Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Los pobres son el desafío...

15.10.09 | 02:32. Archivado en Iglesia católica en México
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Monseñor Carlos Quintero Arce / CEM. 15 de octubre.- El mundo en que vivimos
1.- Es claro y debemos de poner de manifiesto hoy no sólo la imperiosa necesidad de proteger siempre el ambiente y la naturaleza, sino también descubrir su dimensión Espiritual y religiosa más profunda.

Hoy como nunca se ha de ayudar a las personas a que sepan ver en la creación algo más que una simple fuente de riqueza o de explotación en manos del hombre.

En efecto, cuando Dios, con la creación, ha dado al hombre las llaves de la tierra, espera de él que sepa usar de este gran don haciéndolo fructificar de modo responsable y respetuoso.

El ser humano descubre el valor intrínseco de la naturaleza si aprende a verla como lo que es en realidad: expresión de un proyecto de amor y de verdad que nos habla del creador y de un amor a la humanidad, y que encontrará su plenitud en Cristo, al final de los tiempos.

En este sentido, es oportuno recordar una vez más la estrecha relación que existe entre el cuidado del medio ambiente y el respeto a las exigencias éticas de la naturaleza humana, ya que cuando se respeta ecología humana en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia.

2.- He oído con disgusto que en nuestro México hay 40 millones de Mexicanos viviendo en extrema pobreza. Pero acabo de leer que en nuestro mundo con la crisis financiera global las personas obligadas a vivir por debajo del umbral de la pobreza absoluta so más de mil millones.

Pero son más de 100 millones los indigentes que logran obtener fondos de las más de 3,300 Instituciones de Micro-Crédito que hay en el mundo. Se puede afirmar hoy que el micro crédito llega casi a la mitad de los más pobres. En ciertas condiciones estos créditos pueden ayudar a las personas pobres a poner en marcha o a realizar actividades, garantizándoles así un mejor nivel de vida.

La tasa de no restitución es, de hecho, muy baja, aunque las garantías sean tenues o casi inexistentes.

3.- Esta realidad mundial puede ser mejorada con la respuesta de amor puesto en nuestras personas por Dios, saliendo al encuentro de los más necesitados, apoyándolos, compartiendo con ellos. La responsabilidad de cada uno es parte importante en la solución del conflicto.

Traigo a la memoria la Catequesis pronunciada por el Papa Juan Pablo II : “Por eso, en el Nuevo Testamento se anuncia a los pobres la buena nueva de la liberación, como Jesús mismo subraya, aplicándose la profecía del libro de Isaías: «El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la buena nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (cf. San Lucas 4, 18-19; Isaías 61, 1-2).

Es preciso asumir la actitud interior del pobre para poder participar del «reino de los cielos» (cf. San Mateo 5, 3; San Lucas 6, 20). En la parábola de la gran cena los pobres y los lisiados, los ciegos y los cojos, es decir, todas las clases sociales más afligidas y marginadas, son invitados al banquete (cf. Lucas 14, 21). Santiago dirá que Dios «escogió a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que le aman» (cf. Santiago 2, 5).

La pobreza «evangélica» implica siempre un gran amor a los más pobres de este mundo. También nuestra caridad debe traducirse en participación y promoción humana, entendida como crecimiento integral de toda persona.

Aquí no puedo por menos de destacar, una vez más, que los pobres constituyen el desafío actual, sobre todo para los pueblos ricos de nuestro planeta, donde millones de personas viven en condiciones inhumanas y muchos, literalmente, mueren de hambre. No se puede anunciar a Dios Padre a estos hermanos sin el compromiso de colaborar en nombre de Cristo con vistas a la construcción de una sociedad más justa.

La Iglesia se ha esforzado siempre especialmente con su magisterio social desde la Rerum novarum hasta la Centesimus annus, por afrontar el tema de los más pobres. Los cristianos, juntamente con todos los hombres de buena voluntad, deberán contribuir, mediante adecuados programas económicos y políticos, a los cambios estructurales tan necesarios para que la humanidad se libre de la plaga de la pobreza (cf. Centesimus annus, 57).( Juan Pablo II; 27,Oct,1999)”.

+ Mons. Carlos Quintero Arce
Arzobispo Emérito de Hermosillo


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