta profesión, luchó a brazo partido por abrirse camino y crear una clientela. Hace cerca de dos años murió su padre, trabajador de Luz y Fuerza del Centro (LFC), lo que dejaba vacante la plaza que ocupaba –plaza que como en otros sindicatos son hereditarias-. Indudablemente que esta situación provocó en Laura un conflicto interno, ya que ella estaba contenta ejerciendo su profesión; pero ¿qué hacer con la herencia de la plaza? Si ella no la tomaba sería subastada en cientos de miles de pesos para enriquecer más a los líderes sindicales y por otra parte le podría significar un ingreso seguro por varios miles de pesos, envidiables prestaciones y la posibilidad de una buena pensión que de otra forma no obtendría; además de que el horario de trabajo le dejaría libre la tarde para atender a su clientela.

Probablemente todavía con algún cargo de conciencia, tuvo que hacerse violencia para tomar la decisión; no estaba cometiendo ningún acto ilícito, no estaba violando ninguna ley, simplemente estaba ejercitando su “derecho de sangre” como por siglos se ha efectuado en las monarquías, en donde se heredan los títulos junto con las propiedades, rentas y alcabalas que les son propias.

Mitología democrática y monarquismo
Desde la escuela primaria, fuimos vacunados oportunamente contra el sistema monárquico. Recuerdo como temblaban de emoción los maestros cuando repetían el texto constitucional del artículo 12: “En los estados unidos Mexicanos no se concederán títulos de nobleza, ni prerrogativas y honores hereditarios...” y se remontaban a la historia para recordar el fusilamiento de Agustín de Iturbide y Maximiliano de Habsburgo, los dos hombres que osaron ostentar el título de emperador. Seguía la perorata de la igualdad de los mexicanos ante la ley y la quema de incienso a Don Benito Juárez y a los próceres de la revolución.

Después ya en la vida práctica aprendíamos que las cosas no eran como se nos enseñaron, sino como, atinadamente señalaba el historiador Daniel Cossío Villegas cuando hablaba del sistema político mexicano como “una monarquía hereditaria que se transmitía cada seis años en forma transversal”, aprendimos que existía una aristocracia formada por las familias Elías Calles, Cárdenas, Alemán, Salinas, Reyes Heroles, Del Mazo, Hank y cientos de apellidos más, de las cuáles surgían y surgen alcaldes, gobernadores, legisladores y funcionarios públicos.

El ejercicio de este “sagrado derecho” fue el que llevó al hijo del presidente Lázaro Cárdenas a buscar en dos ocasiones la presidencia, aunque para ello tuviera que abandonar el partido de su padre y fundar el PRD. En forma similar Amalia García, también del PRD, llegó a la gubernatura de Zacatecas, que bajo las siglas del PRI gobernó su padre; y para no perder la tradición familiar ya ha hecho senadora a su hija Claudia Corichi.

Afortunadamente no en todos prendió la vacunación ideológica-dogmática de la “educación revolucionaria”. Es más personalmente no me declaro con prejuicios frente al sistema monárquico y es quizás por eso que puedo ver claramente que hemos vivido en un sistema que se asemeja más al monárquico que al democrático. Pienso que quizás tengamos un atavismo genético que inconcientemente nos lleve a ello y no sería difícil, ya que nuestras raíces indígenas e hispanas fueron monárquicas por siglos. Y es más, tendemos más hacia una monarquía no constitucional, del tipo absolutista, en donde el Presidente es el amo y señor de las voluntades de sus siervos; de ahí que se recuerda positivamente y con nostalgia a aquellos que han gobernado de esta forma: Benito Juárez que siempre gobernó con “facultades extraordinarias”, Porfirio Díaz y las dictaduras priistas hasta Carlos Salinas. En cambio han sido repelidos como débiles los gobernantes democráticos: Francisco I. Madero, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón.

Cuando nos favorece aceptamos los beneficios monárquicos de plazas sindicales, becas, curules, etc., “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, clama el cinismo popular.

Además de la aspiración a un monarca fuerte, aspiramos a la existencia de virreyes estatales, que llamamos gobernadores y Jefe del D.F., dueños de los congresos locales e institutos y tribunales electorales, posición que los gobernadores panistas aún no aprenden a manejar como sus correligionarios priistas y perredistas, que ganan de todas, casi todas.

Un poco de historia
El SME es uno de los sindicatos más antiguos de México, creado desde el Porfiriato en versión mutualista, y muy poco después ya con el nombre actual. De sus filas salió el primer gran líder obrero de México, Luis N Morones, fundador de la CROM, que fue también la primera gran confederación obrera. Morones no sólo logró reunir una gran fortuna, sino que también llegó a ser secretario de Estado (de Industria, Comercio y Trabajo, con Calles, 1924-1928). Su conflicto con Obregón, y el asesinato de éste, provocaron la caída de Morones (llamada entonces el “desmoronamiento”). (1)

Luz y Fuerza del Centro era una empresa privada canadiense The Mexican Light and Power Co., a la que el presidente Adolfo López Mateos, salvó de la quiebra, “nacionalizándola”, mediante el pésimo negocio de pagar 70 millones de dólares por una empresa que debía 78 millones de dólares, con lo que pagamos la compra y después la deuda. Para tal efecto el presidente Adolfo López Mateos envió al senado el proyecto de reforma al Artículo 27 constitucional, el cual fue aprobado y publicado en el Diario Oficial el 23 de diciembre de 1960, quedando a partir de ese momento, consumada jurídica y financieramente la nacionalización de la industria eléctrica, celebrándose un masivo acto en el Zócalo para festejar que “la luz era nuestra”.

Dado el desastre financiero que representaba, mediante un decreto de diciembre de 1974, se autorizó la disolución y liquidación de la empresa, pero José López Portillo en lugar del cumplir con él, optó por otro pésimo negocio la “nacionalización de la banca”.

A cambio del apoyo en 1988 a su candidatura Carlos Salinas de Gortari, no sólo se comprometió a no liquidarla en su sexenio, sino que en 1994 mediante un decreto presidencial descentralizó la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, transformándola en Luz y Fuerza del Centro, con personalidad jurídica y patrimonio propio, es decir reviviéndola. El SME participó activamente en la candidatura en 2006 de López Obrador y en las elecciones de julio pasado apoyando al PRI.

El asunto de su liquidación estuvo en el escritorio del presidente Vicente Fox, quién no se atrevió a dar el paso, ante la negativa de los secretarios priistas Alfonso Caso y Francisco Gil Díaz.

En este caso la aceptación popular de la población usuaria que por décadas ha tenido que soportar la ineficiencia, la negligencia, el abuso y el despotismo del personal de LFC ha sido generalizada. Todos sufrimos de apagones, variaciones de voltaje que quemaron nuestros aparatos, cobros infundados y excesivos sin derecho a reconsideración.

Es sólo un paso que el “gobierno espurio y débil” de Calderón se ha atrevido a dar y aunque falten aún muchos otros pasos es importante para acabar con los privilegios de esta “casta divina” que se ha venido formando a través de los años y que obviamente defenderá a muerte la subsistencia de sus privilegios.

(1)El Universal, 15 de octubre de 2009, Sindicatos, Macario Schettino


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