
Ayer 22 de junio, festividad de santo Tomás Moro, legisladores y dirigentes de México festejaron al caballero y mártir quien fuera definido como patrono de los políticos por Juan Pablo II.
Reunidos en el templo dedicado al santo en la ciudad de México asistieron destacadas personalidades como Cecilia Romero, Comisionada del Instituto Nacional de Migración; José Luis Luege Tamargo, titular de la Comisión Nacional del Agua; Manuel Espino, expresidente del Partido Acción Nacional; María Esperanza Morales Borja, diputada federal con licencia; Salvador Abascal e hijos de Carlos Abascal Carranza quien fuera Secretario de Gobernación en el sexenio de Vicente Fox.
En su homilía, el arzobispo de México recordó “a política es el uso del poder legítimo para la consecución del bien común de la sociedad. Bien común que abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social con las que los hombres, familias y asociaciones pueden lograr más plena y fácilmente su perfección propia (Gaudium et Spes,74). La actividad política debe realizarse con espíritu de servicio, es una verdadera vocación que dignifica a quien la ejerce, concretamente en el gobierno, en el establecimiento de las leyes y en la administración pública en sus diversos ámbitos”.
Más adelante, el cardenal Norberto Rivera recordó que quien se dedica a la política debe demostrar una coherencia personal que “exige una correcta concepción de la vida social y política a la que está llamado a servir. El político cristiano necesita una referencia constante a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, que no es una “ideología” y menos aún un “programa político” sino que ofrece las líneas fundamentales para una comprensión del hombre y de la sociedad a la luz de la ley ética universal, presente en el corazón de todo hombre e iluminada por los principios evangélicos”.
Tomás Moro es el ejemplo por el cual todos los políticos mexicanos están llamados a servir. El caballero y mártir “vivió las virtudes cristianas del buen estadista de manera ejemplar: procuró la justicia para todos, especialmente hacia los débiles, los honores propios de su cargo no le impedían vivir con el corazón libre de vanidades; actuó con prudencia para aconsejar y con la fortaleza para afrontar los peligros y dificultades; sirvió con generosidad; vivió con corazón humilde reconociendo que su dignidad y grandeza le venían de su Creador”, afirmo el cardenal Rivera.
En el actual ambiente electoral donde los sufragantes renovarán la totalidad de la Cámara de Diputados, los legisladores católicos deben tener en cuenta la delicada misión legislativa que se les encomienda y que “aproxima el hombre a Dios, Supremo Legislador, de cuya Ley eterna toda ley recibe en última instancia su validez y fuerza obligante. Por esto afirmamos que la ley positiva no puede contradecir a la ley natural, al ser ésta una indicación de las normas primeras y esenciales que regulan la vida moral y responden a las exigencias profundas y a los más elevados valores de la persona humana”.
El católico llamado a la actividad política debe vivir intensamente las virtudes cristianas y transmisor de la esperanza, empeñándose con todas sus fuerzas, a procurar el bien común. En estos tiempos de miedo e incertidumbre, el arzobispo primado afirmo que l”os católicos tenemos la certeza de que el futuro está en el Señor de la historia y que el Evangelio es la luz que ilumina nuestro caminar y que guía nuestro pensamiento y nuestra vida. Sabemos que la verdad a nadie se le impone pero tampoco se calla o se oculta privando a los demás de una perspectiva que no conocen”.
Con información de SIAME
Sábado, 2 de junio
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn