Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

"La gente se desanima al contemplar la vida que llevamos los cristianos"

25.11.14 | 20:58. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

Apocalipsis 14, 1-3. 4b-5: “Llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre”, Salmo: 23: “Dichosos los limpios de corazón”, San Lucas 21, 1-4: “Vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas”

Mons. Enrique Díaz Díaz / Obispo coadjutor de San Cristóbal de Las Casas. CEM. 24 de noviembre.- Iniciamos esta semana que será la última del año litúrgico. Los textos nos irán encaminando a tomar conciencia de que toda persona y que el mismo universo tendrán un fin. Las actitudes que debemos asumir frente a esta certeza de ningún modo tienen la finalidad de asustarnos o de provocar ansiedades, sino de vivir a plenitud cada momento pero con la actitud del peregrino que está siempre en tensión hacia la meta que lo anima en su camino.

El pequeño pasaje que hemos escuchado nos muestra a Jesús que contempla a los ricos y a la pobre viuda depositando cada cual sus ofrendas en las alcancías del templo. La alabanza de Jesús porque aquella pobre mujer ha depositado todo lo que tenía, nos descubre cuál es la actitud que debemos tener en la vida. No alaba a los ricos pues han echado de lo que les sobraba y sólo como por interés. En cambio ella no ha escatimado y ha confiando en la providencia, pone toda su confianza en la providencia. Esa es la actitud del verdadero discípulo. No puede vivir de una manera calculadora e interesada, sino que se debe dar a plenitud.

Quizás uno de los graves problemas que padecemos actualmente es esa actitud calculadora, de medianía, de querer estar bien con Dios y con el mundo. En la primera lectura el libro del apocalipsis nos mostraba a quienes habían triunfado junto con el Cordero y llevaban marcada la frente con el nombre del Cordero y con el nombre de su Padre. No se habían avergonzado de manifestarse como discípulos, sino que con sus obras habían hecho resplandecer la gloria de Dios. Los dos textos nos ofrecen una rica enseñanza que cuestiona nuestras actitudes tibias frente al Evangelio de Jesús.

No se puede ocultar el mensaje si lo llevamos en nuestro corazón. Las contradicciones que vivimos como sociedad que se dice cristiana y que después se olvida de defender la justicia, la verdad y la vida, han hecho poco creíble el mensaje de Jesús. La gente no duda de lo que dice Jesús, pero se desaniman al contemplar la vida que llevamos los cristianos. Que hoy despertemos este deseo de coherencia, de audacia y valentía que debe tener todo discípulo.


Desconfían de la justicia mexicana en crimen de misionero africano

18.11.14 | 12:51. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

SIAME / 18 de noviembre.- Para los Misioneros Combonianos resultó impactante recibir la noticia de que uno de sus miembros fuera asesinado en el estado de Guerrero, pero tal es la desconfianza de esta congregación religiosa hacia la justicia mexicana que prefieren no hacer la denuncia correspondiente porque “meternos en cuestiones legales, no da ningún resultado”, según explica el secretario de la Provincia el P. Francisco Gómez Uribe.

Es tal la descomposición social que se vive ahora en México, que para el P. Gómez Uribe resulta casi inverosímil que un sacerdote africano sea asesinado en este país, cuando lo más común es que los misioneros sufran persecución y muerte en países de otros continentes, como ocurre en la ciudad de Bangui, en la República Centroafricana, donde los religiosos sufren con estoicismo toda clase de persecuciones y permanecen en el lugar.

La prensa internacional fue la que dio a conocer el macabro hallazgo de los restos del misionero comboniano de origen ugandés John Ssenyondo, en una fosa clandestina del estado de Guerrero, mientras se buscaba entre esos restos los de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, y cuya identificación resultó para los Misioneros Combonianos “un golpe muy fuerte”, según el P. Francisco Gómez Uribe.

Indica en una entrevista con Desde la fe, que “el misionero africano estaba a punto de recibir los documentos para su incardinación en la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, cuando desapareció y, por varios meses se tuvo la esperanza de hallarlo con vida, pero no fue así”. Los Misioneros Combonianos no hallan motivos para que privaran de la vida a su compañero; “tampoco se recibieron demandas para exigir el pago de un rescate ni nada parecido”, asegura el sacerdote.

El P. Gómez Uribe recuerda que trabajó un tiempo en la Diócesis de Tuxtepec junto con el misionero ugandés, y lo recuerda como una persona a la que nunca le vio ninguna expresión agresiva, sino que trataba de aclimatarse a la mentalidad y la costumbres de México. “Tal vez sus respuestas era un poco tajantes en su trato con los demás, pero no vemos que eso haya sido motivo para lo que le ocurrió; más bien, era sereno, accesible y transparente”.

Aun con esta tragedia, los Misioneros Combonianos pretenden continuar sus labores en México, “estamos, de alguna manera, acostumbrados a esto. Nunca se ha hecho una denuncia porque sabemos que las cosas no se van a arreglar. Cuando un sacerdote fallece en tan trágicas circunstancias, no ordenamos una investigación. Pareciera una resignación pasiva, pero preferimos no involucrarnos en cuestiones legales porque no da ningún resultado”, explica el sacerdote.

Señala además que es difícil que un misionero pida salir de una zona de conflicto, “tal vez puede salir para arreglar asuntos personales, pero nosotros nos mantenemos serenos y tratamos de resistir hasta el final. Lamentamos mucho lo ocurrido, celebramos la Eucaristía no sólo por nuestro hermano sino por las víctimas de la violencia en nuestro país, que ha caído en esta ola de violencia tremenda, en donde los intereses personales a veces prevalecen por encima de los de la mayoría de la población”.

Refiere que entre los Misioneros Combonianos hay un dolor por esta pérdida, pero también hacen oración por los familiares, “él ya descansa porque le han hecho cumplir su misión en esta tierra. Más bien, lo sentimos mucho para la madre, el padre, y los hermanos; sabemos que tiene una hermana religiosa. Ellos permanecen en África a la expectativa”, y esto aplica a la muy posible repatriación de sus restos mortales por trámite de la Embajada de Uganda.

En estos momentos en que se viven tantas dificultades en México, “nosotros lamentamos mucho que falte el espíritu de fraternidad, que falte Dios en nuestras vidas. Nos falta respetarnos los unos a los otros. Lo que deseo es que realmente sigamos en la lucha, y esperamos en Dios que esto llegue a resolverse de la mejor manera posible”.


Nuevos obispos para México

17.11.14 | 15:35. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

Esta mañana, la oficina de Comunicación Social de la Conferencia del Episcopado Mexicano dio a conocer el nombramiento, publicado en la tarde de lunes en L´Osservatore Romano, del Párroco de San Francisco de Asís de Tepatitlán de Morelos, Jalisco, el Padre Cristóbal Ascensio García, como obispo de Apatzingán, sucediendo al obispo Miguel Patiño quien en el último año afrontó serias condiciones de seguridad en su diócesis. En noviembre de 2013, Monseñor Patiño escribió una carta denunciando la condición de Estado fallido de esa zona de Michoacán.

El segundo nombramiento se refiere a la designación del Padre Hilario González García, rector del Seminario mayor de Monterrey, como obispo de Linares, sucediendo a Monseñor Ramón Calderón Batres.

Sursum Corda desea un fecundo ministerio pastoral de estos dos nuevos obispos, especialmente en estas condiciones difíciles que afronta nuestro país para que su celo, como pastores y maestros de fe, lleve a muchas almas al conocimiento de la Verdad.

Enhorabuena.

La biografía del nuevo obispo de Apatzingán fue publicada en el sitio CEM:

Nació el 25 de marzo de 1955, en Josefino de Allende, Municipio de Jesús María, Jalisco.

Sus padres fueron Rubén Ascencio Hernández y Amparo García Villegas (ambos fallecidos).
Son trece hermanos, siendo el segundo de ellos. Actualmente viven diez de los trece.

Estudió la Primaria en la Escuela Allende de la misma población, Municipio de Jesús María.

1970-1976: Hizo los estudios de secundaria y preparatoria en el Seminario Menor de Lagos de
Moreno y San Juan de los Lagos.

1976-1979: realizó los estudios de filosofía en el Seminario Mayor, siendo de los primeros
grupos que iniciaron en este Seminario diocesano de San Juan de los Lagos.

1980-1984: realizó los estudios de Teología, en el Seminario Mayor de San Juan de los Lagos.

Ordenado Diácono el 5 de mayo de 1984, en el Seminario Mayor en San Juan de los Lagos, por
S.E. Mons. José López Lara.

Ordenado Presbítero el 4 de mayo de 1985 por S.E. Mons. José López Lara, en el Seminario
Mayor de San Juan de los Lagos.

1985-1986: Vicario Parroquial en la Parroquia de San Nicolás de Tolentino, en Mexticacán,
Jalisco.

1986-1989: Licencia en Derecho Canónico y Jurisprudencia en la Pontificia Universidad
Gregoriana.

1989-1994: Padre Espiritual y Maestro en Teología en el Seminario Mayor.

1994-1996: Asesor de Área Humana en la Facultad de Filosofía del Seminario Mayor.

1996-1999: Asesor de Área Humana en la Facultad de Teología del Seminario Mayor.

1999-2000: Vicario Parroquial de la Parroquia de San Juan Bautista, en la Ciudad de San Juan
de los Lagos.

2000 Hasta la fecha: Juez Eclesiástico del Tribunal Diocesano y Exorcista de la Diócesis

2000-2010: Párroco de la Parroquia del Espíritu Santo en la Ciudad de San Juan de los Lagos.

2010-2014 Rector del Seminario Mayor de la Diócesis de San Juan de los Lagos.

Desde el 6 de agosto de 2014 hasta la fecha: Párroco de la Parroquia de San Francisco de Asís,
en Tepatitlán de Morelos.

El 17 de noviembre de 2014, el Santo Padre Francisco lo nombra Obispo de Apatzingán.


“Nos hemos alejado de Dios”. Mensaje de los obispos de México en la 98 Asamblea de la CEM

13.11.14 | 03:06. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

Guillermo Gazanini Espinoza / 12 de noviembre.- Leí la entrevista que el diario El Norte hizo al obispo de Tarahumara, Mons. Rafael Sandoval Sandoval, donde expuso la dura situación de esa parte de Chihuahua. La contundencia del obispo no dio lugar a otras interpretaciones, “Ya no bastan las palabras tranquilizadoras” a la vez de la urgencia de una curación de las almas desde la raíz, presentar a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y acabar con la adoración de los ídolos causantes de la destrucción. “Palabras tranquilizadoras” mismas que se traducen en los bonitos mensajes y complacientes versos cómplices de la maldad.

Y las palabras tranquilizadoras fueron las que menos aparecieron en el mensaje de la Conferencia del Episcopado Mexicano en 98 Asamblea. Su exigencia es un clamor vivo para poner fin a todo lo que nos está extinguiendo: ¡Basta ya! A diferencia de otros donde sólo se cometía un pronunciamiento resignado para conocer los escasamente creíbles “dolores y preocupaciones” episcopales, la CEM anuncia el reclamo, no de simple boletín, sino de “mexicanos”, de ciudadanos comunes urgidos de la justicia afectada por el actual estado de cosas. El recuerdo de la Exhortación Pastoral de 2010, año del Bicentenario, dio cuenta de la vorágine que se precipitaba hasta un punto donde la realidad “ha empeorado” trayendo, en consecuencia, una verdad gravemente interpelante y conmovedora para una nación fundada en el catolicismo: “Nos hemos alejado de Dios”. Y así es, México es nominalmente cristiano, pero profundamente pagano; como diría el obispo Sandoval Sandoval, inclinado a los ídolos del desprecio de la vida, indignidad, mentira, traición, mezquindad y degradación, postrado ante la avaricia y egoísmo de unos pocos que se han servido con la cuchara grande a costa de miles de seres humanos. Ellos son “los buitres esperando los despojos” para estar satisfechos por el pecado y la inmundicia, de lo podrido sobre lo que están fincando la destrucción de la nación mexicana.

“Estamos en un momento crítico” y de aniquilación que también podría corromper a la Iglesia misma; es loable conocer las expresiones de solidaridad episcopal y asimilar que el dolor de muchos no es ajeno a los que apacientan nuestras diócesis. La matanza de Iguala no es una cuestión local de la Provincia de Acapulco que ocupe al arzobispo y sufragáneos, es un problema que corroe el tejido entero del país, que conmueve todas las estructuras diocesanas de México, estremece y escandaliza a cualquier alma sacerdotal preciada de ser como Cristo, Buen pastor, y a cada mexicano para que ninguno, nadie más, pase ese calvario y sufrir una muerte tan llena del diablo y maldad. Ningún obispo y arzobispo, nuncio o jerarca, debe permanecer impávido ante la desaparición y sacrificio de niños y jóvenes e indiferentes ante las lágrimas de miles de padres y madres quienes perdieron lo más valioso de sus existencias. Este mensaje contiene el clamor y sensibilidad de Pastores cuando se pretende sentir en carne propia lo que otros padecen, “los obispos de México queremos unirnos a todos los habitantes de nuestra nación, en particular a aquellos que más sufren las consecuencias de la violencia, acompañándolos en el dolor…” Con la certeza de que no son simples palabras enmarcadas en el cliché porque, como ellos mismos expresan, el compromiso ya no es para “exhortar a las autoridades respetuosamente a redoblar sus esfuerzos” y más bien para que los Pastores salgan de la comodidad y seguridad de su investidura a fin de “formar, animar y motivar… acompañar espiritual y solidariamente a las víctimas de la violencia… A colaborar con los procesos de reconciliación y búsqueda de paz”.

>> Sigue...


"Ya no basta pronunciar palabras tranquilizadoras", obispo de Tarahumara, Chihuahua

12.11.14 | 17:35. Archivado en Iglesia católica en México

Entrevista publicada en el Diario El Norte el 7 de noviembre. El obispo de Tarahumara, Mons. Rafael Sandoval Sandoval, nacido en Guáscaro, Michoacán, en 1947 y Religioso Misionero de la Natividad de María, fue designado obispo de esa región de Chihuahua el 4 de enero de 2005 por Juan Pablo II. La entrevista da a conocer la difícil situación de la zona y anima a salir de la pasividad para remediar las cosas: “Sólo escuchando los gritos silenciosos y sonoros de nuestra gente podremos encontrar caminos hacia la paz, de los escritorios sólo llegan teorías, pero no soluciones”.

Para el prelado ya no bastan las palabras tranquilizadoras, "Es necesaria una curación de las almas desde la raíz. Es urgente que volvamos a presentar a Jesucristo con una luz nueva; presentarlo como la única vida. Yo no se puede adorar a un ídolo que ha resultado ineficaz y falso".

Vivirenchihuahua.com / 12 de noviembre.- “Últimamente ha habido muchas muertes que parece no interesan ya, ¡y eso es grave!”, advirtió ayer el obispo de la Tarahumara, Rafael Sandoval Sandoval, al referirse al problema de la violencia en la sierra de Chihuahua.

En entrevista telefónica con NORTE, el encargado de la diócesis en aquella región aseguró que sería grave desinformar o esconder la verdad de los hechos porque “sí hay inseguridad” que ha traído temor, lágrimas y desolación a los habitantes de algunos poblados, en donde lo hecho por la autoridad hasta ahora ha sido insuficiente.

Señaló que en la sierra muchos pueblos se han convertido en verdaderos hospitales, ya que la gente requiere curación física, espiritual y emocional.

La necesidad de ayuda es urgente, alertó Sandoval Sandoval.

Afirmó que la confrontación no es el camino para resolver el conflicto, abrir ventanas de esperanza en momentos difíciles, por los que atraviesa no sólo la Sierra, sino también el Estado y el país.

Consideró que para atender la problemática se requiere la intervención de todas las instancias gubernamentales, gobernadores indígenas, Iglesia, magisterio y empresariado, pero dentro de un verdadero diálogo y no en el choque.

Lo primero es escuchar al pueblo: “sólo escuchando los gritos silenciosos y sonoros de nuestra gente podremos encontrar caminos hacia la paz, de los escritorios sólo llegan teorías, pero no soluciones”, dijo el obispo.

“Todos en diferente forma y en diferentes grados somos responsables, pero también todos hemos de aportar lo mejor para dar soluciones que brinden paz”, propuso.

NORTE (N).- ¿Cuál es la situación actual y la realidad en materia de inseguridad en la sierra?, ¿hay temor entre los habitantes?
Obispo Rafael Sandoval (ORS).- Sería grave desinformar o esconder la verdad de los hechos. Sí hay inseguridad. El principio de toda solución parte de la verdad, pues la desinformación ya es violencia. En muchos poblados existe el temor, las lágrimas y la desolación. Últimamente ha habido muchas muertes que parecen no interesan ya, ¡y eso es grave!

N.- ¿Qué responsabilidad tienen las autoridades y el Gobierno para controlar el panorama que se vive y garantizar la seguridad de los habitantes sin que se trastoque su familia?
ORS.- Yo no diría “controlar”, pues las autoridades deben cumplir con la responsabilidad que les confiamos: velar por la seguridad de todos nosotros. Debemos exigirles, pero también reconocer sus esfuerzos en pro de la paz, aunque lo cierto es que hasta ahora ha sido insuficiente lo que hacen.

N.- Según usted, ¿existe corrupción?, ¿existe colusión entre Estado y crimen organizado?
ORS.- No me atrevería a afirmar que hay colusión entre Estado y crimen organizado, al menos en la sierra. Pero corrupción, de que existe, existe. La corrupción no es una idea volando; lo que existen son personas corruptas, no sólo en el narcotráfico, también en la tala inmoderada de árboles, en la complicidad con el mal… Son quienes se dejan llevar por el afán de riqueza cometiendo fraudes en la administración pública, quienes mienten con palabras bonitas, quienes venden alcohol de manera clandestina, quienes… La corrupción ataca la vida desde sus raíces.

N.- ¿Qué organismos, tanto gubernamentales como sociales, deben intervenir y de qué manera, en este problema?
ORS.- Todas las instancias: Gobierno, gobernadores indígenas, Iglesia, magisterio, empresariado, etc., pero en un verdadero diálogo. No hay otra forma, sino diálogo y diálogo. No es la confrontación el camino, ni los muros, sino abrir ventanas de esperanza en momentos difíciles de nuestro país y de nuestro Estado y de la sierra. Pero que no sea disputa entre sordos.
El diálogo requiere el arte de escuchar. Es apertura sincera para conocer y expresar reconocimiento del otro. La escucha lleva al encuentro, y éste lleva a la relación. Pero no basta hablar y hablar, sino escuchar al maestro interior que es la Verdad. Sin una búsqueda conjunta de la verdad, no hay solución posible. Pero, ¡ojo!, al primero que hemos de escuchar es al pueblo, a este pueblo tan ignorado. Sólo escuchando los gritos silenciosos y sonoros de nuestra gente podremos encontrar caminos hacia la paz. De los escritorios sólo llegan teorías, pero no soluciones. Sólo quien camina con el pueblo sabe lo que es dialogar. Quien no está y sufre con la gente, sólo dice palabras huecas.

N.- ¿Cómo puede influir el concepto de paz que tienen los rarámuris en este conflicto?
ORS.- Para los rarámuris, la paz es esa armonía que existe en el mundo y que Onorúame nos dio. Ante la violencia, ellos no piensan en la justicia como nosotros la entendemos, sino en “ajustar el mundo que se nos ha desajustado”. Para ellos, Dios no es justo porque premia a los buenos y castiga a los malos, sino que es justo porque ajusta al mundo, a las personas y a la comunidad. No hay solución posible sin la comunidad. Cuando nosotros (en Occidente) pensamos que justificar es hacer lo legal, lo que es el deber, ellos se quedan sin entender. Más desconcertados se quedan cuando nos oyen decir que la justicia es ajusticiar, es decir, encarcelar hasta aceptar la pena de muerte. Ellos entienden la justicia de otra forma.

>> Sigue...


"Nos preocupa que el dolor y la indignación se traduzcan en actos violentos", obispos de México

11.11.14 | 20:24. Archivado en Análisis y Opinión

La 98 asamblea de la Conferencia del Episcopado Mexicano inicia con un pronunciamiento que muestra la indignación del Consejo de la CEM y exige el fin de las prácticas que lesionan nuestro país. El llamado «enérgico» queda en la demanda que se suma a la de todos para poner fin a la corrupción y llamar a los actores políticos a cumplir con su tarea. El pronunciamiento destaca las tareas de justicia y paz hechas en la Provincia de Acapulco y el acompañamiento espiritual de las familias de los desaparecidos. Concluye con la necesidad de recoger los elementos más positivos que existen en nuestro país. La reunión de obispos apenas comienza y ojala esto sea un primer paso para ascender hacia los signos proféticos, de consuelo y esperanza porque todos estamos indignados, todos alzamos la voz en enérgico llamado y todos demandamos la paz. ¿El pronunciamiento hace las cosas distintas demostrando la calidad de la Iglesia como genuina Madre y Maestra? A mi juicio es un paso y aun insuficiente que queda en la palestra de los medios. Como dije, es el segundo día Asamblea y al final esperemos «la sacudida colectiva». Pidamos sinceramente por nuestros obispos para que, en la misión encomendada, sean testigos, verdaderos profetas y pastores que enseñen que la Iglesia es recinto de justicia y paz.

Destaca del pronunciamiento:
«La Iglesia, por su parte, seguirá adelante en este esfuerzo, como lo viene haciendo desde hace tres años la Provincia de Acapulco, que está desarrollando un proyecto de construcción de paz, mediante 15 centros de escucha y atención espiritual, psicosocial, pastoral y jurídica para víctimas de la violencia, ubicados en Acapulco y sus alrededores. Además, se está atendiendo a las familias de los estudiantes desaparecidos que viven en la Costa Chica, en Ayutla (11 familias) y en la Costa Grande, en Atoyac (4 familias), celebrando con ellos la Eucaristía...»

¡Basta ya de tanta corrupción, impunidad y violencia!

Del 10 al 14 de noviembre, los obispos de México nos reunimos en nuestra 98 Asamblea Plenaria, para escuchar a Dios que nos habla a través de su Palabra y de los acontecimientos que estamos viviendo, a fin de ofrecer al pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, las orientaciones que brotan del Evangelio.

El tema central de la Asamblea está destinado reflexionar en un reto actual: "Encuentro, testimonio y diálogo en el Continente Digital; hacia una cultura del encuentro", con la ayuda del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales que preside Mons. Claudio María Celli, el Departamento de Comunicación y Prensa del CELAM, y de otros expertos.

Los obispos llegamos a esta Asamblea con una gran preocupación por la difícil situación que padecemos los mexicanos y mexicanas, a causa de diversas formas de injusticia, inequidad, indiferencia, inseguridad, miseria, corrupción, impunidad, violencia y muerte, como ha quedado evidenciado en los terribles sucesos de Ayotzinapa.

Sufrimos la zozobra de no saber qué ha sido de los 43 normalistas desaparecidos. A sus padres, hermanos, familiares y compañeros, les reiteramos, una vez más, nuestra cercanía y solidaridad. Estamos pidiendo a Dios que les de fortaleza y que pronto quede esclarecido el paradero de sus hijos, hermanos y compañeros.

Frente a estos lamentables hechos, y ante los crímenes sucedidos en Tlatlaya y el espeluznante descubrimiento de fosas clandestinas, unimos nuestra voz a la del pueblo de México, del cual formamos parte, para gritar: ¡Basta ya de tanta corrupción, impunidad y violencia!

Enérgicamente pedimos a las autoridades llevar la investigación hasta sus últimas consecuencias para que se conozca con certeza lo que ha sido de los desaparecidos, se sancione con todo el peso de la ley a los autores intelectuales y materiales, y se haga valer el estado de derecho para poner fin a toda forma de violencia, actividad ilícita, corrupción, impunidad, nexos y complicidad de algunas autoridades con el crimen organizado.

A las fuerzas políticas y a la sociedad les exhortamos, una vez más, a no lucrar con esta desgracia, y a contribuir con responsabilidad a la creación de un México en el que la vida, dignidad y derechos de todas las personas sean plenamente reconocidos, respetados, promovidos y defendidos.

Nos preocupa que el dolor y la indignación se traduzcan en actos violentos, que, lejos de acercar el momento en que haya justicia para todos, provocan más violencia e injusticia para miles de inocentes, dañando la convivencia pacífica y retrasando el progreso. Por eso, invitamos a todos a unirnos en la diversidad y participar en la búsqueda de soluciones de fondo con diálogo, creatividad, solidaridad y respeto a las leyes y a todos los ciudadanos.

La Iglesia, por su parte, seguirá adelante en este esfuerzo, como lo viene haciendo desde hace tres años la Provincia de Acapulco, que está desarrollando un proyecto de construcción de paz, mediante 15 centros de escucha y atención espiritual, psicosocial, pastoral y jurídica para víctimas de la violencia, ubicados en Acapulco y sus alrededores. Además, se está atendiendo a las familias de los estudiantes desaparecidos que viven en la Costa Chica, en Ayutla (11 familias) y en la Costa Grande, en Atoyac (4 familias), celebrando con ellos la Eucaristía y brindándoles acompañamiento personal.

En nuestra Asamblea, además de orar por México, queremos descubrir con la ayuda de Dios los muchos signos positivos que hay en nuestra patria, sobre todo en la bondad y grandes capacidades de la mayoría de los mexicanos, para contribuir a la construcción de un México próspero y en paz.


La 98 Asamblea del Episcopado Mexicano. Necesitamos signos proféticos.

10.11.14 | 07:55. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

Guillermo Gazanini Espinoza / CACM. 10 de noviembre.- Hace un año, justo antes del comienzo de la 96 Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, teníamos noticia de la situación de Apatzingán y de la carta del obispo de la diócesis, Mons. Miguel Patiño Velázquez. En esa ocasión, la denuncia de la situación de Michoacán generó una respuesta, en octubre, del Consejo de la Presidencia de la CEM para apoyar al prelado de esa diócesis con la exigencia que parece de hechura común en los comunicados de prensa de la CEM: “Solicitamos a las autoridades federales, estatales y municipales una acción pronta y eficaz ante la injusticia de los levantones, secuestros, asesinatos y cobro de cuotas que afectan al bien y la prosperidad de tantas personas y comunidades, y les pedimos estrategias para favorecer la calidad de vida de los ciudadanos y su desarrollo integral”.

El 10 de noviembre de 2013, el Secretario de Gobernación y la Subsecretaria de Población, Migración y Asuntos Religiosos, en representación del Gobierno de México, se encontraron con el Consejo de la Presidencia de la CEM. Según la información, “el Secretario de Gobernación explicó las estrategias que se están siguiendo a fin de garantizar la seguridad de los mexicanos. Los obispos manifestaron sus preocupaciones por el bienestar de todas las personas y reiteraron su disposición a colaborar con las autoridades para favorecer un clima de paz, en total respeto al Estado de derecho”. Esa ocasión fue aplaudida ya que, según se dijo, habría una colaboración especial con el gobierno federal para que, en conjunto con las diócesis, se dieran pasos firmes en la seguridad. El Secretario presentó los lineamientos de la Estrategia Nacional de Seguridad y reafirmó un compromiso para “abrir canales” con la Iglesia a fin de que los Obispos “pudieran hacer denuncias” y ayudar a los fieles de las diócesis particularmente azotadas por la violencia, se decía de Michoacán y Guerrero.

Después de la semana de reuniones de la 96 Asamblea donde se examinaron los efectos de la secularización, el mensaje final de siete párrafos dado a conocer el 14 de noviembre, expresó esencialmente: “Ante todo, hacemos nuestro el intenso dolor y el atroz sufrimiento que, a lo largo y ancho del país, experimentan muchas personas, familias y migrantes que son víctimas de la violencia, de las extorsiones, de la injusticia, de la corrupción, de la impunidad, del desempleo y la pobreza y, últimamente, de los desastres naturales. No solo durante esta semana, sino a toda hora, queremos vivir cerca de ustedes y con ustedes estas experiencias tan amargas, que parecen multiplicarse cada vez más. Les decimos, por tanto, que nuestra oración, la predicación de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y todo nuestro trabajo pastoral tienen como único objetivo hacer el bien y seguir comprometidos con los mejores anhelos de su corazón. El tesoro y la piedra preciosa que ofrecemos es el amor y la salvación que nos entrega Jesucristo”.

>> Sigue...


¿Por qué estamos fallando?

07.11.14 | 06:54. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

Guillermo Gazanini Espinoza / 06 de noviembre.- Todos queremos la paz, pero no todos la buscan. Y es que los hechos de violencia y muerte dejan el pensamiento lamentable de que, contra el estado de derecho, impunidad, injusticia y corrupción hacen más fuertes a quienes viven empecinados en destruir a México, sin el mínimo resentimiento por privar de la vida a jóvenes, de la libertad a inocentes o conquistar el poder a base de transas y engaños. Parece lícito y loable regodearse en la violencia aceptándose como forma indiscutible para hacer justicia; que la característica de la democracia es la política arraigada en alianzas para gobernar con apoyo de las estructuras conformadas fuera de la ley sometiendo poblaciones enteras, poniéndolas de rodillas ante el poder corrupto cuyo brazo fuerte son los demenciales grupos delincuenciales que desprecian la vida y dignidad de las personas.

Las fosas clandestinas, la desaparición de estudiantes, la corrupción de autoridades, la colusión con el crimen, el desamparo de la sociedad, el imperio del mal, no fueron cosas nacidas en poco tiempo. Pasaron décadas para darnos cuenta y preguntarnos qué fue lo que pasó, cómo el país cayó en esta descomposición, por qué la aceptamos y dejamos crecer al amparo de la indiferencia social. En el pasado, el gobierno autoritario creyó controlar los problemas a punta de represión, despotismo y crímenes fraguados desde las entrañas del poder para manipular todos los ámbitos públicos y sociales, era un estilo de vida, la idiosincrasia mexicana de la política monolítica e incuestionable, opaca y corrupta; sin embargo, nuestra aún vulnerable democracia apostó por la construcción de la gobernabilidad donde el binomio autoridad-sociedad permiten un diálogo transparente hacedor de eficiencia en aras del bien común y orden público. No obstante, las prácticas políticas putrefactas están arraigadas gozando de inimaginables privilegios sumiendo a México en la fatalidad. El examen requiere de una profunda revisión para reconocer las causas del por qué estamos fallando y cómo los responsables se ocuparon de todo, menos del bienestar social.

>> Sigue...


Por Ayotzinapa, examen nacional

06.11.14 | 16:11. Archivado en Iglesia católica en México

Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas / SIAME. 06 de noviembre.- La desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, en el Estado mexicano de Guerrero, así como su posible ejecución, han removido la conciencia nacional. ¿Qué pasa en nuestro país? ¿Cuáles son las causas de estos vergonzosos hechos, que lamentablemente no son únicos? Se han encontrado fosas clandestinas con muchos cadáveres de desconocidos, de quienes no había noticia. Hace años, en San Fernando, Tamaulipas, hicieron algo parecido con migrantes centroamericanos. Esto significa que Ayotzinapa no es un caso aislado. Por la despiadada guerra entre cárteles de la droga, hay asesinatos de toda índole, con un sadismo inaudito. A algunos les cortan la cabeza y la exhiben públicamente. Eso es inhumano, aberrante, señal de una descomposición de las personas y de la sociedad. No valen principios ni sentimientos humanos y cristianos. Y muchos de los autores se declaran creyentes…

Los familiares de los desaparecidos merecen todo nuestro apoyo, pues su dolor en inmenso. Las investigaciones han de aclarar la responsabilidad de autoridades locales y estatales, de la policía y de los grupos criminales. Los verdaderamente culpables han de ser sujetos a los rigores de la ley, para que no sigan en la impunidad. Sin embargo, todos hemos de preguntarnos por qué estamos llegando a estos niveles de maldad, de violencia, de criminalidad. Incluso las legítimas manifestaciones sociales de reclamo por que aparezcan vivos los secuestrados, han degenerado en saqueos y pintas por todos lados, destruyendo cuanto pueden a su paso. ¿Qué significan estos hechos de agresividad social?

Hay jóvenes, casi adolescentes, que son contratados para robar, matar, trasladar drogas y generar desorden. Algunos declaran que no conocieron a su padre, que éste era alcohólico, que les maltrataba, que en su hogar no había armonía. Huyeron de su casa, se dedicaron a lo que fuere y se dejaron encadenar por las redes criminales, con tal de ganar dinero. Si la familia está mal, ¿qué se puede esperar? Sin educación en valores, sin amor y sin disciplina, no hay cimientos sólidos para una buena sociedad. La pobreza y la corrupción están en la raíz de muchos crímenes, pero más de fondo es la falta de educación humana y cristiana, que empieza en la familia. Como Iglesia, también hemos de preguntarnos hasta qué punto nuestra escasa evangelización está también en la raíz de esta ambiente violento e inseguro.

PENSAR

Los obispos mexicanos, en nuestro documento “Educar para una nueva sociedad”, decimos:

“Es básico que cada familia tenga conciencia de su vocación como co­munidad educativa, como espacio esencial e imprescindible, sujeto activo, lugar privilegiado y pilar de toda educación humana y cristiana.

La familia, como célula originaria de la sociedad, es la instancia primordial donde se genera y va madurando una verdadera educación, donde los hijos asi­milan los valores humanos y cristianos, donde se vive y practica la solidaridad entre las generaciones, el respeto mutuo, el perdón y la aceptación del otro, el amor a la propia vida y a Dios.

Uno de los bienes más preciosos es la presencia de los padres que com­parten el camino de la vida con los hijos, transmiten sus experiencias y la sabidu­ría adquirida con los años. Sólo se puede comunicar una cultura pasando juntos el tiempo y exhortando con un ejemplo convincente. La ausencia del padre puede tener graves consecuencias. Así mismo, es insustituible la ternura y fortaleza de la madre. La familia, la escuela, la parroquia deben buscar hacer sinergia para apo­yarse en la tarea educativa de las nuevas generaciones” (No. 64).

ACTUAR

Para no quedarnos en lamentos y culpar a los demás, todos hemos de hacer un examen de conciencia y analizar, con humildad y verdad, qué tanta responsabilidad tenemos en esta descomposición que estamos viviendo. ¿Cómo están nuestras familias? ¿Qué modelos de familia se presentan en las telenovelas, con enorme influencia en la formación o deformación de las conciencias? ¿Qué podemos hacer, desde una evangelización más cristocéntrica y con más dimensión social?


"¡Exigimos la atención del Gobierno a esta otra realidad del Estado de Guerrero!", diócesis de Ciudad Altamirano

05.11.14 | 00:29. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

Pastoral de la Comunicación, Diócesis de Ciudad Altamirano, Guerrero / 05 de noviembre.- El martes 28 de octubre del presente año, los representantes de las diferentes familias del poblado de Lindavista, del municipio de San Miguel Totolapan en el Estado de Guerrero, en coordinación con las autoridades municipales, se reunieron en la comisaría municipal para tratar los problemas de inseguridad que han estado viviendo y llegaron a los siguientes acuerdos:

- Protegerse como comunidad utilizando los recursos que tienen al alcance de su mano como son armas de bajo calibre, machetes, arma blanca, palos, etc.

- No permitir que ningún grupo genere violencia o sea una amenaza para la armonía y paz social de la comunidad.

- Libertad para trabajar en todos los giros comerciales generadores de empleo y recursos económicos lícitos, campesinos, y prestadores de servicios: educativo, salud, religión, transporte,…

- Invitar a los pueblos vecinos a unirse en la lucha de la paz social para la región de la parte alta del municipio y gestionar ante los tres niveles de gobierno: obras de impacto social y proyectos educativos, así como los diferentes programas de gobierno.

- Solicitud a las autoridades municipales, estatales y federales una atención muy especial ya que se encuentran en la marginación y el olvido.

Estos acuerdos se plasmaron en un acta que firmaron los Comisarios Municipales de Lindavista.

Me ha tocado como párroco en Coronilla, Gro., vivir entre esta gente sencilla, trabajadora, pacífica y honrada.

Al sentirse marginados y en el olvido, siendo víctimas de la inseguridad y otro tipo de abusos han colmado su paciencia y en un gesto de valentía ven como salida tomar las armas.

Veo con gran preocupación que los niños y jóvenes de Lindavista se vean involucrados en tomar las armas al igual que sus papás.

Tanto nuestro Obispo, Monseñor Maximino Martínez Miranda, los sacerdotes y diáconos, apoyados por religiosas y agentes laicos de pastoral, hemos buscado sembrar los valores humanos, tales como: la dignidad de personas, el respeto de unos por otros, el perdón y la reconciliación.

Las personas de las comunidades de la sierra de Guerrero son gente muy valiosa que está en contra de la violencia, que han aprendido amar al prójimo, pero que se ven cada día más lastimados, golpeados por la pobreza, donde no tiene fuentes de trabajo. En una temporada se les invitó a sembrar árboles frutales o vivir de la posible artesanía que se pueda realizar con la naturaleza.

Se ven frustrados sus esfuerzos, porque no tienen forma de sacar sus productos al mercado, ya que el transporte es demasiado caro. Por ejemplo, si llevan 10 cajas de manzana o peras u otro producto, el servicio pasajero les cobra hasta 150.00 pesos por caja, así que cuando llegan al mercado no sacan ni lo que invirtieron por cosechar, porque les pagan a $ 70.00 pesos por caja, ¿dónde queda la ganancia?

Así como éstos detalles viven estas personas. ¿Qué se puede hacer?

Hacemos un llamado como Iglesia Católica al Gobierno Municipal, Estatal y Federal, a que se atienda a estas comunidades, a considerar las demandas sociales, donde buscan, mediante la educación, salir adelante, superándose en todos los sentidos, buscan paz y progreso para sus familias. Necesitan atención, servicios, oportunidades de vida y de educación. Los maestros van dos o tres días por semana… ¿Cuándo se va a llevar a cabo el programa académico?.... entre las muchas cosas, que se viven.

Nuestra Diócesis de Ciudad Altamirano tiene años sufriendo las injusticias, los levantones, los secuestros, los asesinatos, el cobro de cuotas y familias enteras que han tenido que emigrar por el miedo y la inseguridad que se está viviendo. El Obispo, algunos sacerdotes y seminaristas han sido víctimas del robo, secuestro y extorsión.

Hacemos también un llamado a las autoridades para aclarar los hechos de los sacerdotes y laicos que han sido víctimas de la violencia: de la muerte del padre Habacuc Hernández Benítez y los dos jóvenes preseminaristas que le acompañaban; del atentado al padre José Damián Hernández Veloz y la muerte de su chofer; de la muerte del padre Joel Román Salazar despeñado en su vehículo con premeditación, alevosía y ventaja; y recientemente el asesinato del padre Ascensión Acuña Osorio de la parroquia de San Miguel Totolapan (22 de septiembre 2014).
Hoy nos lastima la forma que van tomando las cosas, en un afán, de hacer oír sus voces y que sean escuchados por quienes prometieron servir al país, con honestidad, cariño y verdadera entrega por los más desprotegidos.
Nos solidarizamos con las comunidades de nuestra Diócesis de Ciudad Altamirano para exigir a las autoridades civiles que hagan el esfuerzo necesario para vivir en paz y con respeto a la vida. Queremos invitar a nuestro pueblo a unirse, a ser Iglesia comunión y ser solidarios unos con otros. ¡Exigimos la atención del Gobierno a esta otra realidad del Estado de Guerrero!

>> Sigue...


Mensaje de los obispos de la Provincia de Acapulco a los familiares de los estudiantes de Ayotzinapa

04.11.14 | 21:32. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

A los familiares de los que perdieron la vida y los desaparecidos de Ayotzinapa.

Queridos papás y miembros de la familia:

Unidos a su dolor y sufrimiento les saludamos y nos dirigimos a ustedes para hacerles llegar nuestro consuelo y esperanza y los sentimientos de cercanía y de solidaridad, en este momento de tanto dolor y sufrimiento por la desaparición o muerte de su hijo el día 26 de septiembre en la ciudad de Iguala. Este hecho nos ha conmovido a nosotros al igual que a gran parte de los mexicanos y queremos que sepan que hemos hecho oración por ustedes y que sentimos la necesidad de ofrecerles nuestro consuelo, conscientes que no podemos permanecer lejanos a ustedes.

El dolor y sufrimiento que experimentan encontrará consuelo y podrá transformarse en esperanza e ilusión de vida, recordando a la Virgen María, madre de Jesús que también tuvo que llevar un gran dolor en su corazón cuando su hijo fue torturado y ajusticiado en la Cruz. Ella pudo soportar tanto dolor porque su confianza en Dios era tan firme y tan viva que reconocía que su mano le acompañaba y le hacía sentirse fortalecida y consolada. Este es un tiempo para fortalecer la fe y la confianza en Dios, Padre bueno que se acerca a sus hijos más atribulados. Nosotros queremos ofrecerles nuestra cercanía y nuestra ayuda para que puedan superar el dolor que no se puede expresar con palabras, por medio de la fe y del amor de los hermanos. Les hemos pedido a las parroquias donde ustedes viven que caminen junto a ustedes con tiempos de oración y de escucha de la Palabra de Dios, que les escuchen a ustedes y les proporcionen la ayuda que necesiten para seguir consolándose y llenándose de esperanza.

Así mismo, queremos animarlos a seguir mirando hacia adelante y no quedarse con el dolor atorado en su alma. Hay que seguir caminando porque Dios siempre tiene cosas buenas para sus hijos que se confían en sus manos. No dejen que les arrebaten la esperanza que todos los seres humanos necesitamos para superar nuestros sufrimientos. La esperanza empuja a seguir luchando, a seguir viviendo con dignidad, a seguir trabajando por un mundo mejor.

Como obispos de la Iglesia católica, queremos estar atentos a sus necesidades así como a la de las miles de familias que en los últimos años han sufrido cosas semejantes a las que ustedes han sufrido como secuestros, extorsiones, desplazamientos forzados y muertes de sus miembros. Hacemos el compromiso de acompañarles en la fe para que puedan experimentar consuelo y esperanza y para que puedan perdonar y sanarse de las heridas y el enojo que haya brotado en su corazón por los hechos violentos que les han perjudicado, desde la Iglesia católica queremos hacer nuestra la suerte de todas las víctimas de la violencia y haremos nuestros esfuerzos para que en Guerrero y en el país entero, caminemos hacia la paz. Para ello, es necesario que cada familia se convierta en un lugar acogedor y amoroso, donde abunde el cariño y la comprensión, donde los hijos y las hijas vayan aprendiendo a respetar y a servir a los demás.

Recordando las palabras de Jesús nuestro Señor, quien dijo: “Vengan a mí todos ustedes los que están cansados y agobiados y yo les daré alivio, porque mi tugo es suave y mi carga es ligera” (Mateo 11, 28), les decimos que en El podrán hacer más llevadero su dolor y podrán experimentar la paz que tanto necesitan en sus corazones y en sus familias.

Los bendecimos y les aseguramos que nos mantendremos en oración por ustedes.

+Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco.
+Alejo Zavala Castro, Obispo de Chilpancingo-Chilapa.
+Dagoberto Sosa Arriaga, Obispo de Tlapa.
+Maximino Martínez Miranda, Obispo de Ciudad Altamirano


Fracaso de los partidos políticos

03.11.14 | 21:50. Archivado en Análisis y Opinión

Todos los partidos políticos necesitan sacudirse sus ambiciones voraces e inmorales, realizar una revisión a fondo de sus idearios y de sus prácticas de gobierno

Editorial Desde la Fe / 03 de noviembre.- La preocupante situación por la que atraviesa el país se debe a una profunda crisis provocada por la desigualdad social, la corrupción, la muy deficiente educación y la ausencia los valores. La situación económica nos hace ser una sociedad disfuncional, ya que mientras que un pequeño porcentaje de la población puede darse una vida de primer mundo, más del 50 por ciento de los mexicanos vive en los límites de la pobreza, con recursos de supervivencia, y una buena parte en la miseria extrema.

Si tomamos en cuenta que los partidos políticos tienen como única finalidad proponer programas para solucionar los problemas sociales y postular candidatos para acceder al ejercicio de gobierno y lograr los cambios necesarios, debemos decir que en México han fracasado todos los partidos políticos, porque no han buscado en el ejercicio de gobierno el bien de la sociedad, sino beneficios personales y de grupo a través de una insultante corrupción. No es gratuito el desprestigio que han alcanzado en la opinión pública porque una buena parte de la clase política ha traicionado a la ciudadanía, haciendo de sus campañas pura demagogia, y de sus responsabilidades de gobierno una mera frivolidad, cuidando más de su imagen que del bienestar social.

En este escenario han quedado al descubierto los partidos de la falsa izquierda mexicana, que deberían ser los primeros en estar comprometidos con las clases más desfavorecidas y que, sin embargo, son los que más daño le han hecho al país. Baste recordar la administración capitalina pasada, la más corrupta que haya sufrido la capital, y que en lugar de desarrollar políticas públicas para una superación económica y cultural de los más pobres –en coherencia con sus postulados ideológicos–, se dedicó a promover leyes inmorales contra la vida y la familia, presumiendo con ello de ser gobernantes modernos y de vanguardia. A estos gobernantes les preocupaba más promover el uso de la bicicleta en una ciudad caótica, que solucionar el problema de seguridad y recuperar la dignidad en cientos de barrios olvidados y deprimidos de nuestra ciudad, que se han convertido en rehenes de una delincuencia que a la actual administración –también de izquierda–, le da miedo llamar por su nombre, cuando se trata de verdadera delincuencia organizada.

Son los gobiernos estatales de esta falsa izquierda los que han entregado los peores resultados, ahí tenemos sus víctimas: Michoacán, Zacatecas, y ahora Guerrero y Morelos, territorios donde la izquierda corrupta, haciendo a un lado sus compromisos sociales, se ha distinguido por la total ineficiencia y, lo más grave, por sus alianzas con grupos criminales, sea por impotencia o por conveniencia.

Todos los partidos políticos necesitan sacudirse sus ambiciones voraces e inmorales, realizar una revisión a fondo de sus idearios y de sus prácticas de gobierno; todos los partidos necesitan un protocolo de confianza para elegir candidatos honestos y convencidos de su vocación como servidores públicos. Hace falta una verdadera campaña al interior de los partidos para recuperar los principios éticos y los compromisos morales. Hace falta dignificar a la política, que hoy por hoy, parece no tener remedio ni redención.

Lo sucedido en el estado de Guerrero ha dejado al descubierto a todos y ha puesto a prueba al sistema mismo: la sociedad mexicana, comenzando por los partidos políticos, está obligada a recorrer el camino de la legalidad y honestidad. Si no lo hacemos pronto será tarde.


Miércoles, 26 de noviembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

November 2014
M T W T F S S
<<  <   >  >>
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Sindicación