Hay "expertos" en asuntos religiosos que se sientan, desde sus ordenadores, a enjuiciar el papel de la religión y la actividad de la Iglesia. Algunos de ellos sentencian al catolicismo como lo más anquilosado, fanático y absurdo de una sociedad que se ha arropado y reivindicado en las banderas de la razón y de la verdad que enarbolan el laicismo radical y el secularismo que no se somete a los postulados de la fe. Cualquier escándalo, falla y caída de un católico destacado es motivo suficiente para señalar, con dedo flamígero, a todo el cuerpo eclesial de absurdo e innecesario.
Se resaltan las caídas y los descalabros y se anulan las aportaciones y las obras en bien de la humanidad. Todo por hacer nota... vende más el escándalo que las noticias que han beneficiado a la persona. Estos mismos expertos se sienten con la autoridad irrefutable para "arrancar" de la vida y cultura de un país todo lo que la religión ha dado para consolidar su identidad, constituyéndose en legítimos "guardianes de la laicidad", un título que, no sé con qué potestad, se les ha otorgado sin discusión alguna.
En su reflexión semanal, el obispo de San Cristóbal de Las Casas, monseñor Felipe Arizmedi Esquivel, resalta estas "destacadas" opiniones de los observadores religiosos y afirma: "Hay quienes se empeñan en negar a Dios, o alejarse de las prácticas religiosas, como un mecanismo de defensa, para que nada ni nadie les reproche la vida desordenada que llevan. Sin Dios, se imaginan que pueden disfrutar todo lo que les venga en gana, sin obstáculos internos; sin embargo, se quedan con un vacío interior que nada ni nadie puede llenar".
Y monseñor Arizmendi otorga la clave ante estos embates. El creyente debe mostrar su felicidad y orgullo por haber recibido el don de la fe convenciendo a los demás con las "buenas obras de que esta religión nos hace ser personas y trabajar activamente por el bienestar de los demás, en particular de los pobres". El ejemplo arrastra.
La reflexión del prelado de la diócesis chaipaneca fue publicada en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano:
Dios no es absurdo ni enemigo / 12 de agosto.
VER
Un articulista, que se considera experto en asuntos religiosos y eclesiales, escribió hace poco que, cuando una de sus hijas le preguntó cómo definiría la religión, contestó: “Absurda, pero respetable”... Dice que “los postulados acerca de la inexistencia de Dios me parecían tan carentes de validez y sobre todo de apoyos razonables y pruebas verificables, como los contrarios, es decir aquellos que se empeñan en demostrar la existencia de un Ser supremo o fuerza trascendente”.
Otro escritor, en una colaboración en un diario nacional que se caracteriza por resaltar todo lo que sea contrario a la religión y a la moral católica, habla de “la necesidad de ser ateo”. Dice que es tiempo de “pensar sobre el papel que las religiones han desempeñado históricamente en la dispersión de mentiras y falsedades… La falsedad de la religión puede ser puesta a prueba científicamente… De esta forma se puede demostrar que los muertos no pueden levantarse y andar…, que Dios no existe”.
Hay quienes se empeñan en negar a Dios, o alejarse de las prácticas religiosas, como un mecanismo de defensa, para que nada ni nadie les reproche la vida desordenada que llevan. Sin Dios, se imaginan que pueden disfrutar todo lo que les venga en gana, sin obstáculos internos; sin embargo, se quedan con un vacío interior que nada ni nadie puede llenar. Como no son humildes para postrarse ante Dios, se ensoberbecen de sí mismos y ofenden a quienes les invitamos a conocerlo y acercarse a El.
JUZGAR
En su Encíclica Caritas in veritate, el Papa Benedicto XVI dice que, a raíz del actual desarrollo científico, tecnológico y cultural, “se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios… La cerrazón a la trascendencia tropieza con la dificultad de pensar cómo es posible que de la nada haya surgido el ser y de la casualidad la inteligencia. Ante estos problemas tan dramáticos, razón y fe se ayudan mutuamente. Sólo juntas salvarán al hombre. Atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas” (74).
“Dios revela el hombre al hombre; la razón y la fe colaboran a la hora de mostrarle el bien, con tal que lo quiera ver; la ley natural, en la que brilla la Razón creadora, indica la grandeza del hombre, pero también su miseria, cuando desconoce el reclamo de la verdad moral” (75).
“El ser humano se desarrolla cuando crece espiritualmente, cuando su alma se conoce a sí misma y la verdad que Dios ha impreso germinalmente en ella, cuando dialoga consigo mismo y con su Creador. Lejos de Dios, el hombre está inquieto y se hace frágil. La alienación social y psicológica, y las numerosas neurosis que caracterizan las sociedades opulentas, remiten también a este tipo de causas espirituales. Una sociedad del bienestar, materialmente desarrollada, pero que oprime el alma, no está en sí misma bien orientada hacia un auténtico desarrollo.
Las nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperación en la que caen tantas personas, tienen una explicación no sólo sociológica o psicológica, sino esencialmente espiritual. El vacío en que el alma se siente abandonada, contando incluso con numerosas terapias para el cuerpo y para la psique, hace sufrir. No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo” (76).
“Sin Dios el hombre no sabe dónde ir ni tampoco logra entender quién es” (78).
ACTUAR
Quienes tenemos la gracia de haber recibido el don de creer en un Dios que es nuestro Padre, que nos ha enviado a su Hijo como Salvador, y que nos acompaña con su Espíritu en su Iglesia, seamos felices y orgullosos con este regalo y contagiemos a otros, convenciéndoles con nuestras buenas obras de que esta religión nos hace ser personas y trabajar activamente por el bienestar de los demás, en particular de los pobres.
Esto es lo que convence de la bondad de nuestra fe, más que una publicidad tecnológicamente avanzada.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de las Casas
Sábado, 2 de junio
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