Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Eres sacerdote para siempre

10.10.09 | 06:41. Archivado en Sacerdocio

Semanario Koinonía / Arquidiócesis de Puebla. 10 de octubre.- Nuestro Señor construyó su Iglesia también a través del camino de la Cruz. Mientras subía la cuesta del Calvario, era como si estuviera diciendo: “Tomen su cruz y síganme... Yo soy el Camino”. Cada sacerdote está invitado a caminar por este camino. Cada día está sumergido en este misterio, en el misterio del sacrificio. Pero sabemos que este misterio no se cumple con la muerte, se cumple con la vida nueva de la resurrección.

En muchos lugares del mundo, en nuestra Iglesia particular, los sacerdotes han caminado hacia el Gólgota, han llevado la Cruz del sacrificio y de la persecución. Muchos de nuestros sacerdotes han caminado por el escarpado Vía Crucis y han llevado la Cruz de la persecución. El Vía Crucis sacerdotal durará siempre. Cambian los emperadores, cambian los enemigos, cambian los jueces, pero la Cruz siempre reposará en las espaldas sacerdotales. Algunas veces el sacerdote se doblará bajo el peso de la Cruz. Si antes fue Simón de Cirene quien ayudó a Jesús a llevar la Cruz, en nuestro tiempo es el mismo Jesús Crucificado quien ayuda a llevar la Cruz, el sufrimiento del sacerdote es también su sufrimiento, el sacrificio del sacerdote es también su sacrificio.

El Vía Crucis de Jesús fue el primero pero no el último. La vida sacerdotal, por ser una vida a la secuela de Cristo, es también a la secuela de su Vía Crucis. La Iglesia no se olvidó del Vía Crucis tampoco en la liturgia. Los creyentes vuelven constantemente a ella con fe desde hace siglos hasta ahora, desde el Coliseo romano hasta la iglesita más pobre de nuestras parroquias. En el sacerdote Jesús cae y se levanta. Soporta su soledad. Y perdona.... El Vía Crucis es una santa escuela sacerdotal de vida.

Las promesas sacerdotales de pobreza, castidad y obediencia se proyectan en el corazón sacerdotal desde la cima del Gólgota, bajo la cruz, donde estaba y permanece la más grande fuerza del mundo: el amor de Dios en el Hijo de Dios Jesucristo. Este amor de Dios no se extinguió, no se apagó, no dejó de ser la fuerza salvadora de nuestro mundo ni por un momento. Con las palabras “Padre en tus manos entrego mi Espíritu” Jesús ofreció su vida al Padre como sacrificio. Y fue aceptado. También el sacerdote entrega su vida junto a Jesús en las manos de Dios. Su sacrificio es una enorme fuerza en el mundo, conservada en la Iglesia como la Eucaristía, como fuego de amor en este mundo.

La ordenación sacerdotal cambia muchas cosas: la edad, la salud, las experiencias ¡Se es sacerdote de Cristo eternamente! Por eso Jesús es el modelo del sacerdote, Él lo guía por su misma fe y por su mismo amor, Él le confiere su misma misión y confianza, Él le mantiene vivo en la oración, en la gente, en la Iglesia, Él es el único y gran motivo de su sacrificio.


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