
En el día internacional de la mujer, Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán, dirige su reflexión alabando las cualidades de las féminas, destacando la necesidad imperiosa para que su justa valoración salte del discurso al hecho. Si bien el magisterio pontificio ha emitido documentos importantes que reivindican el papel esencial de la mujer en la vida, es necesario reconocer que aún se cometen violaciones graves a sus derechos fundamentales; en México, la tasa de feminicidios sigue siendo alta y, según los reportes noticiosos de la semana pasada, la crisis económica que vive México perjudicará en mayor medida a la población femenina que se verá privada de un empleo.
Es una oportunidad, de igual forma, para meditar sobre el papel de las mujeres en la Iglesia. Es justo reconocer que en la vida de las iglesias locales, ellas han ido tomando puestos de responsabilidad en los gobiernos pastorales para colaborar con los obispos; sin embargo, no hay que ignorar que en muchas diócesis las mujeres todavía siguen siendo minusvaloradas, por actitudes machistas, que consideran que no son capaces de ocupar cargos de responsabilidad más allá de los ministerios de catequesis. La mujer en la Iglesia es y será un puntal fundamental en la vida de la comunidad: han sido madres, maestras, docentes, luchadoras, guías, confidentes, asistentes, consejeras, ministras... Hoy, más que nunca, la Iglesia debe reconocer este "genio femenino" para seguir impulsando la noble tarea de la mujer que le permita tomar puestos de responsabilidad y de guía en las comunidades.
Ofrecemos la reflexión del obispo de Tehuacán como fue publicada en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
8 de marzo: Día Internacional de la Mujer
El 8 de marzo, desde hace casi un siglo, se celebra el Día internacional de la mujer.
Dios ha creado al ser humano como varón y mujer: iguales en dignidad y diferentes no para pelearse, sino para complementarse.
Cristo Jesús –Camino, Verdad y Vida- nos enseña actitudes concretas en la relación con la mujer: “En una época de marcado machismo, la práctica de Jesús fue decisiva para significar la dignidad de la mujer y su valor indiscutible.” (Documento de Aparecida, 451). “La figura de María, discípula por excelencia entre discípulos, es fundamental en la recuperación de la identidad de la mujer y de su valor en la Iglesia.” (Id).
Sin embargo mucho falta en nuestra cultura para que la valoración de la mujer no quede sólo en el discurso y en la celebración de un día, sino que sea parte de la realidad de todos los días. Nuestra cultura sigue siendo machista, con muy variadas manifestaciones de violencia y marginación contra la mujer; por otra parte, con frecuencia se descargan en ella muchos deberes que han de ser compartidos.
Invito a usted a renovar actitudes y acciones concretas, en los diferentes ámbitos en que nos movamos, para reconocer y valorar la dignidad y la participación de la mujer en la familia, en la sociedad, en la Iglesia. En breves pero sustanciosos números, el Documento de Aparecida (451-458) nos ofrece aportaciones en este sentido: “La sabiduría del plan de Dios nos exige favorecer el desarrollo de la identidad femenina en reciprocidad y complementariedad con la identidad del varón. Por eso, la Iglesia está llamada a compartir, orientar y acompañar proyectos de promoción de la mujer con organismos sociales ya existentes, reconociendo el ministerio esencial y espiritual que la mujer lleva en sus entrañas: recibir la vida, acogerla, alimentarla, darla a luz, sostenerla, acompañarla y desplegar su ser de mujer, creando espacios habitables de comunidad y de comunión.” (Aparecida, 457).
De hecho en nuestra historia familiar, personal y social, la mujer ha ocupado un lugar valioso e insustituible. El “genio femenino”, al que se refería el Papa Juan Pablo II, se ha desplegado con gracia, delicadeza y eficacia: que los varones sepamos agradecerlo, acogerlo y promoverlo; que las mujeres sepan reconocerlo, defenderlo y cultivarlo.
Con respetuoso afecto envío la bendición sobre usted, mujer; y también sobre usted, varón, para revalorar los beneficios de la mujer en su vida.
+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán
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Paloma, coincido contigo... una responsabilidad fundamental en las comunidades es la de ser catequistas; ojalá en todas las parroquias las mujeres tuvieran estos cargos importantes, sin embargo, se han dado casos donde las catequistas son meras instructoras que no tienen mayor influencia en la vida parroquial. Afortunadamente, comienza a surgir una conciencia diferente en torno a las responsabilidades que las mujeres pueden tomar al seno de las iglesias locales. Gracias por tu comentario.
Saludos
Le diré una cosa, soy mujer y creo que lo más importante en este momento en un parroquia es poder dirigir de forma adecuada la catequesis. No sé qué cosa más importante se puede hacer en una parroquia, a parte de administrar los sacramentos, que concierne a los sacerdotes. La educación, bien lo saben los enemigos de la Iglesia, es la llave del futuro. Por eso, no encuentro cargo más relevante y serio como el poder determinar la orientación de la catequesis.
Sábado, 2 de junio
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
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Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
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Religión Digital
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