A propósito del 29 Aniversario de la muerte de Monseñor Romero
Flor María Ramírez
Han pasado 29 años de aquel 24 de marzo de 1980 en el que Monseñor Óscar Arnulfo Romero oficiaba misa en la Capilla la Divina Providencia de San Salvador, cuando en el momento preciso de la consagración- instante culmen de la ceremonia católica- un francotirador desde un vehículo disparó un tiro certero al corazón.
En sus homilías Romero hablaba sobre las matanzas efectuadas por el ejército y los grupos paramilitares, denunciaba el ‘ilimitado egoísmo’ de la oligarquía salvadoreña que no escuchaba las necesidades de los sectores más pobres. Se ha mencionado muy poco que Monseñor Romero llegó al punto de enviar una carta a Jimmy Carter en la que pedía al presidente de EE.UU. desistiera del proyectado suministro de armas y envío de consejeros militares al país. Durante sus primeros años en el Arzobispado, Romero había organizado una oficina de Socorro Jurídico llamada Tutela Legal del Arzobispado, hasta hoy única en su tipo y todavía funcionando http://www.tutelalegal.org/. En Tutela Legal se recibían las peticiones de los desesperados familiares víctimas del conflicto armado, de los campesinos perseguidos, de las madres desesperadas porque se habían llevado a sus hijos.
La cancelación del espacio de expresión que significó el asesinato del arzobispo de San Salvador, lo convirtió inevitablemente en icono del movimiento revolucionario salvadoreño durante toda la guerra. Canciones, consignas, trozos de homilías fueron retomadas por la guerrilla y otros movimientos. Tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, se hace evidente que Monseñor Romero se convirtió en referente para toda una generación que, más allá de las preferencias políticas, anhelaba justicia, igualdad y libertad en El Salvador. Si bien es cierto que la imagen y el pensamiento de Romero revivificaron como nunca a la Iglesia Católica salvadoreña durante las décadas posteriores; hoy su influencia trasciende a la Iglesia Católica y a las fronteras salvadoreñas. Su labor ha sido reconocida en diferentes foros ecuménicos, políticos y sociales. El arzobispo ocupa un lugar especial al ser considerado uno de los 10 mártires del siglo XX en la Abadía de Westminster, al lado de Martin Luther King.
Monseñor Romero, fue un pastor y líder excepcional pero abandonado por muchos de sus colegas. El mismo Papa Juan Pablo II y los círculos vaticanos no comprendieron el significado de lo que estaba pasando en El Salvador- tal vez su visión Polonizada- se los impidió, como tampoco previeron el peligro que corría Romero y la diferencia que hubiese hecho el respaldo institucional desde el Vaticano. Hasta hoy la causa de canonización de Monseñor Romero se ha mantenido estancada por casi 3 décadas, se argumenta que su canonización sería un hecho que contribuiría a la desestabilización del país. Lo cierto es que Monseñor Romero está desde hace años en los altares personales de muchos salvadoreños y católicos en el mundo. Constatación hecha por Juan Pablo II en 1996 durante su única visita al país, cuando al visitar la Catedral Metropolitana y la tumba de Romero en vez de porras recibió a grito unánime la exigencia de “canonización”.
A pesar de la incontestable fuerza de la imagen de Monseñor Romero hoy, aún queden 2 pendientes: el reconocimiento oficial de la Iglesia a su labor y que se emprendan las medidas necesarias para reconstruir la memoria histórica sin olvidar la responsabilidad de su asesinato[1]. Mientras tanto valga recordar un fragmento del poema de Pedro Casáldaliga:
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.
Como Jesús, por orden del Imperio.
Pobre pastor glorioso,
abandonado por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
Las curias no podían entenderte: ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo)… pero el pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio…
[1] Según los informes de la Comisión de la Verdad creada tras el conflicto armado, fueron los grupos paramilitares, escuadrones de la muerte, en específico el Mayor Roberto D’abuisson (fundador del partido derechista ARENA) quien dio la orden de la muerte del Arzobispo.
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Esteban,
Gracias por tu comentario. Efectivamente, el 6 de marzo de 1983 el Papa Juan Pablo II visitó El Salvador durante unas horas, en un viaje apostólico que cubrió Centroamérica. La opinión de Flor María Ramírez, publicado en el blog, fue reproducido fielmente de acuerdo al estilo de la autora.
Agradezco tu observación y rectificamos la información.
Saludos desde México
Disculpe señor, esta mal informado Juan Pablo II ya había ido a san salvador en 1983
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