
Este domingo fue distinto… La alegría pascual por la resurrección de Cristo no se proclamó en las comunidades de la Iglesia peregrina en México. Los rostros de los fieles iban cubiertos con un pedazo de tela confiados en ella, con la esperanza de que el enemigo invisible no traspasara esa barrera que representa una garantía de preservación de la salud. Otros rostros, sin cubrir, veían el anuncio de suspensión de las misas por causa de salud pública, en ellos había una mirada difusa, inmersa en el pensamiento tratando de escrutar el futuro, si ahora han cerrado los templos. El pueblo de Dios que peregrina en la ciudad de México no celebró la alegría de la resurrección. Ahora rogó a la Madre, la Virgen de Guadalupe, por el bien de una nación que se encuentra sumida en la violencia, el narcotráfico, la crisis económica, el desempleo y la epidemia.
Este domingo de pascua el pueblo de la ciudad de México fue, como sus antecesores en 1850, a la Iglesia principal a rogar por la salud, lo más valioso que puede haber después de la vida. Y se inclinó de nuevo ante el resucitado para que, por su infinito poder, nos fortalezca en la esperanza y afrontar una prueba dura. Este día domingo III de Pascua, el relato del Evangelio nos acercó al estupor de los discípulos por haber visto al Crucificado y, a puerta cerrada, se aparece a todos sus amigos deseándoles la paz. Y eso es lo que ahora pide esta parte de la Iglesia que ruega al Dios de Jesucristo, la paz… Paz que nos otorgue la armonía en nuestros corazones y fincarnos en la esperanza que es una de las más grandes virtudes de cualquiera que estime la vida; paz, para poner nuestras voluntades como una sola para afrontar los desafíos que nos trae este duro desafío; paz, para saber respetar a los demás, siguiendo las elementales normas que pueden impedir la propagación de la enfermedad; paz, para tener la serenidad y ofrecer nuestro ser para consolar y auxiliar a los que tienen a un ser querido enfermo; paz, para que México despierte de su letargo, de su egoísmo, de su materialismo y envidia al vernos vulnerables ante un enemigo al cual no se le puede comprar; paz, para reflexionar sobre nosotros mismos y volver a Dios, la paz que trae el resucitado, una paz que no es como la del mundo y que abre los ojos de nuestra fe para apreciar el don inmenso que representa cada vida y cada individuo en este país.
La alegría pascual se empañó… la vida dio, de pronto, un giro para interrumpir nuestra cotidianidad fatigosa y alienante. Si la violencia que vivimos no tocó los corazones para poder provocar la paz, ahora hubo un evento más fuerte, dramático y temible que nos hace elevar los ojos al cielo para pedir perdón porque nadie se siente seguro e invulnerable, aún cuando tenga todo el poder económico o posición destacada en esta sociedad.
Desde este país, a todos, hombres y mujeres de buena voluntad, pedimos sus oraciones sinceras que son ofrenda grata al Dios que resucitó, por su infinito amor, a quien es el amor y entregó su vida por todos.
Desde este país, que fue tierra elegida por el Dios y Señor de la Historia, para anunciar la Buena Nueva a través de la Madre de los cielos, a todos, hombres y mujeres de buena voluntad que tienen su confianza puesta en el Señor, desde este México nuestro que padece esta dura prueba, les deseamos la paz.
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Odio a la influneza por que estube encerrado todos estos dias lo unico que me sirvio para salir de las cuatro paredes fue estar conectado con infinitum eso fue chido
Desde España ruego a Dios y a la Santísima Virgen de Guadalupe que proteja a todos los mexicanos y que esta pandemia pueda ser controlada pronto y no se cobre mas victimas.Que vuestro amor a la reina de los Cielos obre el milagro de que esto no vaya a más.Viva Mexico siempre fiel.
Sábado, 2 de junio
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
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Religión Digital
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