Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Libertad religiosa

09.10.09 | 20:51. Archivado en Iglesia católica en México
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Mons. Carlos Quintero Arce / CEM. 9 de octubre.- Queridos Hermanos, uno de los documentos más innovadores y también más discutidos es la declaración Conciliar “Dignitates Humanae” (7 de Dic, 1965) dedicada a la Libertad Religiosa. Se considera esta Declaración como el más importante de todos los trabajos conciliares y el que mejor los caracteriza ya que este documento es portador de una gran esperanza.

El texto sobre la libertad religiosa nace en un ambiente ecuménico y tuvo como cinco diversas redacciones antes de llegar a la sexta y definitiva que se presentó al Concilio no como una constitución o declaración, sino como un simple capítulo – el quinto – del Decreto sobre Ecumenismo, y se hablaba de una “verdadera libertad religiosa” que debe ser comprendida como un derecho de la persona.

El Estado debe de respetar este derecho y los católicos están llamados a reconocer la buena fe de los miembros de las otras religiones.

Ya algunos meses antes el Papa Juan XXIII había publicado su Encíclica “Pacem In Terris” (11 de Abril de 1963) en la cual recordaba que entre los derechos del hombre esta “también el de poder venerar a Dios, según la recta norma de su conciencia y profesar la religión en privado o en público”

En el Aula Conciliar se levantó un gran debate y recuerdo que el clima se puso muy tenso: se presentó un nuevo texto “Textos Enmendados” que fue reelaborado con base en las 200 observaciones presentadas y enviadas a los Padres Conciliares.

En el nuevo texto la Dignidad de la persona humana está vinculada a la Libertad Religiosa. La Libertad Religiosa es un derecho Universal y conocible para todos, fundamentado sobre la dignidad de la misma persona; si afirmación no equivale a poner la verdad o la falsedad a un mismo nivel, puesto que permanece el deber de formarse una verdadera conciencia. Debemos siempre decir que la Iglesia Católica es la única verdadera Religión.

La Libertad no cancela la obligación moral de buscar la verdad, pues la ausencia de coacción mira a hacer más humana esta obligación.

La Declaración sobre la Libertad Religiosa ha tenido gran importancia en la Historia reciente, y se le ha dado un crédito inédito en el escenario mundial.

Cuando el Papa Pablo VI habló en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York (4 de Octubre de 1965), el texto de la Declaración constituyó una óptima tarjeta de presentación, se puede decir que fue “el pasaporte del Papa”. El punto de partida era la dignidad de la persona humana, realidad que interesaba a todos y que la Declaración desarrolla en forma convincente.

Fundamental es la afirmación de que “la verdad no se impone, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas”. Obviamente la libertad religiosa remite al ordenamiento de la persona a la verdad, que la persona queda obligada a buscar.

La Iglesia reivindica el derecho de anunciar el Evangelio a todos los hombres, pero renuncia a la convicción de que el Estado esté obligado a sostener la obra aún con medios coercitivos.

Esto marca un reforzamiento de la independencia de la Iglesia en su misión, no un debilitamiento. Además es innegable que con la Declaración se ha conferido una cierta profundidad teológica al tema de los derechos humanos y ha puesto las bases para un encuentro y un diálogo autentico con las demás religiones y con el mundo moderno en general.

La Declaración Conciliar en una palabra ha hecho a la Iglesia más capaz de dialogar con el mundo moderno e inquietó en la búsqueda de la verdad.

+ Mons. Carlos Quintero Arce
Arzobispo Emérito de Hermosillo


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