Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

La visión cristiana de la economía al servicio del ser humano ha quedado relegada

13.03.09 | 21:21. Archivado en Iglesia católica en México
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Hace unos días, pregunté a mis amigos curas sobre la crisis económica que padece México. Una cuestión concreta: ¿Qué propones a los feligreses de tu parroquia para que afronten esta crisis? La respuesta fue invariable: "No contamos con los elementos pastorales suficientes para dar a la gente métodos para afrontar la crisis". Así es, en la mayoría de las parroquias de la Arquidiócesis de México, no hay planes pastorales que permitan responder a este momento difícil. ¿Es el papel de la Iglesia ofrecer orientaciones ante la crisis? El obispo de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas responde, de forma categórica, que la Iglesia es "interpelada por las dramáticas tendencias de la realidad. Desde la Doctrina Social de la Iglesia podemos formular exigencias éticas y promover una teología de la creación y una teología de la responsabilidad".

Desde esta perspectiva, se deben "promover actitudes que alejen del consumismo y derroche de recursos naturales hacia actitudes solidarias en el uso responsable de los bienes, en un comportamiento ético que valore más el ser que el tener y que supere el mero afán de lucro o beneficio individual".

Es cierto lo que dice el prelado de la diócesis chiapaneca. Existen parroquias que son ejemplo al aplicar las propuestas de la doctrina social de la Iglesia con el fin de dignificar la vida de cada persona. Pero en los seminarios no hay cursos de economía y de manejo de situaciones de riesgo; desafortunadamente, en México, la aplicación de planes y programas pastorales para dar respuesta a esta situación difícil es casi nula.

El factor económico es una realidad que no debería ser ajena a la actividad parroquial. Como afirma Mons. Arizmendi, "esta preocupación no es ajena a nuestra misión evangelizadora, como recuerda el Documento de Aparecida: “Asumiendo con nueva fuerza esta opción por los pobres, ponemos de manifiesto que todo proceso evangelizador implica la promoción humana y la auténtica liberación sin el cual no es posible un orden justo en la sociedad”.

Ofrecemos la reflexión del pastor de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas como fue publicada en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

Crisis estructurales y dignidad humana

VER
Escribo desde Roma, donde participé en un simposio de obispos y expertos, convocado por Misereor y el CELAM. Los peritos nos dieron datos angustiosos sobre el cambio climático, la crisis financiera y alimentaria, la situación del agua, la tendencia hacia los agrocombustibles, entre otros. Como pastores de un pueblo que sufre, desde la fe hemos analizado la situación y hacemos algunas propuestas, para una vida digna de todos.

En la Declaración final, expresamos que la actual crisis del mercado financiero nos muestra que la autoregulación es una ilusión que ha llevado a un “callejón sin salida” y que la.

La crisis económica global afecta a países en vías de desarrollo más que a los países ricos. Se reducen las exportaciones y los ingresos, aumenta la desocupación, bajan los precios de las materias primas. Una nación y un gobierno no pueden por sí solos procurar el bien común de sus habitantes. No existen mecanismos globales con poder de control y capacidad de negociar y prevalecer. Los intereses particulares de grupos económicos y políticos compiten con los de los Estados nacionales. Las necesidades de los pobres y el bien común global se dejan de lado. En las deliberaciones sobre la reforma del orden económico global, los intereses de los países en vías de desarrollo y de su población empobrecida no tienen prioridad.

JUZGAR
Esta preocupación no es ajena a nuestra misión evangelizadora, como recuerda el Documento de Aparecida: “Asumiendo con nueva fuerza esta opción por los pobres, ponemos de manifiesto que todo proceso evangelizador implica la promoción humana y la auténtica liberación sin el cual no es posible un orden justo en la sociedad” (399).

La Iglesia es interpelada por las dramáticas tendencias de la realidad. Desde la Doctrina Social de la Iglesia podemos formular exigencias éticas y promover una teología de la creación y una teología de la responsabilidad.

A partir de la opción preferencial por los pobres, la Iglesia está llamada a enfrentar estos desafíos y analizar los déficit de justicia, orientación y cooperación que se observan en todas partes. No hacerlo, es traición al Evangelio.

ACTUAR
El momento de actuar es ahora o será demasiado tarde para todos. Urgen respuestas inmediatas, y no seguir la práctica de adoptar medidas aisladas y desarticuladas que sólo apuntan a mantener o restaurar el sistema actual.

Es evidente que con un modelo de desarrollo concebido únicamente como crecimiento económico no será posible alcanzar la justicia. No se debe seguir el ejemplo de las sociedades centradas en el consumo egoísta e irresponsable. Los recursos del mundo no serán suficientes. La crisis nos llama a buscar nuevos patrones de desarrollo. Los Estados juntos deben procurar normas que protejan la biodiversidad, el agua, el aire, la tierra, el ambiente, los bosques, los glaciares.

Los pobres y excluidos han de ser sujetos y actores de un nuevo orden político, económico, social, ecológico. Se impone un cambio en los estilos de vida y modos de producción. Se deben promover actitudes que alejen del consumismo y derroche de recursos naturales hacia actitudes solidarias en el uso responsable de los bienes, en un comportamiento ético que valore más el ser que el tener y que supere el mero afán de lucro o beneficio individual.

Es necesario favorecer los mercados locales y regionales. Se debe impulsar el papel regulador de los gobiernos frente a las industrias extractivas nacionales y trasnacionales para procurar estudios de impacto ambiental, consulta previa a las poblaciones afectadas, en perspectiva al desarrollo humano integral.

Las políticas públicas no se deben limitar a un enfoque meramente compensatorio asistencialista, sino llegar a cambios estructurales para combatir las causas de la pobreza.

Se debe definir una ética en las relaciones de comercio internacional, con una reforma de las organizaciones multilaterales del comercio, de las finanzas y la justicia tributaria.

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de las Casas


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