ETA ni entrega las armas ni entrega las cartas.
Me alegro, sí, del cese de la violencia de los etarras. Atrás dejan una espiral de odio, dolor, familias machacadas, seres humanos destrozados, vidas truncadas que dejaron de ser una posibilidad de plenitud el día en que uno de estos desalmados apretó el gatillo sobre la nuca de un concejal, o de un guardia civil, o de un pobre hombre equivocado que pasaba por ahí.
¿ETA se va?. Permanece el odio en el País Vasco. El corazón vasco envenenado por las hieles del nacionalismo étnico mas radical de los que existen hoy en Europa. Ese odio se meterá ahora en las instituciones, y seguirá queriendo destruir España como espacio para la convivencia y la libertad.
ETA no se va del todo. Pero sí: es un alivio para todos que estrategicamente no les interese matar a los etarras. Alegría pero con cautela.
Sábado, 2 de junio
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel