
Samuel Gregg / Acton Institute
“El Papa Verde”. Desde la elección de Joseph Ratzinger en 2005, ha sido la descripción más popular de Benedicto XVI. Y en parte ha sido impulsada por hechos como la instalación de páneles solares en el Estado Vaticano y, de forma más significativa, el análisis sobre cuestiones ambientales en muchos documentos pontificios y que será profundizado debido al anuncio sobre el mensaje papal de la Jornada Mundial de la Paz 2010 que versará sobre las relaciones entre la paz y el respeto a la creación.
El problema, sin embargo, es que la publicidad exagerada sobre el “Papa más verde en la historia” –para citar los encabezados- puede ser engañosa. Una imagen distinta surge de un análisis cuidadoso de los pronunciamientos formales del Papa Benedicto sobre las cuestiones ambientales.
Esto demostrará que la atención del Papa en temas ambientales está enraizado en un pensamiento teológico cristiano muy ortodoxo. Y, de hecho, en algunas ocasiones ha generado cuestiones difíciles en torno a las prioridades de los ambientalistas y sus argumentaciones filosóficas.
El primer hecho es la Encíclica social Caritas in Veritate, publicada recientemente. El texto está repleto de advertencias sobre la degradación potencial y real del medio ambiente. Y aún indica que es imposible la reconciliación con gran parte del pensamiento ambiental contemporáneo.
Nadie debería estar sorprendido que el Papa Benedicto insista en que el ser humano es intrínsecamente más valioso que la naturaleza, -un punto discutido por los filósofos verdes. Ni debería sorprender que describa los argumentos que cuestionan la superioridad innata de la humanidad en el mundo natural que facilitan las “actitudes de neopaganismo o de un nuevo panteísmo”.
En conexión, se encuentra la disputa de la Caritas en Veratite en relación a la tesis relativa a que el crecimiento de la población es malo. Este alarmismo sobre el incremento poblacional ha sido uno de los ingredientes de la ideología ambientalista desde el triste libro de Paul Ehrlich publicado en 1968, “The Population Bomb”, que predecía (erróneamente) que “hacia 1970 y 1980, cientos de millones de personas estarían muriendo de hambre” y un daño ambiental enorme que haría que millones estuvieran devorándose unos a otros.
El lente teológico con que la Encíclica analiza la cuestión medio ambiental es la de la administración. Ésta concierne a los seres humanos para que protejan y cultiven la naturaleza de acuerdo a los propósitos de Dios y aún usando las nuevas tecnologías que nos permitan servirnos de la naturaleza. En pocas palabras, ni la naturaleza debe ser divinizada y tampoco debe ser explotada de forma arbitraria. Ese es un propósito judío y cristiano tan viejo como el mismo Libro del Génesis.
Otra insistencia del Papa Benedicto es el sentido holístico en el significado de la palabra ecología. “El libro de la naturaleza”, Benedicto insiste, “es uno e indivisible: toma no solamente la naturaleza, también la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales”. En otros escritos, el Papa destaca la incongruencia de la gente indignada ante la devastación ecológica escandalosa e ignora o aún más promueve el daño profundo hecho por el relativismo ético en la moral social ecológica.
Frases como “cambio climático” o “calentamiento global” no aparecen a propósito en Caritas Veritate. De nuevo, esto no sorprende. Benedicto ha sido cuidadoso en no prejuzgar a la ciencia en estos temas complicados. En su mensaje por la Jornada Mundial de la Paz de 2008, el Papa mencionó que en la discusión de los temas ambientales “Sería bueno que las valoraciones a este respecto se hicieran con prudencia, en diálogo entre expertos y entendidos, sin apremios ideológicos hacia conclusiones apresuradas y, sobre todo, concordando juntos un modelo de desarrollo sostenible, que asegure el bienestar de todos respetando el equilibrio ecológico…”
El Papa Benedicto, quien ha luchado de forma incesante por la prioridad de la verdad sobre las ideologías, sabe muy bien que ni las organizaciones internacionales o la opinión pública determinan la verdad sobre el cambio climático y sus causas reales. Esa es un problema para la ciencia y muchos científicos respetables discuten los principios que prevalecen en el cambio climático los cuales los ambientalistas siguen de manera religiosa.
…
Quien conozca su vida y pensamiento, sabe que Joseph Ratzinger no es intimidado por las formas políticas. Benedicto ha afirmado su sensibilidad sobre la frágil equilibro ecológico y la necesidad de una reflexión teológica cristiana ortodoxa relativa a las relaciones del hombre con el mundo. Y Benedicto no comete el error de romantizar la naturaleza, la cual, después de todo, puede ser muy cruel, ni de tomar el lado antihumano de la ideología verde.
De esta forma, Benedicto XVI no es tan verde.
Sábado, 2 de junio
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