Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

"¿Quiere usted dar el mejor regalo a sus seres queridos? Lléveles ante Jesús"

18.12.08 | 08:08. Archivado en Iglesia católica en México
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Nos desgastamos por tener el mejor regalo para nuestras familias, amigos y compañeros por estas fiestas. Durante estos días me he dado cuenta de todo lo que puede recibir un personaje de la vida pública por la navidad y el fin de año: jamón serrano, champaña, botellas de buen vino, tableros de ajedrez finamente tallados en maderas preciosas, plumas de marca, agendas electrónicas, frutas, corbatas de seda, libros impresos en los mejores papeles…

En nuestras familias, la cosa puede variar. Tal vez no sean los regalos costosos que pretenden significar los buenos deseos para un personaje importante; sin embargo, también gastamos parte de nuestro dinero para dar algún obsequio a hermanos y amigos y demostrar el cariño a ellos no importando si las tiendas están abarrotadas; si las calles están intransitables o la gente irritada por las aglomeraciones en los centro comerciales.

Parece que el sentido de reflexión, recogimiento y paz de estas fiestas queda al margen para dar paso a la celebración del consumo. Ocho de cada diez mexicanos va a gastar su aguinaldo ya sea por la euforia decembrina o bien por el deseo de tener algo más, obtenido con ese dinero extra producto del trabajo de todo el año.

Y tal vez muchos no tienen un argumento más profundo que ofrecer para decir qué es la navidad. La nochebuena sería el momento único del año para encontrarse con los seres queridos y tener una cena para demostrar la importancia de la reunión familiar, pudiendo prescindir del misterio del Hijo de Dios hecho hombre. Todavía los mexicanos necesitamos reflexionar profundamente sobre este misterio que ha conformado nuestra cultura que se dice católica. Mons. Arizmendi Esquivel, obispo de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, afirma que el mejor regalo que pudiéramos ofrecer a este país es que todos conociéramos a Cristo y, en consecuencia, Él sería la solución a todos los problemas que padecemos.

El mejor regalo no está en las cosas que podemos adquirir en los centros comerciales. El único y más exclusivo obsequio es dar a conocer al recién nacido en el pesebre de Belén. Así lo afirma el prelado de la diócesis chiapaneca: “¿Quiere usted dar el mejor regalo a sus seres queridos? Lléveles ante Jesús. Acérqueles ante El. Invíteles a que le acompañen en las celebraciones litúrgicas? Ponga un nacimiento en su casa, y no sólo adornos sin Cristo. Hagámonos misioneros suyos, para que nuestra patria en El tenga vida, disfrute de paz, y se acaben la inseguridad y la violencia. Sin Cristo, todo lo que se haga carece de cimientos sólidos”. Y mejor aún: ese regalo es gratis.

Ofrecemos la reflexión del obispo Arizmendi Esquivel como fue publicada en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 17 de diciembre de 2008

Violencia y Navidad
VER

Parece irrefrenable el clima de muerte, inseguridad, violencia y barbarie que en algunas partes se va imponiendo. Las noticias diarias nos dejan pasmados ante tanto salvajismo de secuestradores, extorsionadores, asesinos, ladrones, narcotraficantes y violadores. No se explica cómo han llegado a esa degradación, a esa deshumanización, a esa falta de los más elementales sentimientos de respeto a la vida y a la propiedad ajena. ¡No tienen alma, no tienen corazón, no tienen dignidad!

Hay medios informativos que se solazan resaltando las agresiones y ofensas a la autoridad, y que quisieran destruir o desautorizar a quienes les recordamos principios fundamentales de justicia, verdad, amor y perdón. A nosotros no nos dan cabida; en cambio, se enriquecen alimentando el rencor, la desconfianza y la falta de respeto, y así colaboran a la violencia e inseguridad social.

¿Qué significa celebrar la Navidad en este contexto? ¿Jesucristo es una respuesta?

JUZGAR

Estoy convencido de lo que decimos en Aparecida: “Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado” (18).

En esta Navidad, la mejor luz de esperanza que podemos ofrecer a nuestra patria es Jesucristo, pues “conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (29).

Si los asesinos, secuestradores, violentos, agresores y narcotraficantes conocieran en verdad a Jesús, su vida cambiaría totalmente. No harían falta más policías, ni más ejército, ni penas más severas. No se estaría pidiendo pena de muerte para ellos, como si fuera su único remedio. ¡No! Jesucristo no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

Aunque a algunos estas palabras les suenen a música celestial, les invito en esta Navidad a leer la Biblia, ir a Misa, darse unos momentos de silencio y reflexión personal, confesarse, ir ante un Sagrario y hablar personalmente con Jesús, vivo y presente allí.

Experimentarán paz en su corazón, esperanza y fortaleza, ánimo para seguir adelante, incluso en medio de los problemas. Así lo dijimos en Aparecida: “No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Éste es el mejor servicio –¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones” (14).

Hago mías las palabras del Papa Benedicto XVI al inicio de su pontificado: “¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida”.

ACTUAR

¿Quiere usted dar el mejor regalo a sus seres queridos? Lléveles ante Jesús. Acérqueles ante El. Invíteles a que le acompañen en las celebraciones litúrgicas? Ponga un nacimiento en su casa, y no sólo adornos sin Cristo. Hagámonos misioneros suyos, para que nuestra patria en El tenga vida, disfrute de paz, y se acaben la inseguridad y la violencia. Sin Cristo, todo lo que se haga carece de cimientos sólidos.

¡Cómo quisiera que todos pudieran vivir esto que dijimos en Aparecida!: “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna y compasión. La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios” (29).

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas


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