
Mons: Rogelio Cabrera López / CEM. 121 de octubre.- ¿Qué nos falta para alcanzar la vida eterna?
“Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “sólo una cosa te falta: Ve vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo”
(Mc 10, 17-30)
Este domingo, se nos presenta el pasaje del “joven rico”. Es un pasaje que se ha reconocido así por la presencia de este joven que tenía toda la intención de seguir a Jesús; tal vez se sintió atraído por la presencia de Jesús, por su honestidad, por su libertad; pero sintió el deseo de saber cómo debía hacerle para ganar la vida eterna.
Jesús que ve el corazón y no sólo las apariencias, sin duda que vio en él, buena intención, ya que el mismo joven le denomina “Maestro y bueno”, por lo tanto, le reconocía como alguien de quien podría aprender, pero también que impregnaba su bondad. Simplemente era irresistible este hombre llamado Jesús.
Su pregunta, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?, era una pregunta que se quedaba en el plano de la acción. ¿Qué hago? ¿A quién ayudo? Pero cuando la respuesta de Jesús es radical, debes ser libre de toda atadura, el joven rápido entendió que sus seguridades estaban en sus riquezas y parece ser que no le siguió ya que el comentario de Jesús deja entre ver que aunque le miró con amor, no hubo respuesta favorable.
¿Cuántos jóvenes ricos habremos hoy que pretendemos seguir a Cristo pero sin compromisos radicales? Si Nosotros preguntamos a Jesús ¿Qué debemos hacer para alcanzar la vida eterna? También la respuesta sería un imperativo: Ve y deshazte de eso que te tiene aprisionado: para algunos serán los vicios como el alcohol, la droga; para otros sus sentimientos cargados de falsas razones, odios, rencores, venganzas; otros más, dejar sus infidelidades, incomprensiones, su carácter agresivo, etc.
El Señor nos quiere libres; él sabe que podemos, de hecho cuando los apóstoles le preguntan ¿entonces quién podrá salvarse? Es imposible para los hombres pero no lo es para Dios. En verdad, lo que Dios quiere es que nos demos cuenta que nos hemos atado a tantas cosas, que se han convertido en nuestra riqueza, en nuestro tesoro, que no podemos avanzar.
Aun así el Señor nos promete que dejar todo no significa estar desposeído, sino libres, porque seguirle a él nos enriquece en el amor, en la comunidad, en la identidad.
Cuando el Señor nos ha mirado con amor, no podemos responderle solo con la tristeza y lo apesadumbrado. Muchos vamos así por la vida con las seguridades del trabajo, del placer, de los bienes, incluso de una mala entendida fe, pero tristes y con un enorme peso. Vale la pena responder a la mirada de Jesús, con una mirada de entrega y de confianza.
+ Mons. Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Tuxtla
Sábado, 2 de junio
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