El surco de Javier López

Nuevo mundo laboral

11.02.12 | 20:35. Archivado en España

Situarse ante el problema laboral con una mirada amplia carente de prejuicios es complejo. Una cierta cultura de la izquierda ha calado hasta los tuétanos de nuestra conciencia colectiva de manera que todos hemos acabado por interiorizar que:

El mundo del trabajo es de izquierdas.

El mundo empresarial es de derechas.

Falso de toda falsedad, comenzando porque este esquema niega la condición de trabajador al emprendedor que inicia un proyecto a partir de una idea creadora, es decir, el germen de una empresa. Confunde este esquema interesado de esa cierta izquierda al empresario que ha creado algo, dejándose en el intento salud, bienestar y ahorros, con el capitalista propiamente dicho que pone un dinero para conseguir una rentabilidad sin más. Confusión interesada que se ha trasladado inevitablemente a un universo laboral mal proyectado en sus estructuras sindicales que ahora se muestran desfasadas, incapaces, ideologizadas hasta el absurdo o la ofensa, o si no ¿cómo se explica que para saber que opinaban los lideres de las centrales sindicales mayoritarias de la quiebra de Spanair hubiera que acudir a una manifestación progarzón/promemoria histórica? Allí es donde se encontraban aquel día Toxo y Méndez. ¿Es ese el lugar de los sindicatos?.

Aquí en España, con más del ochenta por ciento de nuestro tejido productivo formado de PYMES y autónomos, la mayoría de los empresarios son currantes. Tan claro como el agua. Porque currante es el que se levanta a las siete de la mañana para entregar buena parte de su vida al trabajo.

Enfocar el asunto laboral de una forma correcta es lo fundamental, y un cambio en el marco laboral será bueno si:

Si acaba con la dualidad de los trabajadores superprotegidos/superfijos y los trabajadores eternamente en precario que encadenan contrato temporal tras contrato temporal hasta más allá de los cuarenta.

Si sitúa las relaciones laborales en el marco de cada empresa. La empresa es un mundo absolutamente real, cercano, comprensible y hasta previsible, carente de ideología. Y aquí es donde se cuestiona inevitablemente el papel de unos sindicatos burocratizados, absolutamente ideologizados, más preocupados en acudir en socorro del Juez Garzón que en posicionarse ante la nueva realidad. Es cierto que los convenios colectivos sectoriales o territoriales han sido un instrumento de protección contra abusos previsibles hacia los trabajadores, pero debemos ir a otra cosa sin volver al siglo XIX. Centrarse en la empresa puede ser la opción para que otro tipo de sindicatos se abran camino. Hay que terminar con el monopolio de la representación que ostentan unos sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) sin apenas afiliados para que puedan surgir otros centrados en lo real.

Si hace una clara distinción entre la realidad de las PYMES, que pueden llegar a la quiebra por el coste de prescindir de algún trabajador, y lo que ocurre en las grandes empresas que a veces despiden teniendo beneficios, por tanto, no para evitar perdidas, sino para mantener en “niveles aceptables” los beneficios y las remuneraciones de sus consejeros.

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