Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Nuestra religión no es enemiga del ser humano

07.08.09 | 07:00. Archivado en Iglesia católica en México
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Desde el siglo XIX, México vio el antagonismo entre los negocios civiles y eclesiásticos. Una forma de vida arraigada en la religión hizo que este país tuviera su fundación en el catolicismo como amalgama de la nueva nación que nació en 1821. En 1859, la separación de la Iglesia y el Estado impulsó la tolerancia a otras confesiones sin que el Estado mexicano confesara una religión particular; sin embargo, el laicismo radical de nuestros tiempos pugna para que las iglesias sean reducidas a una participación espiritual porque nada pueden aportar a la vida pública. En su reflexión semanal, monseñor Arizmendi Esquivel resalta el papel fundamental de las iglesias ya que ofrecen "una luz trascendente, un camino secularmente comprobado como válido..." porque la religión no es enemiga del ser humano.

La reflexión del obispo de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas fue publicada en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano:

Religión y vida pública

VER
Al celebrar el 150 aniversario del Registro Civil, en el marco de las Leyes de Reforma impulsadas por Benito Juárez en 1859, por las cuales se dio la separación entre la Iglesia Católica y el Estado, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal dijo que hay que seguir luchando para que se consolide esa separación, negando a las religiones la posibilidad de influir en la vida pública.

Expresó: “Debemos luchar por que los derechos y las libertades de las personas estén por encima de las morales de cada una de las iglesias”. Y refirió que, con ocasión de las leyes que aprobó la Asamblea Legislativa dominada por su partido, para permitir el aborto durante las doce primeras semanas de gestación, o las llamadas “sociedades de convivencia”, que legitiman las uniones de homosexuales, “una o varias iglesias quisieron determinar, con base en la ética religiosa, cuáles deben ser las decisiones públicas y cuáles las leyes que rijan la vida de todas y todos”. Es decir, según él, nada tiene que ver la religión con la vida pública, con la elaboración de leyes, con la política, la economía y la familia. ¡Cómo se desconoce lo que es la religión! Siguen pensando que debe reducirse a la vida personal y a los templos. Si así fuera, de poco serviría la fe en Cristo. Sería una fe mocha, intrascendente, inoperante, inocua, y hasta inútil.

JUZGAR
Sobre este asunto, el Papa Benedicto XVI, en su Encíclica Caritas in veritate (La caridad en la verdad), dice: “La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. La doctrina social de la Iglesia ha nacido para reivindicar esa «carta de ciudadanía» de la religión cristiana. La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. La razón necesita siempre ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, que no debe creerse omnipotente. A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano. La ruptura de este diálogo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad” (56).

ACTUAR
Se necesitan autoridades políticas y legisladores que valoren el aporte de la religión, particularmente la cimentada en Jesucristo. Si hace 150 años la Iglesia Católica suplía al Estado en muchas cosas, porque aún no había un gobierno bien establecido, ni una Constitución consolidada, hoy no pretendemos que el Estado se someta a la Iglesia, ni imponer una sola religión a todo un pueblo, sino sólo ofrecer a la ciudadanía una luz trascendente, un camino secularmente comprobado como válido, y que se nos reconozca el derecho de discutirlo con las razones de la ciencia, que son concordes con nuestra fe.

Ya es tiempo de superar desconfianzas, fruto tiempos pasados. No tenemos ambiciones de dominio político o económico, pues no es ésa nuestra misión, sino sólo urgimos libertad para ofrecer el Evangelio de Jesús, y en El nuestros pueblos tengan vida plena. Nuestra religión no es enemiga del ser humano, sino todo lo contrario: es la que ofrece una visión profunda y firme, sin ceder al vaivén de modas, o de debilidades que se quieren justificar como derechos humanos. ¿Qué es lo humano? Jesucristo, Dios y hombre, es la respuesta. ¡Conózcanlo!

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de las Casas


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