Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Del padre Kolbe a las prisiones actuales

14.08.09 | 07:38. Archivado en Análisis y Opinión
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Editorial / SIAME. Viernes, 14 de agosto de 2009.- Durante la II Guerra Mundial, varios bautizados alcanzaron la gloria de los altares pues en éste turbulento y ensangrentado ambiente que desató Hitler, varios mártires asumieron conductas ejemplares, entre ellos, Edith Stein, una monja carmelita de ascendencia judía que fue asesinada Auschwitz y convertida en santa en 1998, y Maximiliano Maria Kolbe, un fraile franciscano polaco que fue convertido en santo en 1982 por haberse sacrificado en el campo de exterminio cambiando su vida por la de un padre de familia para que este pudiera vivir.

A inicios de esta semana, el Papa Benedicto XVI habló de los campos de exterminio nazis a los que definió como un símbolo del "infierno que llega a la Tierra cuando el hombre olvida a Dios y lo reemplaza, usurpando su derecho a decidir entre el bien y el mal para otorgar la vida y la muerte".

El Papa explicó que este fenómeno no está limitado a los campos de concentración y recriminó el "nihilismo contemporáneo" y los comportamientos que exaltan la arbitrariedad y "transforman al hombre en dios, pero en un dios equivocado".

San Maximiliano Kolbe estando en este campo de exterminio, en medio de otros sacerdotes, judíos y gitanos encerrados por el único “delito” de pertenecer a una raza o practicar con libertad una religión contraria a las absurdas ideas del dictador.

Llevó a la práctica la caridad en grado heroico, ejemplificando con su muerte el evangelio del Buen Samaritano.

Cierto día se fugo un preso del campo de concentración y cada vez que esto ocurría, los nazis, en represalia, ejecutaban cruelmente a 10 de sus compañeros, de modo que estos criminales seleccionaron al azar a un padre de familia. El Padre Kolbe se ofreció a intercambiar su vida para salvar a aquella persona de la muerte, pensando que la esposa y los hijos de aquel hombre tendrían mayores oportunidades de salvar la vida.

El martirio del padre Kolbe tuvo lugar el 14 de agosto de 1941. El Papa Paulo VI lo beatificó y a esa ceremonia religiosa asistió el hombre al cual le había salvado la vida. Juan Pablo II lo canonizó.

Ahora que celebramos a este santo en la liturgia cristiana, inevitablemente tenemos que recordar a tantas y tantas personas en el mundo entero que estan en prisión por causas injustas, porque carecen de recursos para pagar fianzas por delitos menores, por exceso de burocracia en los tribunales, por ausencia de un abogado competente designado por oficio, y por causas políticas, religiosas o sociales.

También, como en tiempos de la II Guerra Mundial, preguntamos cuántos verdugos y carceleros hay en el mundo, incluyendo en México, que gozan con agudizar el sufrimiento de las personas privadas de libertad, o por el contrario, cuántos internos gozan de beneficios especiales por la corrupción imperante en los centros penitenciarios en donde se coluden los propios custodios con los propios delincuentes, equiparándose unos con los otros.

Hoy surge la necesidad de crear una cultura de respeto y de justicia hacia muchos hermanos que viven encarcelados para que verdaderamente se haga justicia y que nuestras leyes judiciales sean verdaderamente justas e igualitarias para todo individuo sin importar condición social, política y religiosa. La justicia es una virtud que hay que vivirla y practicarla todos los días.


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